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El FMI y el Banco Mundial ya han rescatado a ocho países por la crisis del petróleo y sus derivadas

La crisis de China y la caída del petróleo están llevando a varias naciones a pedir ayuda financiera a ambas entidades supranacionales para salvar sus cuentas

Nigeria es uno de los países más afectados por la bajón del crudo, debido a su alto coste de extracción y la gran dependencia en el sector energético

Azerbaiyán ha tenido que recurrir tanto al FMI como al Banco Mundial para hacer frente a la nueva situación mientras intenta diversificar su economía más allá del petróleo

Christine Lagarde viaja la próxima semana a India y China

EFE

Los peores años de la Gran Recesión quedan cada vez más atrás pero el trabajo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial es más intenso que nunca. La culpa la tienen no solo las consecuencias de la crisis, sino la situación de China y la caída en el precio del petróleo, que ha dejado a varios países al borde del KO y pidiendo a ambas organizaciones un empujón para no ondear la bandera blanca de la recesión.

Para contextualizar la dimensión de la situación, a principios de abril el Banco Mundial lanzaba un comunicado informando que en 2016 alcanzaría su mayor nivel de dinero prestado fuera del contexto de una crisis financiera, fiando hasta 25 mil millones de dólares más que el curso anterior. En la misiva obvian los factores de actualidad para centrarse en que apoyan "reformas en los países para ayudar a acelerar el crecimiento". 

Sin embargo los países que han tenido que recurrir a la hucha del FMI y el Banco Mundial, miembros del grupo de los considerados en vías de desarrollo, comparten dos factores comunes que les han empujado a ello. Por un lado está la caída en el precio del petróleo, especialmente dura con los países cuyo PIB depende en gran medida del crudo, con un coste de extracción alto y que han visto caer su rentabilidad a niveles insospechados. Es la situación que vive Nigeria, incapaz de encontrar la manera de diversificar su economía para salir del paso. Por otro lado asoma la crisis de China derivada de su cambio de modelo económico. Son varios los países emergentes afectados por su nueva política centrada en el consumo interno y el sector servicios, dejando de lado las exportaciones que caracterizaron el crecimiento del país asiático, cuya prosperidad llevó de la mano a otras economías.

Nigeria

El presidente nigeriano, Muhammad Buhari, ha tenido que pedir ayuda tanto al Banco Mundial como al Banco de Desarrollo Africano por valor de 3.500 millones de dólares para tapar el agujero en las cuentas creado por la extraordinaria caída del precio del petróleo. Su economía tiene una alta dependencia al crudo (el 70% de sus ingresos viene de ahí según Bloomberg). La principal ha sido el aumento del déficit nigeriano, que como explica el Financial Times ha pasado del 2,2% proyectado para el 2016 al 3%, un cambio obligado exclusivamente por la situación del petróleo.

Mozambique

La nación africana está viviendo un calvario en este 2016. Tras la ayuda de 286 millones de dólares que el FMI aprobó en diciembre de 2015 para relanzar la economía mozambiqueña y mitigar la devaluación de la moneda que estaba sufriendo (llegó a perder un tercio de su valor), han llegado los problemas al país. Y es que el gobierno mozambiqueño falseó sus cuentas ante la comunidad internacional, un hecho que no ha sentado nada bien al FMI. Por ejemplo, un miembro del ejecutivo habló en Washington de una deuda pública de 11 mil millones de dólares para que unos días después otro contara a los medios locales que el montante ascendía a 8 mil millones. A raíz de ello, la institución financiera ha suspendido la ayuda prevista alegando que el país ha ocultado al menos mil millones de dólares de deuda, violando así los términos del acuerdo entre ambos. 

Azerbaiyán

La economía azerí vive al borde del colapso. Ha sido sin duda una de las más afectadas por la caída global del precio del crudo, derivada del aumento en la producción de los más poderosos. Baku viene afrontando medidas excepcionales en los últimos tiempos, reflejados por ejemplo en el gasto del 60% de las reservas de su banco central para mantener el valor de su moneda ante la caída del petróleo. El caso de Azerbaiyán es significativo porque el acuerdo, que desde el gobierno disfrazan en "un programa para liberalizar la economía y mejorar el clima de negocios", tendría el respaldo (y el dinero) tanto del FMI como del Banco Mundial. El montante de la operación, cuatro mil millones de dólares directos a las arcas azerís. Mientras se hace efectiva la ayuda, el gobierno de Ilham Aliyev ha comenzado a vender deuda pública por valor de 500 millones de dólares para hacer frente al déficit fiscal de este año y trata de diversificar su economía para no tropezar en un futuro con la misma piedra.

