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ENTREVISTA | Ignacio García Bercero

El negociador jefe del TTIP en nombre de la UE: “Es difícil, pero enero de 2017 es nuestra fecha para cerrar el acuerdo”

“Que un número importante de ciudadanos se manifieste contra el tratado es preocupante, pero todos los estados miembros y la Eurocámara apoyan la negociación”, dice Ignacio García Bercero negociador jefe de la Comisión Europea

“No queda excluido que un árbitro del nuevo mecanismo de arbitraje propuesto sea abogado de oficio. Pero deberá tener la cualificación necesaria para ser juez en su jurisdicción nacional y no incurrir en incompatibilidades”

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Ignacio García Bercero, negociador jefe de la Comisión Europea para el TTIP.

Ignacio García Bercero, negociador jefe de la Comisión Europea para el TTIP.

El español Ignacio García Bercero es el hombre del TTIP (en inglés, el tratado de libre comercio e inversión entre EEUU y la UE) en Europa. Él es el negociador jefe de la Comisión Europea, la institución que negocia el acuerdo en nombre de toda la Unión Europea. García Bercero recibió el pasado miércoles durante una hora a eldiario.es en su despacho, en el sexto piso de un edificio en todo el meollo europeo. Fuera hace un día de perros, con frío y lluvia. Como negociador, está a punto de partir a Miami, donde se celebrará una nueva ronda negociadora. “Así le damos un enfoque exótico a la discusión”, bromea. El TTIP no atraviesa su mejor momento: una manifestación inesperada en Berlín contra el acuerdo reunió a 250.000 personas. Y Francia ha sido el primer país en criticar abiertamente el desarrollo de la negociación.

Manifestaciones, críticas en público, ¿el TTIP corre el riesgo de descarrilar?

Que haya una manifestación en la cual un número muy importante de ciudadanos europeos se pronuncia contra el acuerdo que negociamos es un tema que preocupa y que hace que nuestros esfuerzos por explicar lo que estamos dialogando deban intensificarse. Ahora, de ahí a decir que el TTIP descarrila hay un mundo. Todos los estados miembros apoyan la negociación y el Parlamento Europeo, tras un debate muy intenso, adoptó una resolución apoyando la negociación y dejando muy claro cuáles eran sus condiciones. Esta es la realidad: un acuerdo con puntos a veces controvertidos pero que aún goza de un respaldo político fuerte en Europa.

Hillary Clinton, candidata presidencial, ha cargado contra el Acuerdo Transpacífico (TPP), el último tratado firmado por Estados Unidos

Pero Hillary no se ha pronunciado sobre el Acuerdo Transatlántico. En el clima de opinión en EEUU el acuerdo transatlántico no es controvertido. Hay muchos demócratas e incluso sindicatos que aunque se oponen al TPP consideran que un acuerdo con la UE será positivo a nivel comercial. La controversia en Washington con el acuerdo con el Pacífico se debe a que hay países asiáticos dentro de ese acuerdo que están en vías de desarrollo, donde la protección de los derechos laborales y medioambientales es inferior… He hablado con congresistas del Partido Demócrata recelosos con el TPP que me dicen que en el TTIP ven una oportunidad.

Pero es lógico pensar que algo no va bien con el TTIP. Muchos dirigentes europeos cargan abiertamente contra la ‘indiferencia’ estadounidense

Las críticas del ministro francés [Matthias Fekl] o de Bernd Lange [ponente del informe de la Eurocámara sobre el TTIP] vienen a decir que a estas alturas de la negociación se esperaba que la implicación de EEUU fuera mayor. Y es cierto que hay señales preocupantes. Pero no son críticas sobre el acuerdo en sí, sino sobre el ritmo. El Acuerdo Transpacífico puede haber mermado la dedicación de los negociadores norteamericanos, pero éste ha concluido y yo espero que el ritmo de la negociación se intensifique.

¿EEUU está poco interesado en el TTIP?

