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EXTREMADURA

El Capazo, la fiesta ancestral en Torre de Don Miguel, premia al fotoperiodista que la retrata

El peruano afincado en la región Jorge Armestar

Capazo Torre Don Miguel

La fiesta del Capazo Fotos Jorge Armestar

El Capazo -festividad ancestral que proviene de la tradición celtíbera en Torre de Don Miguel, Cáceres- sigue dando pasos para posicionarse como un referente de interés nacional gracias a las mezclas de costumbres y simbología de la tradición pagana y la católica, que coincide con los actos festivos de Nuestra Señora de la Bienvenida a finales del mes de abril.

La importancia que tiene esta festividad para la zona de Sierra de Gata es doble. Por un lado la de dinamizar la economía de la zona, principalmente vinculada al aceite y la gastronomía campesina, y por otro, la de dar a conocer una serie de costumbres ancestrales que corren el riesgo de extinguirse en las zonas de la sierra extremeña, donde existen falas y canciones de tradición popular que van perdiendo nexos generacionales debido a la creciente migración y la llegada de la globalización.

En este sentido, desde la organización de El Capazo han reconocido al fotoperiodista de origen peruano Jorge Armestar como una de las personalidades del año para la pequeña localidad cacereña, debido al constante apoyo y la curación de la muestra fotográfica ‘Fragmentos’, que resalta un enfoque más antropológico de este rito primitivo.

Jorge Armestar

El fotoperiodista Jorge Armestar

 Los organizadores de El Capazo entregaron cuatro premios más a otras personalidades o empresas que han destacado por su apoyo en categorías como la comunicación, el medio ambiente o personaje público, que este año recayó en la cantante Mireia Montávez, de la primera edición de Operación Triunfo.

La edición de este año estuvo centrada en la cultura del aceite, principalmente en la variedad de manzanilla cacereña, en la que se realizaron cuatro talleres para poner en valor las virtudes de este ‘oro amarillo’ que gana año tras año, más adeptos en la región.

Merece la pena destacar que el número de visitantes en la pasada edición llegó a los 1.500, triplicando al de pobladores ‘permanentes’ y recibiendo turismo de las zonas cercanas a Sierra de Gata, aunque también otros puntos más alejados de Salamanca.

Tradición y modernidad

El Capazo posee una fuerte tradición vinculada a elementos paganos como la tierra o el fuego, que con la llegada del cristianismo tras la reconquista cristiana aunó con la inclusión de imágenes católicas como la Virgen de Bienvenida. En la actualidad se celebra una semana después de Semana Santa, coincidiendo con el sábado siguiente al Domingo de Resurreción.

En la festividad, los jóvenes del pueblo marchan a la sierra para cortar un roble de unos cinco metros provisto de horcas para arrastrarlo a pies del templo de la población. Durante El Capazo, el muñidor con su tamboril y su gaita (flauta arcaica) aparece acompañado de las pacas (mujeres del pueblo ataviadas con un traje de la zona de El Rebollar de Salamanca) que esperan al Camuñas, digamos, el maestro de ceremonias de El Capazo.

Capazo Torre Miguel

El Camuñas

Este personaje recorre las calles con una piel de macho cabrío anudada a la cintura, varios cencerros, un saco de fardo sobre la cabeza y el rostro pintado de negro, llamando la atención de los capaceros casa por casa, los cuales ofrecen vino y viandas a toda la comitiva que lo acompaña.

Es el momento de realizar un recorrido por todas las bodegas de la zona, que arranca a las 10 de la mañana hasta las 12 horas de la noche. Al llegar a la plaza doce capaceros junto a doce niños realizan “el baile lunar” que tiene como objetivo simular las órbitas de la luna para llamar la atención del sol y que éste aparezca.

Tras terminar el ritual, el Camuñas lanza el capazo (esterilla de mimbre que era usada para prensar el aceite) ya prendido para convertir al roble en una tea de fuego.

El fuego es llevado al interior de la iglesia para encender doce cirios frente a la imagen de la Virgen de la Bienvenida, la cual velará por que los cultivos de ese año crezcan sanos y alimenten a toda la población.

Al finalizar se invita a todos los participantes e invitados a comer el tradicional ‘Sopetón’, un pan tostado con naranja, que se moja en el primer aceite de la almazara.

 

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