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El modelo de gestión del nuevo rey del aceite español: hospitales, gimnasios, Fórmula 1 y hamburguesas

El comprador de Deoleo es propietario de los derechos de la Fórmula 1 y de los gimnasios Virgin Active, y en España está presente en los restaurantes Foster’s Hollywood, Cortefiel o idcsalud, que gestiona 20 hospitales

CVC, como firma de capital riesgo, tiene un horizonte de inversión de unos cinco años

Controlará el 29,9% de la firma aceitera tras comprar las participaciones de Bankia y BMN y podría lanzar una opa por el 100%, aunque algunos accionistas podrían rechazar la oferta para mantener la "españolidad" de Deoleo

IULV-CA reclamará en el Parlamento la intervención estatal para garantizar que Deoleo se quede "en manos españolas"

El fondo de capital riesgo CVC no tiene experiencia en el mundo del aceite.

“En todos los riesgos que existen actualmente, también hay oportunidades. Necesitamos todas nuestras habilidades, en términos de creatividad y en términos de equipos locales que, sobre el terreno, entiendan realmente la situación. Esa es la fortaleza de CVC, ese es el ADN de CVC”. Así se presenta la firma de inversión CVC Capital Partners en uno de los vídeos corporativos en los que da a conocer su modelo de gestión. Un modelo que, en breve, comenzará a ser el día a día de Deoleo, el mayor envasador de aceite de oliva de España, dueño de marcas tradicionales como Carbonell o Koipe y de emblemas italianos como Bertolli.

Muchas voces del sector alimentario se siguen preguntando qué ve el capital riesgo en una firma aceitera, donde los márgenes de beneficio no son muy altos y se depende de la evolución de cosechas, que no siempre son lo efectivas que se desearía. Además, la posibilidad de revender Deoleo dentro de unos años por mucho más de lo que hoy cuesta no parece una opción a priori muy factible.

CVC, ni desde sus oficinas en Londres, ni desde su sede en Madrid, ha querido valorar para eldiario.es el porqué de la compra de Deoleo ni, tampoco, cuáles serán los pasos que seguirá la firma de inversión a partir de ahora.

Por ahora, lo único que parece claro es que se ha evitado que Deoleo pase a ser gestionada por el Fondo Strategico Italiano (fondo soberano de Italia) que, gracias a la financiación de Qatar Holding, pretendía regir el destino de Deoleo, previsiblemente, desde tierras transalpinas. Una operación que el aún ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, ha tratado de evitar a capa y espada.

En su lugar, el futuro de la aceitera se decidirá desde un despacho en territorio español pero lo que se perseguirá será la rentabilidad de la firma de inversión. No en vano, en el ADN de CVC, como en el de cualquier firma de capital riesgo, lo que se busca es poder revender el negocio en un plazo de aproximadamente cinco años, de tal manera que sea muy rentable para los inversores del fondo. Y la identidad de estos últimos permanece en el anonimato.

Intereses variopintos

¿Qué tiene en común la Formula 1 con la cadena de moda Cortefiel? ¿Y hospitales como la madrileña Fundación Jiménez Díaz con los gimnasios Virgin Active? En apariencia, muy poco, salvo que todos estos negocios están controlados, en mayor o menor medida, por CVC Capital Partners.

La firma, que cuenta con una docena de oficinas en toda Europa y que también opera en Nueva York y en las principales plazas asiáticas, gestiona actualmente fondos de alrededor de 300 inversores, tanto privados como instituciones públicas, aunque no explica quiénes son estos. En España está presente desde 1996 con un equipo que encabeza Juan Arbide Estensoro, quien también ha trabajado para otras firmas de inversión, como Atlas Capital o Credit Suisse Private Equity.

En conjunto, las inversiones realizadas por CVC en todo el mundo superan los 45.000 millones de euros. Entre ellas, cabe destacar algunas de las realizadas en España, como la compra del negocio sanitario de la firma sueca Capio, rebautizada como idcsalud y que gestiona una veintena de hospitales, entre ellos la Fundación Jiménez Díaz en Madrid, y tiene unos ingresos anuales de 673 millones de euros.

