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Algo más que un cubo

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Imagen de la campaña "4 días al día recogiendo agua" de Ongawa.

Imagen de la campaña "4 días al día recogiendo agua" de Ongawa.

Haz la prueba, pregunta a las personas de tu entorno más cercano sobre los objetos imprescindibles para su vida. Muchos dirán que el móvil, la televisión, el coche… Casi ninguno mencionará el tenedor, la cama o el váter -los asociados a las necesidades básicas- y apostaría a que, salvo que preguntes a tu hija o a tu sobrino menor de cinco años, nadie dirá un cubo. Los cubos, esos trozos de plástico que guardamos en los lugares más insospechados –bajo el fregadero, en la ducha, en la terraza,…- con el objetivo de verlos lo menos posible, y de los que sólo nos acordamos cuando tenemos que realizar la tediosa tarea de fregar el suelo de nuestras casas.

Qué diferentes son las cosas cuando vives en un país en desarrollo y eres una de las personas –normalmente una mujer o una niña- que tiene que ir cada día a recoger agua para la familia. Ese objeto de plástico pasa a tener otra categoría cuando eres una de los muchos millones de personas que no tienen garantizado el acceso a una fuente de agua.

El cubo, la garrafa o similar, pasa a convertirse en un objeto vital, en el compañero de horas y horas de camino hasta el punto de agua más cercano. Si eres una mujer de Asia o de África, según Naciones Unidas, caminarás con él o ellos sobre tu cabeza o tus hombros durante una media de 6 km diarios.

En 2013 pude vivir de primera mano esa fuerte dependencia del trozo de plástico que protagoniza este artículo. No fue porque estuviera trabajando en un país del Sur, sino porque, como parte de las acciones de sensibilización de ONGAWA de la campaña "Sin Agua No Hay Nada", durante algunos días dos de mis compañeros y yo vivimos sólo con el agua que recogíamos de fuentes públicas. Uno de esos días olvidé en la oficina mi garrafa y el impacto en mi día a día fue tal que no pude resistir la tentación de escribirle un breve homenaje que llevó por título, como no podía ser de otra manera, “ I love mi garrafa”.

Aunque la experiencia me marcó, tan sólo fue un juego que duró unos cuantos días. Enseguida volví a mi vida de español medio que consume (aunque trato de ahorrar lo máximo posible) alrededor de 150 litros de agua diarios y que obtiene este recurso con tan sólo abrir el grifo. Mientras tanto en zonas de países como Mozambique continúan viviendo –o más bien sobreviviendo- con cerca de 10 litros de agua al día, lo que gastamos en un minuto de una de nuestras duchas.

La crisis mundial del agua es sólo un ejemplo más de la desigualdad que caracteriza a nuestro planeta. Podemos esconder el problema –y acabo como empezaba- como si de un cubo de fregar se tratara, o podemos movilizarnos para transformar el mundo. De cada uno y de todos depende.

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