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República Dominicana: cuestión de prioridades

Basta un paseo en barca por los alrededores de Santo Domingo para que se nos venga abajo buena parte del estereotipo turístico de la República Dominicana... ¿Debe ser endémica la desigualdad en este país? ¿Qué pasaría si el Gobierno diera prioridad, de verdad y con eficacia, a una vivienda digna?

Desarrollo y desigualdad son una realidad y una paradoja para millones de personas en República Dominicana. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Desarrollo y desigualdad son una realidad y una paradoja para millones de personas en República Dominicana. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

De ese paseo en barca recuerdo lo difícil que me resultaba mover el remo en un río repleto de desechos, de basura. Nada tenían que ver esas aguas con las cristalinas de Punta Cana que te muestran las agencias de viajes. Nada tenía que ver la imagen de los hoteles 'todo incluído' con lo que veía a la ribera de ese río: casas construidas con chapas, con restos de bidones, con cartones... Pero es que el propósito de mi viaje nada tenía que ver con el de un viaje de vacaciones.

He visitado países en los que la pobreza y desigualdad están presentes. La diferencia con este viaje es que cuando hablaba con amigos y familiares que iría a República Dominicana, rara es la persona que no me dijo: ¡qué suerte!

Y precisamente suerte es lo que no tienen las familias que viven en casas construidas con chapas de bidones de aceite. A cada crecida del río ven como lo poco que tienen desaparece. Llevan décadas viviendo en lo que se conoce como 'albergues', cuya finalidad era acoger temporalmente a las familias damnificadas por huracanes y tormentas tropicales y que se han quedado como única vivienda. El Gobierno se sigue olvidando año tras año.  

Es cuestión de justicia y no de suerte el esperar que el Gobierno Dominicano tome medidas para solucionar este problema. Muchas personas de la sociedad dominicana se han propuesto activamente acabar con esta situación que afecta a un número tan importante de personas. Colaborar con ellas era el objetivo de mi viaje, y a mi regreso no hablo de impresionantes playas: hablo de la cantidad de personas que carecen de una vivienda digna. Y de todo lo que este hecho implica para ellas.

Es impresionante saber que el 71% de la población de República Dominicana no tiene una vivienda que reúna las condiciones básicas para vivir.  Sorprende que una cifra tan brutal no estremezca a quienes toman las decisiones en el país y los lleve a buscar soluciones eficaces. Por suerte, en la sociedad dominicana hay muchas organizaciones y personas que han decidido salir a la calle, hacer propuestas y exigir que el Gobierno tome medidas para resolver este problema que afecta a la mayoría de la gente en el país.

Remando por el río Ozama me preguntaba: ¿Pero qué hace el Gobierno de la República Dominicana? Me explican que declararon 2016 como el Año de la Vivienda, y que hay programas para facilitar la compra de vivienda a los que no son los más vulnerables. Parece que poco más. Ninguna de esas medidas se nota en el día a día del 71% más vulnerable de la población.

El equipo de investigación y de campañas de Oxfam, en el país y en la región, ha analizado el gasto público. Han descubierto que las partidas que se destinan a publicidad, representación, entidades duplicadas y, por supuesto cómo no, la corrupción, suponen un 2’2% del PIB anual. Me resulta escandaloso.

Mis compañeros investigadores explican con todo detalle que ese porcentaje que hoy se malgasta supondría una cifra cuantiosa que podría destinarse a solventar problemas graves que sufre la población dominicana. Solo en el año 2017 ascienden a más de RD$ 80.000 millones y solo en publicidad y propaganda el gobierno se gasta en el año 2017 tres veces más que en el presupuesto que se aprobó destinar a vivienda.

Todo esto está ocurriendo en un país que durante las dos últimas décadas se ha establecido como una de las economías de más rápido crecimiento en América Latina y el Caribe. Pero la inmensa mayoría de la población dominicana queda excluida de los frutos de este desarrollo. La inversión social en 2016 apenas ascendió al 8,3 % del PIB, mientras que en otros países de América Latina supera el 16%.

Para cualquier persona sensible en este país, es evidente que las cosas pueden cambiar, que es posible y necesario dar un giro a esta mala gestión del dinero público. Los datos muestran claramente que de ese 2% de PIB anual malgastado, se podría destinar un 1% a vivienda.  Si se hiciera de manera continuada durante 10 años el problema de vivienda se resolvería. Imagino a esas 7 de cada 10 personas dominicanas que podrían abrir el grifo y tener agua, dar un botón y tener luz… Son 6 millones de personas cuyas vidas cambiarían radicalmente.

El mensaje al Gobierno dominicano está claro: Cambiemos las prioridades. Y es posible participar en ella enviándole una postal turística al Presidente de la República Dominicana, Danilo Medina,  para que dentro de no mucho tiempo, remar en el río Osama sea una buena experiencia no para las turistas, sino para los habitantes de sus orillas.

La campaña Cambiemos las prioridades es una propuesta conjunta de Oxfam y la organización Casa Ya. Se puede obtener más información siguiendo la etiqueta #cambiemosprioridades en redes sociales.

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