Kenia

A principios de este año Christine Lagarde, directora del FMI, y Uhuru Kenyatta, presidente de Kenia, apretaron sus manos para sellar el acuerdo por el cual la institución prestaba 700 millones de dólares para su economía. No obstante este acuerdo es "preventivo", en el sentido de que solo se usará en caso de gran necesidad como desastres naturales o ataques militares. La economía keniata, que el año pasado creció un 5%, vive momentos de incertidumbre y los analistas creen que inevitablemente tendrán que echar mano del dinero, por el que tendrá que afrontar las reformas exigidas por el FMI en contraprestación.

La agencia de calificación Moody's no perdió la oportunidad de calificar de positivo el acuerdo, afirmando por boca de su analista Rita Babihuga que "fijarse de objetivo una reducción del déficit fiscal del 3% en los próximos dos años, además de las reformas en el sistema financiero ayudarán a que Kenia consolide su sistema fiscal, especialmente de cara a las elecciones generales de 2017". 

Indonesia

En 2015 Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, ofreció al gobierno indonesio de Joko Widodo un plan de 12 mil millones de dólares hasta 2019 para el desarrollo de la región, azotada entre otros motivos por la crisis de China y que afecta de lleno a los intereses del país. Tiempo después Bambang Brodjonegoro, ministro de finanzas indonesio, afirmó que "mientras nuestro presupuesto estatal se encuentre en déficit, tendremos que pedir prestado. Y para eso buscaremos al mejor prestamista, con intereses bajos y condiciones asequibles". Ese prestamista es el Banco Mundial, que finalmente fiará en este 2016 hasta 4.200 millones de dólares para hacer frente al déficit presupuestario de la nación. El ministro justificó la decisión en que "el mercado es muy volátil y el crecimiento de nuestra economía está siendo muy lento". 

Perú

Lima está sufriendo el impacto de la crisis de China y la situación del mercado de las materias primas con especial fiereza. Para evitar la caída de su economía ya ha pedido al Banco Mundial que comparta con ellos una parte de su liquidez. El préstamo del que se ha hablado, cuya cantidad exacta no ha trascendido, sería para los próximos tres años en dos líneas de crédito, aunque desde las instituciones peruanas digan que no usarán el dinero de inmediato. Según el Banco Mundial, uno de los créditos tendrá el objetivo de "fortalecer la gestión fiscal ante la recesión que está viviendo la región", mientras que el otro ayudará a hacer "reformas para impulsar el capital humano y la productividad". 

Zimbabue

Todavía está en el aire, pero se espera que en el tercer trimestre de este año el gobierno de Robert Mugabe reciba el préstamo que pidió al FMI, cuya cantidad exacta todavía tiene que decidir la institución financiera pero que estiman será de mil millones de dólares. La última vez que el país africano tuvo que recurrir a financiación externa de este tipo fue en 1999, a consecuencia de la hambruna que sufrieron en aquella década. Evidentemente, entre las condiciones el FMI están las reformas, como la reducción del tamaño del sector público para poder atraer e inversores extranjeros. 

Angola

Por último, este país africano rico en materias primas está sufriendo un impacto fuerte en su economía por el cambio de modelo económico de China. Y no solo eso, sino que se les suma el petróleo, de importancia capital en la nación (95% de las exportaciones) y que a los precios actuales no les sale a cuenta. No corren buenos tiempos para el presidente Eduardo dos Santos, que ya ha vivido innumerables contratiempos desde que en 1979 tomara las riendas del país. Desde el inicio de la crisis del petróleo, su moneda ha perdido un 18% de su valor frente al dólar y el ritmo de crecimiento ha pasado del 6,8% en 2013 al 3,5% del año pasado, y sigue cayendo. Ahora, el país espera la financiación del Fondo Monetario Internacional, que se tiene que reunir para decidir cuánto dinero les van a prestar y en qué condiciones. Desde la institución financiera hablan de un préstamo para los próximos tres años, según Bloomberg.

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