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Mazda ‘recicla’ su motor rotativo en un eléctrico que llega en 2020

Las reducidas dimensiones del propulsor rotativo y su elevada potencia son ideales, según el fabricante, para adoptar diversas soluciones de electrificación para sus vehículos futuros

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Reunión conmemorativa en el Circuito del Jarama por el 40º aniversario del Mazda RX-7.

Reunión conmemorativa en el Circuito del Jarama por el 40º aniversario del Mazda RX-7.

Si alguna marca se ha caracterizado por seguir un camino propio en cuestión de electrificación (pero no solo en este) ha sido Mazda, que no deja de creer en las posibilidades del motor de combustión en un futuro más o menos lejano. Esto no significa que haya abandonado la investigación en otras tecnologías, como demuestra el anuncio que acaba de realizar sobre dos vehículos eléctricos que se propone lanzar en 2020.

La marca de Hiroshima se mantiene fiel también a sus señas de identidad porque, mientras que el primero de los dos modelos será un eléctrico de batería al uso, el segundo la combinará con un pequeño, ligero y silencioso motor rotativo –enseña de Mazda– que le permitirá ampliar su autonomía. Mediante este sistema se combatirá la conocida ansiedad del usuario del coche eléctrico ante el riesgo de quedarse tirado.

Las reducidas dimensiones del propulsor rotativo y su elevada potencia son ideales, según el fabricante, para adoptar diversas soluciones de electrificación para sus vehículos futuros. Como este tipo de motor es compatible con los combustibles gaseosos, será posible emplearlo en coches de combustión con gas licuado del petróleo (GLP), así como funcionar como fuente de electricidad en casos de emergencia.

El Mazda RX-8 ha sido el último embajador de la marca y sus motores rotativos.

El Mazda RX-8 ha sido el último embajador de la marca y sus motores rotativos.

Mazda calcula que los motores de combustión interna combinados con alguna solución electrificada representarán el 95% de los vehículos que produzca a la altura de 2030 y que solo el 5% serán eléctricos de batería. Con todo, insiste en exprimir al máximo la eficiencia de sus propulsores de siempre, como está haciendo con los de la nueva generación Skyactiv-X, que producen la combustión mediante ignición por compresión, al modo de un motor diésel.

El compromiso ambiental de la marca se traduce en reducir el promedio global de sus emisiones de CO2, “de la extracción al consumo” –recalca–, en un 50% en 2030 con respecto a los niveles de 2010, y en un 90% para 2050. De cualquier forma, apuesta por el principio de adoptar la solución correcta “en el momento oportuno y el lugar correcto”, es decir, atendiendo a la disponibilidad y adecuación de las fuentes de energía, que varían en el tiempo y de región a región.

Precisamente por el carácter cambiante de la generación de energía, Mazda está convencida de que el objetivo de reducir emisiones conllevará en el futuro diversificar lo más posible las opciones de combustible para automóviles. A este respecto menciona no solo los carburantes alternativos, como el gas natural comprimido, el GLP o el hidrógeno, sino también posibles combustibles líquidos reciclables como los biocombustibles procedentes del cultivo de microalgas.

Mazda RX-7.

Mazda RX-7.

Según su comunicado oficial, el desarrollo de estos últimos es fundamental si se pretende alcanzar la neutralidad en términos de carbono de los vehículos con motor de combustión. Por ello participa Mazda en proyectos de investigación conjuntos con el Instituto de Tecnología de Tokio y la Universidad de Hiroshima que se inscriben en un proceso de colaboración continua entre la industria y la universidad.

La marca, además, tiene que hacer compatible sus desvelos ambientales con el compromiso de ofrecer a sus clientes coches que garanticen el placer al volante, en los que se sientan plenamente integrados y donde, en general, reine la premisa irrenunciable que expresa la expresión japonesa Hashiru Yorokobi, la “conducción estimulante”.

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