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Los buitres no negocian: los créditos revendidos a grandes fondos dispararán las ejecuciones

Los créditos al consumo no se traspasaron al banco malo

Rocío Martínez Rincón

Los fondos oportunistas están calentado el verano financiero español. Los conocidos como fondos buitre llevaban detrás de los activos de la banca desde el estallido de la crisis y es ahora cuando, por fin, le están hincando el diente a las carteras crediticias de las maltrechas entidades financieras españolas. Sus nombres son de sobra conocidos en el mundo de las finanzas. Entre otros, están: Corsair Capital, Cerberus, Carlyle Group, Blackstone, Apollo, York Capital Management, Guggenheim Investment, Oak Hill o TPG. Compran créditos pero también carteras de viviendas y cualquier saldillo de activos debidamente empaquetado.

Una de las últimas ventas de carteras crediticias ha estado protagonizada por Bankia. El coloso financiero nacionalizado por el Gobierno vendió recientemente tres carteras con créditos valoradas en 1.354 millones de euros a una serie de fondos de inversión. Estos portfolios están integrados por 76.000 operaciones, un 80% de las cuales son créditos al consumo para particulares. El resto, es crédito al consumo para autónomos y financiación a pymes, como préstamos, cuentas de crédito y descuento comercial. Esta fue su tercera venta de paquetes crediticios, valorados en total en unos 2.300 millones de euros.

Bankia se deshace así de los activos tóxicos que aún quedan en su balance, después de haberse librado de los créditos ligados al ladrillo al traspasarlos al banco malo. Pero los impagos no están asociados solo a la vivienda. Aún quedan miles de millones de euros que respaldaron la venta de coches y de otros productos de consumo.

Ahora, la cuestión es qué pasa con los créditos traspasados. En principio, el que tiene contraído el préstamo no tendrá que devolverle la financiación a Bankia sino al fondo buitre que haya adquirido su préstamo. Según los expertos, a partir de ese momento, la cuestión adquiere un cariz más jurídico que económico. “Este tipo de fondos suelen contratar a un bufette de abogados y a un gestor de crédito que se encargan de llevar a cabo los trámites necesarios para cobrar los préstamos, puesto que en general son firmas extranjeras que apenas tienen presencia e infraestructura en España”, asegura José Carlos Díez, profesor de Icade y autor del libro “Hay Vida Después de la Crisis”.

Díez explica que este tipo de fondos consigue sus beneficios gracias a los bajos precios a los que adquieren los paquetes crediticios. Fuentes financieras aseguran que este tipo de operaciones suelen llevan un descuento del 95%, por lo que, de aplicarse a la operación de Bankia, la entidad presidida por Ignacio Goirigolzarri habría ingresado unos 68 millones de euros. “Pagan tan poco por estos paquetes de deuda, que el mínimo recobro de los préstamos a través de la negociación con el cliente les supone una rentabilidad inmediata”, asegura Díez.

Así las cosas, los buitres no negocian porque hacen negocio de la ejecución del préstamo sin mucho problema. Para un banco tradicional, por ejemplo, ejecutar un crédito respaldado por un coche se convierte en realidad para un problema. Pero los buitres logran con acuerdos ad hoc gestionar este tipo de activos y sacarles provecho, gracias a que los han comprado prácticamente gratis.

En este sentido, otra fuente de beneficio rápido es la ejecución de los avales, que, en principio, es más agresiva que la realizada por los bancos, según Díez. Un acreedor, ante un préstamo impagado, se ve ante la disyuntiva de negociar el pago del importe adeudado o ejecutar la garantía pactada con el cliente para asegurarse el cobro del crédito. Este aval, en el caso de un crédito al consumo, suele ser la nómina del titular o de un familiar, pero si ninguno puede hacer frente al pago, el acreedor puede embargar el bien adquirido con el crédito para hacer caja con su venta. A estas alturas de la crisis, la banca no está interesada en ejecutar las garantías materiales, porque no tiene infraestructura suficiente para vender, por ejemplo, una gran cantidad de coches embargados. Los fondos buitre, por su flexibilidad, pueden contratar servicios que les permitan obtener ingresos con la venta de un bien material.

Javier Díaz-Giménez, profesor de Economía del IESE, discrepa en parte de esta teoría y cree que este tipo de fondos de capital riesgo –rechaza el nombre de fondos buitre- negocian más que los bancos, ya que, gracias a su flexibilidad, cuentan con una mayor capacidad para gestionar cobros de forma individualizada. “Los bancos tienen una gran rigidez y no pueden solucionar este tipo de problemas. De este modo, estos fondos dan liquidez a un paquete de créditos impagados”, asegura Díaz-Giménez. El profesor explica que la forma de actuar de estos inversores es muy sencilla: gestionan los cobros de forma individualizada después de haber pagado por ellos un precio muy bajo, “lógico, teniendo en cuenta que se llevan lo peor”. Esos paquetes suelen incluir deudas de todo tipo, por lo que sacan más margen de los créditos “mejores”. Por otro lado, Díaz-Giménez desvela que estas inversiones no siempre son exitosas, pues en ocasiones, estos fondos “pueden llegar a perder dinero”.

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