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¿Ustedes podrían parar la guerra un momento?

¿Sabías que España va a cumplir su primer año de mandato en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas? ¿Sabías que hace un año la cifra de personas desplazadas en el mundo era de 51,2 millones y hoy asciende a 60 millones? ¡En solo un año! ¿Y sabías que España tiene la responsabilidad de proteger a estos millones de personas?

Sadia B. 40 años. Tiene 4 hijos. Cuando la milicia Seleka entró en Bria provocó matanzas y persecuciones, saquearon y quemaron viviendas. Miles de personas tuvieron que huir.

Sadia B. 40 años. Tiene 4 hijos. Cuando la milicia Seleka entró en Bria provocó matanzas y persecuciones, saquearon y quemaron viviendas. Miles de personas tuvieron que huir. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón 2015

El contexto internacional se encuentra en una estado de tremenda fragilidad con conflictos efervescentes que se suman a una larga lista de enquistados, crisis humanitarias que se alargan tanto en el tiempo hasta parecer “lo normal”, una cifra de desplazamiento sin precedentes agravado por un fenómeno del Niño cada vez más caprichoso que amenaza con complicarlo todo.

Frente a esta situación, España cumple un año desde que inició su mandato como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, órgano encargado de garantizar la paz y la seguridad mundial. Un club selecto de países del mundo encargados de proteger a los más vulnerables. Un club de quince miembros, de los cuales diez de ellos van variando cada dos años y los cinco restantes se mantienen desde siempre. Cinco miembros permanentes con cinco vetos como cinco soles que permiten bloquear cualquier resolución que no sea de su gusto.

A pesar de este derecho injusto, anticuado y desproporcionado, España, Estado miembro sin este privilegio, debe y puede trabajar por llevar lo más lejos que se le permita soluciones a crisis tan concretas como la de Siria (y su consecuente crisis de desplazamiento) y la del Territorio Palestino Ocupado donde España puede jugar un papel muy importante. Así como promover la agenda de Mujer, Paz y Seguridad para proteger a mujeres y niñas durante y después de los conflictos y fomentar el control de la transferencia de armas ligeras, fuente principal que los alimenta.

La lenta reacción del Consejo de Seguridad, y de España como miembro, ha provocado el fracaso más estrepitoso a la hora de dar respuestas sostenibles y eficaces a estos contextos, como también lo ha hecho en garantizar una estrategia preventiva ante potenciales conflictos que puedan surgir.

La situación a las puertas de Europa no es otra cosa que el resultado de la inacción del Consejo de Seguridad de cumplir con su mandato yendo a las causas que la provoca. Sin embargo, no es ésta la única desgraciada consecuencia de la falta de decisión del Consejo, sino que nos encontramos ante un mundo multipolar en el que se dan muchos (muchísimos) focos de conflicto repartidos por el globo. Algunos ejemplos, como Burundi, República Centroafricana, Yemen o Sudán del Sur, sufren también las consecuencias de esta inactividad política, sumada a un olvido mediático.

Esta realidad convertida en una trágica cotidianeidad para algunas personas fuera de nuestras fronteras, choca frontalmente con una España más centrada en sus rencillas domésticas que en trabajar por poner soluciones a estas crisis.

Ante esta coyuntura, se observa una falta de concreción en los programas electorales sobre el rol que debe jugar España en el mundo, sobre cómo encarar el desafío internacional actual y sin mención alguna a su posición en el Consejo de Seguridad. Por tanto, es urgente que el nuevo Gobierno asuma la responsabilidad y las obligaciones que supone ser miembro de este órgano para convertirse en un actor legítimo y creíble por la comunidad internacional. Para ello, España debe hacer corresponder su acción externa con la interna. Debe ascender a 150 millones de euros los fondos destinados a la acción humanitaria, con un progresivo incremento en los próximos años. Al mismo tiempo que es necesario el aumento de la cuota de personas refugiadas por la vía del reasentamiento (desde terceros países).

Si todo se arreglase haciendo una “llamada al frente” como haría el maestro Miguel Gila con su «¿Es el enemigo? ¿Ustedes podrían parar la guerra un momento?» sería mucho más sencillo. Pero no seamos naif, es bastante más complejo y lo político tiene un peso determinante.

España puede y debe ponerse manos a la obra. Pero tiene que querer .

España debe querer hacer.

Para más información sobre el trabajo de España en el Consejo de Seguridad y lo retos que le quedan por afrontar consulta el informe  'España en el Consejo de Seguridad'.

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