Creo que hay un poco de exageración de todas las partes. Los últimos meses han sido complejos al estar inmerso EEUU en la fase final de la negociación del TPP, la más intensa. Esto ha podido tener influencia en el TTIP, pero el acuerdo pacífico ha terminado aunque aún tiene que ratificarse. Lo que sí implica el TPP para Europa son nuevos desafíos: con el acuerdo transatlántico podremos influir de manera más eficaz en las reglas del comercio internacional. Si el TTIP no culmina y el TPP entra en vigor, esto implicaría una pérdida de influencia europea además de un impacto directo a nivel de acceso al mercado. Los exportadores japoneses tendrían ventajas respecto al mercado americano. Nosotros queremos un acuerdo sustantivo, ambicioso y equilibrado, y si para ello hace falta más tiempo pues se negocia más tiempo.

Las fechas avanzadas por la Comisión prevén un acuerdo antes de que termine el segundo mandato de Obama. ¿Ya no es así?  

Nunca hubo una fecha límite. Lo primero que dijo Cecilia Malmström [comisaria de Comercio Internacional] es que la negociación no iba a estar dictada por ningún calendario. También señaló que si era posible concluirla durante la administración Obama, tanto mejor. Nuestra disponibilidad sigue siendo buscar un acuerdo antes del cambio de administración [enero de 2017]. Hay un año por delante para concluir la negociación, y con esto me refiero a concluirla a nivel político. La entrada en vigor y la ratificación llevarán más tiempo. El acuerdo que negociamos con Corea del Sur terminó hace tres años pero no entró en vigor definitivamente hasta hace un mes, aunque se ha aplicado de forma provisional. 

¿Enero de 2017 sigue siendo posible?

No voy a ocultar que es difícil, pero sí. Es posible.

El nuevo mecanismo de arbitraje inversor-estado [denominado ICS –del inglés- en vez del antiguo acrónimo ISDS] sigue siendo el capítulo más controvertido. Hay quien señala que los jueces que dirimirán los conflictos entre país y empresa siguen sin ser magistrados provenientes de la carrera judicial

La reacción inicial del Parlamento Europeo, incluido el grupo socialista, sobre la propuesta de la Comisión ha sido bastante positiva. Aún queda la presentación por parte de Malmström. Pero esta crítica para mí es novedosa. El sistema actual de ISDS es un sistema ad hoc, en el que el inversor elige un árbitro, el Estado elige otro y un tercero emerge mediante un proceso más complejo. Con el nuevo sistema, las partes en conflicto acuerdan una lista de 15 jueces (cinco europeos, cinco norteamericanos y cinco de un país tercero), todos ellos con determinadas cualificaciones. A lo mejor no son estrictamente jueces de carrera, pero uno de los requisitos del ICS es que los árbitros elegidos posean la formación necesaria para ser jueces en sus respectivas jurisdicciones nacionales.

Seleccionados los 15 árbitros, se establecería un Tribunal Permanente para dirimir cualquier tipo de disputa. Quién intervendrá en una disputa determinada es algo que no dependerá de la elección de las partes, sino de un sistema, digamos, automático. Y luego habrá una instancia superior, un órgano de apelación, en caso de disconformidad con el tribunal de primera instancia. El nombramiento de la instancia superior estará compuesto por siete personas, igualmente con cierta reputación y seleccionadas por ambas partes. Es un sistema jurisdiccional frente al sistema ad hoc, que creaba dudas sobre la imparcialidad de las decisiones.

En el primer tribunal, ¿los jueces electos serían, por citar un ejemplo, magistrados como los que hay en España?    

Bueno, los criterios para ser juez en cada estado miembro son distintos. Pero sí, deberían de ser juristas con las cualificaciones necesarias para poder ser considerados jueces en una jurisdicción nacional. Por eso es la primera vez que escucho esta crítica.

¿Y la Corte de Apelación? ¿La procedencia de los jueces será igual?

Tanto en la primera instancia como en la corte de apelación, ambas partes deberán estar de acuerdo.

