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EXTREMADURA

Opinión

Abortar a Casado

"La doble moral de la derecha nos empuja a reproducir un modelo que parecía ya vetusto y arcaico en la sociedad contemporánea; mujeres pobres abortando en sus casas con omeprazol conseguido en el mercado negro mientras otras ven garantizadas sus vidas previo pago en el mercado de la privatización"

Pablo Casado, portavoz del PP.

Pablo Casado EFE

Pablo Casado plantea derogar la ley del aborto para poder pagar las pensiones. Así como suena y sin despeinarse. El líder del PP es partidario de volver a la ley de supuestos aprobada en 1985.

Escudado en el índice de natalidad, propone como solución dejar sin efecto la ley de interrupción voluntaria del embarazo vigente y, de esta manera, anular un derecho que supuso uno de los mayores logros conseguidos por el movimiento feminista. He escuchado a Pablo Casado ponerse de ejemplo haciendo mención al nacimiento prematuro de su hijo e invitando al resto de población a ver diariamente ecografías; yo le invito a ponerse en el cuerpo de una mujer para que sepa los motivos que la llevan a optar en última instancia por un aborto.

Lo que pretende el señor Casado no es el aumento de población para asegurar las futura caja de pensiones, sino formular leyes restrictivas que suponen un retroceso en el avance de la civilización y, especialmente, en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Grandes filósofos y científicos llevan siglos intentado encontrar respuestas sobre el origen de la vida pero Pablo Casado ya ha decidido en nombre de las mujeres respecto a qué hacer con las suyas.

El comienzo de la existencia de la persona y el comienzo de la vida son conceptos diferentes: no le corresponde al Derecho definir el inicio de la vida. Cuando la ley se refiere a la persona humana, lo hace con fines civiles (régimen sucesorio, filiación).

El señor Casado parece estar más preocupado por el derecho a la vida de los no
natos - si es que eso tiene algún sentido- que de los derechos de los menores ya
nacidos.

En España hay en torno a 22.000 niños y adolescentes en situación de
desamparo y el 75% viven en centros de acogida y no en familias por el
desconocimiento del sistema y el miedo, en muchas ocasiones infundado, que tienen
los ciudadanos a un modelo que parece más complicado, conflictivo e inestable de lo
que es en realidad.

En el contexto penal, el abandono de niños se define como el abandono físico de un niño, pero también puede incluir el abandono emocional, como la falta de satisfacción de las necesidades básicas del niño. En un año se detectaron hasta 13.818 menores víctimas de 17.149 tipos de abuso.

En 8.088 casos el maltrato fue considerado leve o moderado, en 5.730 fue grave.
Señor Casado, ¿Cree usted estar en disposición de hacer un alegato en favor a la vida
cuando el estado es incapaz de velar y proteger a los menores en situación de
desamparo y abandono?

El Estado no puede dirimir sobre cuestiones metafísicas: no le corresponde a los
poderes legislar en base a la moral cristiana, a las creencias ni sobre experiencias
individuales, se trata de un ejercicio de responsabilidad civil y democrática que
asegure el derecho de todas las mujeres a decidir sobre su maternidad. La
maternidad se desea, no se impone, ni puede ser el mecanismo excusatorio para
justificar prejuicios de índole moral.

Que haya vida en el embrión, no significa que esa vida sea una persona ni que tenga la misma protección legal que alguien nacido/a vivo/a. La vida se protege de modo gradual e incremental.

El desarrollo de la sexualidad y la capacidad de procreación están directamente vinculados a la dignidad de la persona y al libre desarrollo de la personalidad y son objeto de protección a través de distintos derechos fundamentales, señaladamente, de aquellos que garantizan la integridad física y moral y la intimidad personal y familiar.

La decisión de tener hijos y cuándo tenerlos constituye uno de los asuntos más íntimos y personales que las personas afrontan a lo largo de sus vidas, que integra un ámbito esencial de la autodeterminación individual. Los poderes públicos están obligados a no interferir en ese tipo de decisiones, pero, también, deben establecer las condiciones para que se adopten de forma libre y responsable, poniendo al alcance de quienes lo precisen servicios de atención sanitaria, asesoramiento o formación.

La protección de este ámbito de autonomía personal tiene una singular significación para las mujeres, para quienes el embarazo y la maternidad son hechos que afectan profundamente a sus vidas en todos los sentidos. La especial relación de los derechos de las mujeres con la protección de la salud sexual y reproductiva ha sido puesta de manifiesto por diversos textos internacionales.

