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EXTREMADURA

“En Extremadura las primeras fosas se abrieron en 1978, fue un acto valiente”

La historiadora montijana Candela Chaves presenta su libro ‘Sentenciados: La represión franquista a través de la justicia militar y los consejos de guerra en la provincia de Badajoz 1937-1950’

“Un rumor servía para argumentar una acusación que terminaba en pena de muerte”, asegura

La historiadora Candela Chaves.

La historiadora Candela Chaves.

A su bisabuelo, que era de Bienvenida, lo fusilaron en Usagre en 1938. Ella se ha criado en una familia con esa herida siempre abierta y con la necesidad de encontrar respuestas a un dolor que no se va nunca y que ha vivido a través de su abuela. Su propio relato la llevó a investigar y ahora Candela Chaves (Montijo, 1982), doctora en Historia por la Universidad de Extremadura, ha convertido su tesis en el libro ‘Sentenciados: La represión franquista a través de la justicia militar y los consejos de guerra en la provincia de Badajoz 1937-1950’ (PREMHEX, 2015).

La obra estaba previsto que se presentara este miércoles en la Diputación de Badajoz, en un acto organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura.

-En su libro recoge que hubo casi 8.000 procesados por consejos de guerra en la provincia de Badajoz.
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Es una documentación que nunca acaba porque siempre hay nuevos testimonios. En total son 7.930 los procesados, de los que 2.146 son condenados a muerte, y de esos un 55% son ejecutados y el resto conmuta la pena por una reclusión mayor de 30 años. En cuanto a penas de reclusión sentenciadas como tal, hubo 4.529, la mayoría son penas intermedias, que van desde los 30 hasta los 12 años, y se aplican para los delitos más frecuentes como adhesión a la rebelión. Luego tenemos las absoluciones, que son 1.255, pero la absolución no está exenta de castigo, una persona que pasa por un consejo de guerra y es absuelto, no pasa a estar libre, sino que va por otro tipo de proceso judicial. Tenemos casos de gente que ha sido absuelta en consejo de guerra pero como ha militado en un partido político, termina en un batallón de trabajadores haciendo trabajos forzados. La absolución no es libertad.

-¿Hay un perfil de represaliado en la provincia de Badajoz?
-Una persona con cierta participación política en organizaciones y agrupaciones de izquierda (la agrupación política más represaliada fue la socialista), pero no sólo se reprimía a quienes tenían una implicación activa, también a quienes habían mostrado simpatía hacia las políticas republicanas. No obstante, la violencia fue también social, un 60-70% de los represaliados era gente de una clase muy determinada: campesinos, jornaleros, braceros… La de Badajoz fue, después de Sevilla, la provincia más afectada por la represión franquista.

-¿En qué estaban fundamentados los consejos de guerra?
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Es una de las cosas que más me ha impresionado de la investigación. Se hace por dos vías: a través de denuncias, declaraciones de testigos, que muchas veces son simples rumores que sirven para dar por probada una acusación que se exagera y que acaba en pena de muerte; y a través de informes policiales, que podían tener una razón política porque el acusado había militado en un partido. Obviamente la parte más dramática fueron las muertes, pero hubo una represión cotidiana en los pueblos más allá de las víctimas mortales que hizo que la sociedad estuviera callada. La aplicación de la justicia franquista, en la que no había ni derechos ni garantías, va conformando un aparato represivo que genera un trauma que sigue hoy vigente, de hecho, de ahí nace la fuerza de los movimientos de recuperación de la memoria histórica.

-¿Cómo empezó en Extremadura esa recuperación de la memoria histórica?
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Entre el 78 y el 81 en Extremadura se abren muchas fosas comunes por iniciativa de agrupaciones familiares que lo único que desean es recuperar los restos de sus seres queridos asesinados y darles una digna sepultura. En Montijo, por ejemplo, se abrieron dos fosas comunes entre el 79 y el 80 que estaban en el cementerio a raíz de una iniciativa de una agrupación familiar en consonancia con el Ayuntamiento. Y la experiencia fue similar en otros pueblos. Eso fue el inicio de la recuperación de la memoria histórica. Tres años después de la muerte de Franco y tras 40 años de horror y represión, las familias dicen: ahora es el momento de recuperar a nuestros seres queridos. Fue un acto valiente.

-¿Cómo vive una familia esa posibilidad de darle digna sepultura a sus seres queridos?
-Sienten un profundo agradecimiento. Jamás, jamás, he escuchado una palabra de venganza o una palabra mala. Las familias tienen una herida abierta que necesitan cerrar. No se abren heridas porque nunca se han cerrado, además, siempre se ha hecho con la máxima humildad y el respeto hacia todo. Para las familias sirve de catarsis porque puede cerrar ese duelo que aún permanece abierto porque no han podido velar el cuerpo. En muchos casos ocurría que a tu familiar un día se lo llevan de casa y nunca más volvías a saber de él.

-Está en marcha una Ley regional de Memoria Histórica, ¿en qué se debe insistir?
-No soy partidaria de eliminar lugares de memoria, sino de reconvertir esos lugares en memoria. Al igual que cuando la gente viaja a Alemania puede ir a campos de concentración y a centros de interpretación, aquí se debería hacer lo mismo. Se ha conseguido que el campo de concentración de Castuera sea declarado BIC (Bien de Interés Cultural), por ejemplo. Pero yo la tapia del cementerio de Badajoz la hubiera convertido en lugar en memoria con paneles explicativos que dijeran lo que allí pasó. También en Badajoz, con respecto a la ya desaparecida plaza de toros que ahora es el palacio de congresos, habría propuesto un pequeño centro de interpretación que sirviera para reivindicar la memoria y la historia de todos lo que murieron allí. La masacre de Badajoz no podemos olvidarla. Entre el 14 y el 18 de agosto, en solo cuatro días, se tiene constancia de que el alcance de la represión en Badajoz fue de 129 fusilados. Son las muertes inscritas en el registro civil, pero los testimonios hablan de más.

-Otro de los asuntos que está sobre la mesa es que se incluya dentro de los currículums educativos. ¿Hay mucho desconocimiento por parte de las nuevas generaciones?
-Hay quien no sabe ni quién era Franco. Creo que llevar a testimoniantes a dar charlas a los institutos sería muy fructífero. Ayudaría a entender que toda esa dictadura tan totalitaria y represiva durante 40 años y cómo se hizo la transición forma parte de nuestro presente. Las generaciones de la guerra y el Franquismo son aún memoria viva de cómo fue esa época: la migración a las ciudades, a Francia, a Alemania… Todo eso da pistas a los chavales para entender un poco cómo la España de hoy en día, cómo es la situación política, por ejemplo, o para entender la crisis de refugiados que estamos viviendo ahora.

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