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Kiriwina - Ana Tapia: varios microrrelatos.


Kiriwina- Ana Tapia portada

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El primer libro que leí de Ana Tapia (Almería, 1974) llamó mi atención. Era El polizón desnudo (El Gaviero, 2009), y en él mezclaba cuentos breves, leyendas y mitos en los que se apreciaba su formación como antropóloga. Ahora ha publicado un nuevo libro, en la editorial Fin de viaje. Kiriwina es una colección de microrrelatos muy interesante, imbuidos de un fantástico particular. Aquí se publican varios del centenar de micros que componen su nuevo libro.


Aldea pereza

 Un ejército de mercenarios invade Aldea Pereza. Ninguno de los nativos mueve un dedo por defender el hogar. Los mercenarios miran, incrédulos, cómo los vecinos dormitan al amparo de las sombras y bostezan ante la evidencia del saqueo. Sólo el alcalde consigue levantar un dedo tímidamente acusador ante los invasores, y balbuce unas palabras para decirles, básicamente, que la infección que padecen es contagiosa y muy rápida.

A los mercenarios no les da tiempo a comprender. Al poco, caen exhaustos bajo el peso de las arcas repletas de monedas.

Dentro de un tiempo, preocupado por su ausencia, el rey que contrató a los mercenarios enviará otra horda a Aldea Pereza  para averiguar qué ha ocurrido, y todo volverá a empezar.


El hundimiento del Queen Ludovico

 Este océano, en realidad, no es perverso. Este océano jamás permitirá que suframos demasiado. Nos hace sentir un frío azul que se nos cuela dentro, un frío que repta desde los pies hasta los labios, que tiemblan sin control. Es la naturaleza del océano, y sabemos que lo correcto sería rendirnos a él, a ese frío, pero de repente nos encontramos moviendo las piernas, como si quisiéramos correr hacia algún lugar lejos de esta zozobra. Somos como sirenas inexpertas dando coletazos, y será eso, precisamente, lo que atraerá, al fin, a los tiburones.

Miradlos, ahí están ya. Cuchillas que cortan el agua con la prisa del hambriento. Y como el océano no es –no puede ser– en realidad, perverso, sé que lo que tengan que hacer, lo harán deprisa.


SOS

 Recibió el siguiente SMS de su hermano:

«Por favor, ayuda. No puedo dejar de escribir microcuentos. Moriré aplastado bajo el peso de sus muchos cuerpecitos. Ha vencido la compulsión. Por si no nos volvemos a ver, adiós. Te quiere, tu hermano.


 Evidencias

 Hay alguien que me está soñando. Seguro. A qué vienen, si no, todos estos zapatos sucios de barro al pie de mi cama, y este cansancio inmenso de todas las mañanas.


Trauma


 Gregor Samsa no soportó ver cómo, en un mercado de Shanghai, la gente comía escarabajos rebozados y fritos en aceite de soja. Tuvo que escapar corriendo hacia su hotel, donde no pudo reprimir el vómito. Eso ocurrió mucho antes de su transformación.

 

Los nuevos límites

 Un mayordomo encontró al cuervo de Poe haciendo el amor con la zorra de la fábula. El hombre echó a correr, despavorido, hacia el pueblo. Cuando un suceso metaliterario se manifiesta de esta forma, sin ningún tipo de control, a continuación suele llegar el fin del mundo.





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