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El primer manguerazo de Draghi apenas salpica la economía real: razones para no preocuparse (aún)

El Banco Central Europeo puso esta semana en marcha la primera medida para que el crédito llegara a las pymes con unos resultados más que discretos

En diciembre hay una segunda oportunidad, y los expertos creen que será el momento en el que la banca se atreva a pedir para prestar

Aún no ha comenzado la compra de deuda en la que hay muchas esperanzas depositadas

Yellen y Draghi, paso a paso

El italiano aún tiene dos disparos de su nuevos programa para relanzar la economía del euro.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE) tenía preparada esta semana regar la economía del euro con uno de los chorros de crédito más potentes que se habían derramado en la crisis. Fráncfort abrió el grifo el jueves a la banca a la posibilidad de pedir 400.000 millones de euros en crédito con la condición de que la finalidad fuera dar préstamos a las pymes. Las entidades, sin embargo, apenas pidieron una quinta parte de lo disponible aumentando las señales de debilidad que se perciben sobre la economía del euro.

Los expertos consultados por eldiario.es llaman a la calma. La litrona -en jerga financiera española se la ha bautizado así por sus siglas en inglés TLTRO– que el BCE ofrece a los bancos se servirá en dos happy hours. La del pasado jueves y otra segunda en diciembre que es donde se medirá realmente el grado de saturación de la banca europea a la hora de dar créditos a empresas.

"Se ha dado un comportamiento de esperar y ver", puntualiza Santiago Carbó, catedrático de la Bangor University e investigador de Funcas. Entre esta oportunidad de septiembre hay varias incertidumbres en los mercados financieros y salvo excepciones, los bancos han preferido despejarlas antes de llenar sus bolsillos de un dinero casi regalado. "Las entidades están pendientes de ver cómo se materializa el programa de compra de deuda porque, a partir de esos detalles podrán definir su estrategia de liquidez".

El programa de compra de deuda al que se refiere Carbó es la última de las iniciativas anunciadas por el BCE en su reunión de septiembre. Es la más esperada, sin duda, y la que por novedosa no se sabe cómo se va a articular. Este paso, que se engloba en lo que se llaman medidas "heterodoxas" de política monetaria, es similar al que se practica en Estados Unidos pero con una diferencia: según adelantó Draghi, se comprará deuda corporativa o respaldada por hipotecas, pero no deuda pública, que es lo que muchos expertos apuntan que ha funcionado al otro lado del Atlántico.

El italiano fue bastante misterioso -como corresponde a su papel de banquero central– en el anuncio de esta medida que desgranará en octubre. No se sabe ni cuánto ni cuándo, y aunque el mercado está en una espera activa bastante optimista, las incertidumbres no son especialmente del gusto de los financieros.

A este posible nuevo manguerazo que refresque la economía del euro en los próximos meses, se une otra duda que ensombrece la alegría de los banqueros europeos. El 26 de octubre el BCE dará a conocer los datos de los test de estrés (o pruebas de esfuerzo) al que ha sometido por primera vez y al unísono a toda la banca europea.

Para Joaquín Maudos, catedrático de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, la expectativa por conocer las notas del sector ha sido uno de los principales frenos a la hora de solicitar esta medida extraordinaria. "La banca está a la espera de conocer en breve los resultados de las pruebas, por lo que siendo prudentes, es mejor esperar a conocer los resultados antes de reactivar el crédito. En otras palabras, la banca no tiene nada que perder por esperar a conocer los resultados de los test y luego ya en diciembre acudir a la segunda subasta del BCE. Si el resultado del 'stress test' es satisfactorio, una vez aprobado el examen, ya se pueden "emborrachar" y celebrar la fiesta maximizando su petición de liquidez al BCE".

Además de tener claras las tripas del sector –no es quizá tan importante la nota propia (que ya anticipa cada entidad) como la de la competencia–, lo cierto es que en diciembre el precio de pedir prestado este dinero puede ser aún más bajo, aunque parezca difícil porque es prácticamente gratis. Fuentes del mercado quieren destacar cómo dos entidades se han arriesgado aun así a solicitar prácticamente todo lo que podían en esta tanda (el equivalente al 7% de su cartera de préstamos a empresas sin contar las hipotecas): el gigante italiano Unicredit y Bankia.

Tímida mejora en España

La entidad española nacionalizada asegura que ha pedido íntegros los 2.700 millones de euros para dárselos a los clientes en forma de crédito. En una nota de prensa, la entidad presidida por Ignacio Goirigolzarri dice que gracias a esta litrona del BCE podrán rebajar casi un 30% el tipo de interés que cobran a las pymes, y que un crédito menor de un millón de euros a cuatro años se abaratará en 15.000 euros al año.

Pese a que los bancos españoles apenas han pedido, en conjunto, mucho menos de lo que podían, (poco más de 15.000 millones de euros) en los últimos meses se ha iniciado una suave tendencia a la baja en el tipo de interés que las entidades cobran a las pymes. Así, según las estadísticas del Banco de España, los nuevos préstamos concedidos de hasta un millón de euros y un plazo inferior a cinco años, llevan abaratándose desde marzo, cuando rondaron sus máximos por encima del 5% de interés. En verano, el TAE (la tasa anual equivalente) de un crédito de hasta un millón de euros estaba en un 4,9%, la cifra más baja desde hace al menos dos años.

Pero no está nada claro que la banca, al menos la mayoría de las entidades, vayan a destinar el dinero que han solicitado al BCE a conceder préstamos nuevos. Por lo pronto, el think tank Bruegel (el más importante a nivel europeo) alertó el viernes de que una alta cifra del dinero solicitado apenas unas horas antes se había destinado a pagar por adelantado líneas de financiación anteriores que los bancos habían solicitado al BCE.

Además, los expertos coinciden en que la justificación oficial de la banca para no dar créditos es real por la ausencia de lo que califican como "demanda solvente", es decir, pymes a las que refinanciar con expectativas de que se devuelvan los créditos con éxito. Maudos apunta también que los últimos datos del PIB –con los tres grandes países europeos (Francia, Italia y Alemania) creciendo un 0% o incluso en retroceso– no auguran a la banca que vaya a ser "fácil encontrar proyectos de inversión rentables a financiar". Es el pez que se muerde la cola. Sin crecimiento no hay crédito, sin crédito difícilmente habrá crecimiento.

En cualquier caso, la conclusión es que se debe esperar a diciembre para evaluar si el bazuca de Draghi ha disparado con tino sus proyectiles, o está totalmente desenfocado.

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