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Belén Martínez Ferrer: "El ciberbullying favorece la impunidad e incrementa la indefensión y el desamparo de las víctimas"

La profesora de la Universidad Pablo de Olavide explica las principales características de esta forma de acoso y los síntomas habituales de quien la sufre

Belén Martínez Ferrer: "El ciberbullying favorece la impunidad e incrementa la indefensión y el desamparo de las víctimas"

Belén Martínez Ferrer, en la Universidad Pablo de Olavide UPO

Belén Martínez Ferrer es profesora en el área de Psicología Social de la Universidad Pablo de Olavide, una institución de marcada vocación pública y compromiso social de la que forma parte desde el año 2009. Como investigadora, la trayectoria de Martínez Ferrer se ha caracterizado por el interés en los problemas de ajuste en la adolescencia y sus relaciones con variables familiares, escolares y sociales. Es autora de numerosos artículos científicos publicados en revistas de impacto internacional, así como de libros y capítulos de libros. Además, es miembro del grupo LISIS de investigación, creado por el catedrático emérito de la UPO Gonzalo Musitu, y formado por investigadores de universidades españolas y mexicanas. Asimismo, es responsable del grupo PAIDI (SEJ-468) ‘Valores, familia, Igualdad y relaciones Intergeneracionales’ y miembro de la Red Iberoamericana para el Estudio de la Violencia en la Adolescencia (RIEVA).  

¿En qué se centran sus investigaciones sobre el ciberbullying?

Dentro del grupo LISIS , en el que actualmente somos siete investigadores de la UPO y cinco doctorandos, las investigaciones sobre ciberbullying se centran en el análisis de las relaciones entre esta conducta y variables de los ámbitos individual, familiar, escolar, social y comunitario. Por ejemplo, investigamos sobre los aspectos familiares que se asocian con ser ciberagresor o cibervíctima, la importancia que tiene la soledad para explicar por qué un adolescente puede convertirse en cibervíctima, o la posible incidencia que un clima positivo en el aula puede tener en la prevalencia del ciberacoso.

¿Podría adelantarnos algunas de las últimas líneas hacia las que apuntan sus trabajos?

Aunque en general estamos investigando sobre la violencia y el ajuste en la adolescencia, ahora mismo estamos centrados en tres líneas. Una primera se centra en el perdón y la venganza y su relación con la conexión entre ser víctima y agresor. ¿Es el deseo de venganza una motivación que impulsa la conducta violenta, aunque no sea hacia el agresor? ¿Las víctimas también perdonan a sus agresores? ¿Qué efectos tienen ambas tendencias en agresores y víctimas? ¿Qué variables se asocian con el perdón? Todo ello incorporando la perspectiva de género, puesto que las relaciones entre iguales presentan particularidades diferentes en chicos y chicas.

Un segundo aspecto en el que estamos centrados es en la influencia de los estilos parentales o estilos educativos parentales en el ciberbullying, la cibervictimización y otras formas de violencia.

Por último, también estamos analizando el uso problemático de las redes sociales virtuales en la adolescencia, estudiamos las condiciones que deben darse para identificar casos de bullying.

¿Existen muchas diferencias entre el bullying y el ciberbullying?

Esta es una pregunta interesante. Este tipo de acoso a través de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación ha sido definido como un comportamiento agresivo, repetitivo y deliberado entre iguales, en el cual una persona o un grupo utiliza dispositivos electrónicos para maltratar a una víctima que no puede defenderse fácilmente por sí misma. Por ello, para algunos investigadores, el ciberbullying representa el mismo problema que el bullying solo que se realiza a través de Internet y dispositivos tecnológicos (‘new bottle but old wine’). De hecho, en las investigaciones se constata que hay un estrecho vínculo entre bullying y cyberbullying. Sin embargo, el cyberbullying tiene una serie de características que deben ser tenidas muy en cuenta.

¿Cuáles serían?

El anonimato del agresor, que favorece la impunidad e incrementa la indefensión y el desamparo en las víctimas, la amplitud de la audiencia y difusión masiva, de manera que las agresiones son de carácter más público, la imposibilidad de huir o evitar la agresión, que es lo que se conoce como ciberpresencia… Esa conducta de ciberviolencia se puede reproducir en cualquier lugar y momento, y, asociado con esto, la reproducción de la agresión ‘ad infinitu’.

¿Se podría decir que el ciberbullying es una forma de acoso más agresiva?

Podríamos decir que la persona que sufre ciberacoso no tiene descanso. No se siente ‘a salvo’ en ningún lugar y esto puede provocarle mucha ansiedad y desesperación. De hecho, según indican algunos estudios, los suicidios están más vinculados al ciberbullying que al bullying.

¿Los casos de ciberacoso quedan, por lo general, circunscritos a una edad en concreto?

Respecto a la edad, sí parece confirmarse que los episodios más frecuentes se dan en el primer ciclo de la ESO. Por ejemplo, en el informe de la Fundación ANAR de 2017, la edad media de las víctimas de cyberbullying se sitúa en torno a los 13,5 años y la edad media de inicio del ciberbullying es a los 12,2 años. Esta tendencia se constata también en el caso del bullying. No obstante, cabe destacar que este problema social se da en todos los niveles educativos y en universitarios. De hecho, hay investigaciones sobre esta conducta en estudiantes universitarios. También hay conductas de ciberacoso a profesorado y otros miembros de la comunidad educativa.

¿Qué papel juega y puede jugar la universidad en la erradicación de estas violencias?