¿En la corte de apelación alguien puede proceder del sector privado, como con los ISDS?

Hay una serie de incompatibilidades, pero será incompatible ser juez de un tribunal de primera instancia o de apelación y al mismo tiempo ejercer de árbitro en disputas relativas a la inversión. No está excluido que alguien pueda ser un abogado, pero entonces no podrá participar en ninguna disputa relativa a la inversión.

Ahora arranca la 11ª ronda negociadora y siguen algunos escollos, como las indicaciones geográficas. ¿Qué se va a negociar?

Todos los puntos menos precisamente uno: el mecanismo de arbitraje ICS, porque de momento solo hay una propuesta de la Comisión que necesita más tiempo para ser debatida con el Parlamento Europeo y los Estados Miembros. Aparte de eso, hablaremos de todos los temas. Presentaremos una oferta revisada en materia de aranceles. Igualmente habrá intensas discusiones sobre las compras públicas, otro tema sensible. Y también las indicaciones geográficas, uno de los aspectos más difíciles. En el caso de Canadá hemos llegado a un acuerdo satisfactorio, por el cual las especializaciones regionales más relevantes en la UE estarán protegidas en el mercado canadiense.

¿Se busca esa vía para el TTIP?

Con Estados Unidos no empezamos de cero. Tenemos un acuerdo sobre vinos concluido hace años. La gran mayoría de indicaciones vinícolas europeas como el Rioja, y subrayo la D.O. Rioja por una falsa polémica que ha habido recientemente en la prensa española, están ya protegidas en EEUU. Lo que va a ser difícil es conseguir que se protejan una serie de indicaciones geográficas que no se contemplan allí, como quesos, jamones, etcétera. Pero nuestro objetivo es convencer a nuestro socio de que lo mejor es encontrar un mecanismo para proteger esas variedades. Habrá que encontrar un paquete agrícola equilibrado, pero nunca se va a plantear dar marcha atrás.

Las críticas a la opacidad son frecuentes

Todo lo que podíamos hacer por nuestra parte unilateralmente ha sido hecho. Las consultas con los estados miembros, el Parlamento Europeo y los EEUU las hacemos públicas, y, por cierto, se trata de una práctica que vamos a extender a todas las negociaciones según acabamos de anunciar recientemente. ¿Dónde hay límites a la transparencia? No nos corresponde a nosotros hacer públicas las propuestas estadounidenses.

¿Y los acuerdos ya cerrados? Algunos eurodiputados protestan porque no tienen acceso a ellos en la Reading Room

Aunque las modalidades de acceso todavía se discuten con Bernd Lange, los eurodiputados tienen acceso a los documentos consolidados en los que las propuestas de ambas partes convergen. Tienen acceso en condiciones de confidencialidad, como los congresistas norteamericanos. Los estados miembros también tienen acceso. Pero discutimos con EEUU cómo mejorar la transparencia: que cada Ministerio de Exteriores por ejemplo tenga acceso a los documentos en una sala segura. Eso tiene que mejorar y así lo trasladaremos a la otra parte.

Sobre los acuerdos cerrados, en el caso del CETA [tratado de libre comercio con Canadá], ya tomamos la decisión de que antes de que termine la revisión jurídica el texto pueda hacerse público. Y esta va a ser la práctica a seguir. Vamos a pedir a EEUU que cuando termine la negociación podamos publicar todo. Personalmente, no tengo ningún problema en que se trocee por partes, pero es algo que hay que discutir con la parte norteamericana. Eso sí, concluido como tal no hay ningún capítulo.

¿Podrán acceder todos los eurodiputados a la Reading Room, como reclama una gran mayoría en la Eurocámara [hasta ahora solo tienen acceso los miembros de la Comisión de Comercio Internacional]

Eso se está discutiendo entre Malmström y el Parlamento Europeo en estos momentos. No puedo anticipar nada, pero creo que habrá un resultado satisfactorio.

La sala de lectura se abrirá a los 751 eurodiputados.

Eso lo dice usted [risas].

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