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Historias que unen Historias que unen

La voluntaria que coordina las donaciones para todo un pueblo (o más)

La empresaria Muriel Danielle Van Riet hace de intermedia entre el alcalde, empresas, particulares, makers y ONG para que aporten los recursos imprescindibles

Muriel Danielle Van Riet.

Muriel Danielle Van Riet en una foto cedida por ella.

Muriel Danielle Van Riet es una mujer de 42 años nacida en Bruselas, aunque lleva 20 años en España, y eso que, en principio, solo vino por 6 meses. Tiene una empresa de cosmética natural en el centro de Madrid, en concreto, de tintes de barros naturales veganos, llamada Índigo Natural Color.

Cuando se declaró el estado de alarma, tuvo que cerrar el laboratorio y volverse a la villa en la que vive, Quijorna, pero no esperó a verlas venir: “me vi confinada en casa y pensé: ‘¿qué puedo hacer?’ Empecé a preguntar a los vecinos si necesitaban algo, llamé al alcalde, Juan Carlos Pérez Carrasco, para ver si precisaba alguna cosa y me contestó que buscaba material para la residencia: mascarillas, pantallas… A los tres días, le pedí una hoja al alcalde donde me enumerara todo lo que necesitaba”. 

El alcalde, en su misiva ‘desesperada’ del 28 de marzo, expresaba que el Ayuntamiento que preside carecía de “medios materiales para cubrir todas las necesidades que se producen en el municipio y, aunque muchos vecinos están colaborando con lo que pueden, no damos abasto”. En cuanto a la residencia de ancianos en concreto, Pérez Carrasco lamentaba que, a finales de marzo, “contaba con 102 residentes aparte del personal sanitario y no sanitario que cuida de ellos. La escasez de estos recursos ha provocado que muchos de estos residentes estén totalmente desprotegidos contra el virus y muestra de ello es que ya han fallecido 4 residentes y otros 2 han sido trasladados al hospital Puerta de Hierro y hay otros 60 residentes con síntomas en primera fase, más 15 personas que los atienden, que se han tenido que dar de baja con síntomas similares a los que provoca en su primera fase el virus”.

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Al final de la carta, el mandatario dejaba su contacto y el de Muriel, para los particulares o empresas que pudieran donar algo de la larga lista de recursos requeridos. La voluntaria, por su parte, fue enviándola por mail a todos aquellos que consideró que podrían aportar algún tipo de material, teniendo en consideración también las demandas que le iban llegando de los abuelos del pueblo: “fui buscando lo máximo posible, contacté con El Corte Inglés, con otras empresas, con makers a través del grupo de Telegram Madrid Coronavirus Makers…” 

Estos le enviaron 40 pantallas protectoras hechas con impresoras 3D, recibió también 700 pares de guantes, 160 mascarillas quirúrgicas donadas por materialcoronavirus y muchas otras muchas cosidas a mano. Hasta ella misma fabricó en su casa “40 batas de protección sanitaria con bolsas y protección de sillas de un taller de coches y los médicos los han utilizado”, comenta dichosa por resultar útil. 

Y es que, a pesar de tener “el laboratorio cerrado sin facturar pero sí pagando la cuota de autónomos y los impuestos, y de que las peluquerías, como están cerradas, no pagan lo que han comprado, es mejor bailarlo y no pensarlo. No me puedo quejar, no me voy a quejar”, afirma. 

Y reafirma: “Te puedes quejar y montar pollos por lo que se ha hecho mal o dejado de hacer, o puedes intentar poner tu granito de arena para que la cosa vaya mejor. Gotita a gotita se hace un lago y con un lago se hace un océano, estamos aquí para ayudarnos los unos a los otros, si no, de qué vale la vida”.

Tan sencillo como eso: no es que vaya de heroína, simplemente es que no le gustan las desigualdades. Su última reivindicación ha recaído sobre el colegio de su hija, “porque nos han comunicado, después de Semana Santa, que van a trabajar con los libros a través de Internet. Pero hay niños que no tienen Internet en casa o, como mucho 2Gb en su móvil. Es más, como lo mandan todo por ebook, muchos padres que no han trabajado con Internet jamás porque no han tenido necesidad de ello están perdidos”. 

Por no hablar de que, “aunque les mandaran una tablet a casa, no sabrían usarla, les parece una cosa intergaláctica. Si fuera como en Suiza, donde el primer día de clase les dan una tablet, sería comprensible; pero aquí nunca se ha hecho y ahora estamos obligando a algo fuera de lo normal a familias que no saben ni lo que significa www”. 

Ella y su hija personalmente no sufren este problema, pero no se preocupa solo de su caso, sino de que “somos todos iguales, y eso no es igualdad, y así se lo he manifestado a la directora”. 

Más allá de la cuarentena

Su preocupación por los demás llega hasta el punto de prever que “dentro de uno o dos meses, cuando abra todo, mucha gente se va a encontrar con que el ERTE se ha convertido en despido, muchos se van a quedar sin nada y van a pasar hambre, hay familias que ya han pedido ropa y vamos a tener un problema de restricción alimentaria”. 

Así que, para prevenir, lo que ha hecho es organizar un Banco de Alimentos e ir empezando a llamar a El Corte Inglés, a Cáritas y otras ONGs y empresas para que manden lo que puedan para tener cubiertas esas necesidades previsibles. De momento, les dicen que lo enviarán más adelante, por lo que esta empresaria, desde su confinamiento, está centrada en buscar dónde almacenar todos los alimentos que lleguen. “Y eso porque no puedo trabajar desde el Ayuntamiento, que no es lo mío, ni soy una ONG, pero intentaré hacer todo lo que pueda”. A los demás les pide que, “si pueden mandar algo, que nos lo manden, sean alimentos o material sanitario, pues lo que sobra lo mandamos a Brunete, o a Villanueva del Pardillo, los pueblos más cercanos”. 

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