La necesidad de reforzar la seguridad jurídica en la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo ha sido enfatizada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en su sentencia de 20 de marzo de 2007 en la que se afirma, por un lado, que «en este tipo de situaciones las previsiones legales deben, en primer lugar y ante todo, asegurar la claridad de la posición jurídica de la mujer embarazada» y, por otro lado, que «una vez que el legislador decide permitir el aborto, no debe estructurar su marco legal de modo que se limiten las posibilidades reales de obtenerlo».

Pablo Casado dijo que no puede ser retrógrado estar a favor de la vida. Lo retrógrado no es estar a favor de la vida, sino estar a favor solo de algunas vidas, esa afirmación es falaz e hipócrita. Le digo las cifras de la vida: Se estima que más de 47.000 mujeres mueren cada año en el mundo en abortos inseguros debido a leyes como las que propone el líder popular.

No puede decir que está a favor de la vida cuando se defiende la muerte en la clandestinidad. Existe evidencia respecto de una gran cantidad de gestantes que deberían poder acceder a abortos legales y seguros, que terminan en el sistema clandestino. Esto ocurre por distintos motivos que responden a la dificultad estructural del Estado para garantizar los derechos sexuales y reproductivos: la mala fe de profesionales y funcionarios, el desconocimiento del derecho, la falta de información jurídica de los y las profesionales de la salud que temen una sanción penal, el abuso de la objeción de conciencia con tolerancia estatal, los comentarios reprobatorios del personal hospitalario, la violencia institucional contra las mujeres en estas situaciones, entre otras.

Estas intervenciones ilegales empujan a las gestantes a la clandestinidad.
¿Sabe Pablo Casado cómo abortan las mujeres en países donde existe la penalización del aborto o en aquellos que tienen leyes como la española del 84?: con perejil, con las tisanas de ruda, con sondas, con agujas de tejer o con perchas. ¿Se da cuenta del estado de desesperación al que puede llegar una mujer para poder abortar poniendo en peligro su propia vida?

No nos hable sobre el derecho a la vida a las mujeres porque en este país - el suyo también - se asesina a una mujer cada tres días. Primero garantice la vida de las que ya hemos nacido y luego hablamos de las supuestas vidas que están por llegar.

También he escuchado a Pablo Casado poner especial énfasis en el discurso contra ‘el populismo’ y la ‘corrección política’ de la izquierda; sin embargo, no ha dudado en ser populachero para defender su discurso moralista contra el aborto. Para ello acude a la premiada película ‘ Campeones’ dirigida por Javier Fesser y protagonizada por persona con discapacidad.

Utiliza el discurso que el actor de Campeones, Jesús Vidal, pronunció tras recibir el Goya a mejor actor revelación para justificar su intención de derogar la actual ley del aborto. Vidal aseguró que "sí querría tener un hijo como yo", a lo que Casado respondía : "Nos parece muy bien abortar a niños que tienen una discapacidad ecográfica vista y luego aplaudimos mucho a alguien por la historia de superación y el apoyo de su familia".

‘ Campeones’ no deja de ser una película comercial, superficial, buenista, populista y poco real; sin perspectiva de género ni de clase. ‘ Campeones’ esconde una realidad: una de cada tres mujeres con discapacidad sufren violencia machista - entre las múltiples violencias, embarazos no deseados producto de abusos sexuales - algo que obvia la película, de la misma manera que no visibiliza el sufrimiento, ni el trabajo de las familias - mayoritariamente las madres- que se ocupan del cuidado vinculado con la dependencia.

Tampoco veo a ningún protagonista morir mientras espera las ayudas de la ley de dependencia, ni una sola crítica respecto a las ayudas económicas irrisorias que no garantizan la dignidad de las personas con discapacidad ni de las cuidadoras y cuidadores que ven empobrecidas sus rentas y su calidad de vida. Eso es lo indigno, no el aborto, señor Casado.

Pablo Casado tiene que ser sincero: no quiere proteger vidas, quiere mujeres reproductoras fabricando futuros obreros y obreras que serán explotados por un sistema que sostiene y alimenta los partidos más conservadores y que solo garantiza la vida digna de una clase social y se comporta violentamente con las mujeres pobres.

La doble moral de la derecha nos empuja a reproducir un modelo que parecía ya vetusto y arcaico en la sociedad contemporánea; mujeres pobres abortando en sus casas con omeprazol conseguido en el mercado negro mientras otras ven garantizadas sus vidas previo pago en el mercado de la privatización. La utopía de Margaret Eleanor Atwood no parece ser tan utópica en la cabeza de algunos. No vamos a ceder ni un solo derecho más.

La derecha no va a dejar a nuestras hijas morir introduciéndose una percha de alambre por la vagina para abortar. El aborto se erradica poniendo en funcionamiento la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Se combate educando,
no prohibiendo.

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