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La irreductible Rita Barberá resiste ahora y siempre a la justicia

Ignacio Escolar

Todo el grupo municipal del PP en Valencia está imputado por corrupción. ¿Todo? No. En un mullido sillón en el Senado, resiste ahora y siempre a la Justicia una “jefa”, Rita Barberá, con una poción mágica que le hace invencible: el aforamiento.

Todos los concejales del PP en Valencia –salvo Eusebio Monzó, que llegó a la lista en el último momento– están acusados de blanqueo. Usaron un método que la Policía denomina como “pitufar”: consiste en repartir en pequeñas cantidades una cifra mayor para así blanquearla, y que pase por debajo del radar. Los concejales y otros cargos del partido aportaron 1.000 euros como donativos al PP y recibieron a cambio otros 1.000 euros en negro, en dos billetes de 500 de origen ilegal. Así blanqueaba el dinero de las mordidas la caja B de Barberá, un dinero que no se remonta a la época de Bárcenas, sino que se movió hace menos de un año, durante la última campaña a las elecciones municipales. En esto consiste la “regeneración democrática” que enarbola el PP.

El número de imputados en el PP valenciano es tan amplio que ni siquiera con los suplentes van a poder cubrir las concejalías. Si no llega a ser por “la hostia” que se pegó en las urnas Rita Barberá, la tercera ciudad de España habría acabado intervenida por orden judicial, como la Marbella que dejó Jesús Gil.

El aforamiento de Rita Barberá ya le ha salvado de la justicia en otra ocasión. Ella y su amigo Francisco Camps se libraron del juicio del caso Nóos gracias a este privilegio. Iñaki Urdangarin se llevó 2,6 millones de las Islas Baleares y por eso Jaume Matas se enfrenta a 11 años de cárcel. Con los mismos métodos y las mismas empresas, la trama Nóos recaudó 3,6 millones de las administraciones valencianas, un millón más, pero ni Camps ni Barberá van a ser siquiera juzgados. Como ambos eran aforados –entonces, como diputados autonómicos–, el juez José Castro no los pudo imputar y tuvo que enviar su caso al Tribunal Superior de Justicia de Valencia, que no vio delito alguno. Casualmente, muchos de los jueces de este tribunal habían sido nombrados por el Partido Popular.

La fuerza invencible que da el aforamiento no llegó por casualidad. Es mérito del Partido Popular, de su apoyo, de su complicidad. Rita Barberá está en el Senado desde septiembre de 2015, dando lustre a esta inútil institución. Llegó a la Cámara Alta por designación autonómica, sin pasar por las urnas.

Cuando el partido que preside Mariano Rajoy envió allí a la derrotada exalcaldesa de Valencia, ya era evidente que algo olía muy mal alrededor de su gestión. No fue al Senado a pesar de las sospechas de corrupción, sino gracias a esas sospechas. Fue precisamente la certeza en las filas del PP de que este escándalo, más tarde o más temprano, iba a estallar lo que provocó su aforamiento por la vía rápida. Para eso sirve el Senado: para proteger de la justicia en un escaño a la nada honorable Rita Barberá.

Si Barberá es finalmente imputada, tendrá que ser el Tribunal Supremo quien se ocupe del asunto. Es una buena noticia para “la jefa” de la trama valenciana porque este tribunal no está especializado en delitos de corrupción y porque gran parte de sus magistrados han llegado allí gracias al Partido Popular. Por eso el aforamiento es tan eficaz: porque son los mismos jueces que han sido aupados por los partidos quienes juzgan los trapos sucios de esos mismos políticos que les promocionaron.

Rita Barberá no solo tiene el aforamiento de su lado. Barberá cuenta hoy con el mismo apoyo y la misma solidaridad entre compañeros que en su momento tuvo Luis Bárcenas –hasta que les traicionó–. O que Jaume Matas, que estuvo cobrando sobresueldos del partido después de dejar la política. O que Carlos Fabra, al que Rajoy respaldó cuando ya estaba imputado y las evidencias contra él eran ya palmarias. O que tantos y tantos más. El PP se distancia de Rita, pero no se plantea pedir que deje el escaño en el Senado. Con que “dé explicaciones” parece bastar.

Está por llegar el corrupto del Partido Popular al que Mariano Rajoy no quiera, “coño” –como a Alfonso Rus–, o no le desee fuerza –como a Luis Bárcenas–, que no crea que es “un político ejemplar” –como Carlos Fabra– o que no esté “absolutamente limpia” –como Rita Barberá–. Son frases del mismo presidente en funciones que no acaba de entender por qué, en todo el Parlamento, solo cuenta para su investidura con un único respaldo al margen del PP: el del diputado comisionista Gómez de la Serna, desde el grupo mixto.

Así que Rita, sé fuerte. Como le dijo Mariano Rajoy a la mujer de Luis Bárcenas, “la vida es resistir y que alguien te ayude. Tampoco hacen falta muchos”.

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