La Universidad Pablo de Olavide está favoreciendo seminarios e investigaciones sobre el tema pero queda mucho trabajo todavía por hacer.  Hay cuatro grandes áreas interrelacionadas en las que las universidades en general, y la UPO, en particular puede hacer una gran contribución social: formación, investigación e innovación (I+D+i), sinergias con otros agentes implicados, además de difusión y divulgación. En el ámbito de la información, sería interesante incluir estos temas en materias del currículum, especialmente en algunos grados y en postgrados oficiales, para que el alumnado tenga conocimientos actualizados sobre estas problemáticas que van a tratar cuando inicien su carrera profesional. Esto se ha hecho, por ejemplo, en el Grado de Criminología. Respecto de la investigación, se puede incentivar desde la Universidad la investigación en este ámbito. En el ámbito de la conexión con agentes implicados o stakeholders, la Universidad es un escenario privilegiado para poder conectarnos con instituciones educativas, agentes sociales, spin-off, egresados emprendedores e incluso investigadores de diferentes áreas pero con intereses convergentes, fortaleciendo encuentros con estos agentes. Finalmente, la universidad también es un agente privilegiado para la difusión entre investigadores, alumnado etc., pero también la divulgación para llegar a personas interesadas ajenas al mundo universitario, fortaleciendo así la conexión entre la ciencia y la sociedad.

¿Qué iniciativas nacionales e internacionales podría destacar en el ámbito de la prevención del acoso y del ciberacoso?

La investigación sobre el bullying se inicia en los países escandinavos. De hecho, Olweuss, un investigador noruego es quien realiza los primeros trabajos y denomina este tipo de acoso como bullying. En este sentido, los primeros programas de intervención se llevaron a cabo en estos países. En la actualidad, es muy conocido el programa KIVA para la prevención del bullying. No obstante, en España también se están realizando programas cuya evidencia muestra que funcionan, como el Prev@cib en el que se interviene en acoso escolar y ciberacoso y se implica al profesorado.

Ha hecho mención al inicio de la entrevista a la perspectiva de género en estos casos de acoso. ¿Qué revelan los estudios de género sobre bullying y sobre ciberbullying?

Las estadísticas ofrecidas por la Fundación ANAR en 2017 indican que las mujeres son más proclives a ser cibervíctimas (65,6%) que los hombres (34,4%). Sin embargo, hay otros estudios en los que las diferencias no son signifcativas e incluso estudios en los que se observa una mayor cibervictimización en hombres. En el caso del bullying, la mayoría de trabajos apuntan que los chicos son víctimas con más frecuencia que las chicas, aunque también hay resultados dispares, por lo que tenemos que ser prudentes y, sobre todo, tener en cuenta cómo se ha pregunta o cómo se ha obtenido la información y qué se está midiendo específicamente. Por ejemplo, en muchas encuestas no se puede decir que se hable propiamente de bullying sino de violencia entre iguales.

¿Cómo se puede detectar a una víctima de bullying?

Nosotros podemos dar algunas pautas o claves pero es importante tener presente que hay que observar un conjunto de indicadores y no alarmarnos por el hecho de que un chico o una chica muestre alguno de manera aislada. También, es importante que se valore si esa señal es realmente un cambio de conducta o no. En general, algunas de las señales más alarmantes son las siguientes:

  1. Rechazo y miedo a asistir a la escuela (cuando no existía antes)
  2. Quejas recurrentes de dolores de estómago, de cabeza, especialmente antes de ir a la escuela.
  3. Ansiedad y nerviosismo excesivo. También tristeza.
  4. Dificultades para conciliar el sueño, enfermedades asociadas con la ansiedad.
  5. Dificultades para concentrarse y mantener la atención.
  6. Retraimiento social (el adolescente evita situaciones sociales como salir a la calle etc.)

¿Y en el caso de ciberbullying?

En el caso del ciberbullying, los síntomas son muy parecidos. Pero podemos incorporar algunos vinculados con los dispositivos electrónicos. Por ejemplo:

  1. Nerviosismo cuando suena el móvil o ante el dispositivo electrónico. Esto se evidencia en cambios de humor, sustos, etc.
  2. Sobresaltos exagerados cuando se entra en la habitación o se consulta el dispositivo electrónico.
  3. Abandono del móvil/ ordenador/ tablet o, al contrario, utilización excesiva del mismo.
  4. Retraimiento y aislamiento.

¿De qué manera pueden las familias ayudar si encuentran estos síntomas en casa?

Es muy importante tener una comunicación positiva y un ambiente o clima positivo. Cuando los adolescentes sienten que son escuchados, que no van a ser objeto de críticas o que no van a generar una alarma excesiva o un problema añadido es más probable que confíen a sus padres la situación que están viviendo.

Cuando los padres o madres sospechan o descubren que su hijo o hija es víctima de bullying o ciberbullying es importante mantener esta actitud de escucha y apoyo incondicional. También es importante mantener la calma y transmitir serenidad y seguridad.

 Paralelamente, los padres deben informar a la escuela y a las AMPAS para que se inicie el protocolo que debe implementarse en el centro educativo. De hecho, la participación de las familias en la escuela y la colaboración mutua son factores que ayudan notablemente a mejorar la convivencia escolar y prevenir estas situaciones. También, es importante transmitir a los hijos que no respondan a las agresiones y en el caso del ciberbullying, que guarden las evidencias como prueba, aunque no abran los mensajes y denunciar cuando sea posible.

Y, por supuesto, cuando la situación es de gravedad se puede notificar el caso a la Policía, Guardia Civil o Fiscalía.

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