En España, CVC también forma parte, desde 2001, del grupo Zena, propietario de cadenas de restaurantes como Foster’s Hollywood, Cañas y Tapas o La Vaca Argentina y de franquicias de Burger King o Domino’s Pizza. Zena, cuya plantilla ronda los 6.500 empleados, suena en las últimas semanas como una de las posibles desinversiones de CVC para soltar lastre y hacer caja para su entrada en Deoleo. Un portavoz de CVC en Londres también ha rechazado opinar sobre este punto.

Esta operación (de la que se vienen hablando en el mercado desde hace tiempo) puede toparse con las consecuencias de la crisis. Porque si hay sectores que se han visto especialmente afectados por la recesión, esos son los relacionados con el consumo, cuyo valor no es el mismo hoy que hace unos años.

Lo mismo le ha pasado a CVC con el grupo de distribución textil Cortefiel, del que es propietario junto a otras dos firmas de inversión, PAI y Permira. Entraron en la compañía (propietaria de marcas como Springfield o Women'Secret) hace ahora nueve años, tras adquirirla a la familia Hinojosa. Un plazo de permanencia bastante largo para los estándares del capital riesgo y en el que han tenido que renegociar varias veces una deuda que supera los 1.300 millones de euros.

Otras inversiones de CVC en territorio ibérico tienen como protagonistas al operador de cable R, del que en 2010 adquirió una participación del 35%; y Abertis, el gestor de autopistas, en el que entró en agosto de 2010 de la mano del grupo constructor ACS, con una participación conjunta del 25,8%.

Fuera de España, las inversiones de la firma de capital riesgo son como un Monopoly corporativo. Está en todas partes. A los ya mencionados gimnasios Virgin Active y a los derechos del campeonato de Fórmula 1 (que adquirió en 2006 y donde estima unos ingresos de 1.640 millones de euros) se suman empresas vinculadas a las telecomunicaciones (la suiza Sunrise), la gestión de basuras (la holandesa Van Gansewinkel Groep) o al sector asegurador, como Brit Insurance (Reino Unido).

Cómo se va a estructurar la compra de Deoleo

“Lo que se va a encontrar CVC es una compañía saneada. Después de todos los vaivenes de los últimos años, la Deoleo que gestionará CVC no tiene nada que ver con la que dejaron los hermanos Salazar”, aseguran fuentes de la compañía aceitera. “Hoy no tenemos negocios de arroz ni de galletas, como teníamos en el pasado, que eran negocios de mucha tradición pero poco beneficio. Ahora Deoleo está sana y muy viva”, recalcan.

Hasta hace sólo unos años, Deoleo era dueño de marcas como las galletas Cuétara o el arroz Sos pero, tras el presunto desfalco de unos 200 millones de euros llevado a cabo por sus antiguos gestores, los Salazar, y el agujero que dejaron en sus cuentas, las desinversiones fueron obligadas.

La entrada de CVC en Deoleo se materializará con la compra de las participaciones que en la actualidad mantienen las dos excajas de ahorros intervenidas, Bankia y BMN, que controlan conjuntamente algo más del 22% del accionariado de la aceitera. Pero CVC irá más allá, ya que tiene previsto realizar una ampliación de capital para llegar al 29,9% del accionariado. Y, posteriormente, lanzar una oferta de compra, una opa, por el 100% de la compañía, aunque el éxito de ésta dependerá de qué accionistas decidan vender sus acciones y cuáles prefieran permanecer para garantizar cierta "españolidad" en la toma de decisiones. Algo que, a día de hoy, está en el aire. Si se cumplen todos los pasos, la operación rondará los 1.000 millones de euros, incluyendo los casi 500 en los que está valorada la deuda de Deoleo.

Este será el caso de la antigua Hojiblanca (hoy DCoop), que posee casi el 10% de Deoleo, o de Unicaja y Caixabank, que no tienen intención de vender, algo que sería del agrado del Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Habrá que estar atentos a cuál es la estrategia de CVC con la aceitera en el futuro. Por ahora, lo único que se sabe es lo que la firma dice de sí misma: que busca empresas que generen flujos de caja estables, es decir, con negocios que ofrezcan ingresos constantes; y con altas rentabilidades sobre el capital invertido, bien sea a través de crecimiento orgánico o mediante adquisiciones. Algo que, en el negocio del aceite de oliva, no siempre resulta sencillo.

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