Entrevista Exciclista y comentarista de televisión

Perico Delgado, exciclista: “Ahora el profesional está mucho mejor preparado, pero ha perdido el alma de corredor”

Hubo un tiempo en el que, en ciclismo, el Tour de Francia (cuya centésima novena edición se inaugurará este viernes) se tomaba como la medida de todas las cosas. Entre nosotros ese patrón de calidad se sustentaba en solo dos nombres, Fede Bahamontes (1959) y Luis Ocaña (1973). Símbolos de un ciclismo tan heroico como pretérito, ese que no conocía ni el casco, ni los 'culottes' de lycra, ni el pulsómetro, ni los pedales automáticos, ni los cuadros en fibra de carbono.

Los conceptos básicos de la altimetría: el ciclismo y los puertos de montaña

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Toledano y conquense formaban un dúo dorado de ganadores históricos a los que, tras veintiséis años de espera, se sumó el de Pedro Delgado (Segvia, 1960), vencedor de la 'Grande Boucle' de 1989. El segoviano ya había ganado la Vuelta a España de 1985 y hecho segundo en el Tour de 1987, por lo que contaba con un gran tirón popular, por lo demás sustentado en un evidente gracejo.

Bisagra intergeneracional entre el ciclismo del pasado y el que presagiaba el futuro, su figura coincidió con una época de evolución en los materiales que usaba este deporte. Un tiempo en el que el ciclismo ganó gran popularidad en base a su incremento en minutos de retransmisión televisiva. La máquina a pedales se colaba así en todos los hogares, logrando grandes audiencias (recordemos el debut de Lagos de Covadonga en la Vuelta de 1983). Un espectáculo que seducía hasta a aquellos a los que la bici importaba un pimiento y, de paso, promovía su uso. Y así, casi sin darnos cuenta, llegó la preocupación por la seguridad vial y el conocimiento de los derechos del ciclista, de los que Delgado fue abanderado.

Comenzó a andar en bici a mediados de los 70. Por entonces había pocos ciclistas en la carretera, eran casi alienígenas.

Primero, no había hábito de hacer deporte. El deporte, sobre todo el fútbol, se reservaba para los chavales jóvenes y los pocos (en relación) adultos que competían. No había liguillas de hombres de 30 años como ahora. El ciclismo llegó más tarde a la popularidad y ello cuando empezaron a mejorar los desarrollos de las bicis. En mi época, cuando uno dejaba el ciclismo y quería seguir andando se encontraba con que tenía una bici de cuatro o cinco coronas, la máxima de dientes 21. Ya me contarás qué hacías con eso en recorridos de montaña, porque las fuerzas ya no eran las mismas que antes. Te desencantabas y lo dejabas. Hoy en día a gente va cumpliendo años y el esfuerzo en bici se hace cuesta arriba, pero por suerte llegan las bicis eléctricas y se vuelve a reenganchar al ciclismo.

Chicas ciclistas en los 70, ninguna, ¿no?

No, no, en Segovia no había chicas ciclistas y chavales, más bien pocos. Yo empecé con la bici cuando empezaron a funcionar las escuelas de ciclismo, en 1975. Éramos diez chavales en Segovia. A mí lo que me gustaba del ciclismo era que me permitía ir algún fin de semana a Ávila, otro a Valladolid, otro a Palencia. Me gustaba porque en aquellos tiempos yo no había salido de Segovia. En aquella época nadie viajaba. Un chiquillo como yo, sin medios, en un tiempo en que pocos tenían vehículo... Mi vida transcurría en el barrio. El ciclismo me abrió las puertas, la oportunidad de conocer otros lugares.

¿Tenía algún mito en cabeza por entonces?

Sí, el profesional del Kas Carlos Melero, que también es segoviano. Recuerdo que de chaval me lo encontraba por la carretera, entrenando, y era como ver a Dios. Me fijaba en su pedaleo, en cómo iba. ¿Ponerme a su rueda? Qué va, para mí iba muy rápido. No osaba ni dirigirle la palabra.

Por suerte, poco después llegó la revolución de los 80, que también afectó a la bici.

Sí, pero fue casi a finales de década, porque hasta entonces el ciclismo era un deporte que no había evolucionado grandemente. Estaba como hacía 25 años. Cuando se subieron los Lagos en la Vuelta a España de 1983, el piñón más grande era de 23 o 24 dientes. De la alimentación, decimos lo mismo. En la época, Bahamontes estaban obsesionados por coger azucarillos en los avituallamientos. En 1981, estando yo en aficionados, seguíamos con la misma herencia. Azucarillos en el bolsillo y a esperar que no lloviese, que se deshacían y te quedabas pringado. Y las bicis igual. Me decía mi amigo Julio Jiménez que su bici de 1966 pesaba 11,5 kg, la normal, pero que tenía otra ligera de 10 kg. Mi Pinarello del 82 pesaba 10 kg. O sea que en un plazo de dieciséis años solo se había aligerado un un kilo. Los maillots, más de lo mismo. Eran malísimos, muy gordos, de una fibra que te hacía pasar calor en verano y frío en invierno. 'Culottes' con badanas que te raspaban. Ni los profesionales teníamos buenas equipaciones. Recuerdo que te daban tres maillots de manga corta, tres de manga larga, tres 'culottes' y poco más podías tener, quizás unos manguitos y dos pares de guantes. Eso en la ropa, porque en la bici, la misma de carretera valía para crono. Si eras bueno te la adaptaban un poco; las ruedas, en vez de las normales, de 36 radios, te montaban una de 32 o de 28 y a rodar.

Un chiquillo como yo, sin medios, en un tiempo en que pocos tenían vehículo... Mi vida transcurría en el barrio. El ciclismo me abrió las puertas, la oportunidad de conocer otros lugares

Luego hubo muchas innovaciones. De todos los avances en la bici de estos tiempos, ¿con qué se queda?

Para mí, por orden, los avances máximos que ha tenido la bici desde entonces han sido los pedales automáticos, los cambios de velocidad en las manetas de freno y los cuadros de carbono. Es verdad que los desarrollos han mejorado en número de coronas y dentados, pero eso para mí ha sido una evolución lógica. Creo que los tres avances que he señalado han sido los más importantes. Con la fibra de carbono, por ejemplo, se fabrican ahora bicicletas más ligeras pero resistentes, cosa que no pasaba antes. Yo tuve una de las primeras bicis con cuadro de carbono, pero por entonces no eran nada fiables. Eran tubos cortados y encolados con lo que el cuadro transmitía muchas vibraciones. Ahora, sin embargo, son de una sola pieza, fortalecida en la zona del eje de pedalier para que absorba las vibraciones del terreno. Vamos, que no tienen nada que ver con aquellos primeros cuadros un tanto inseguros.

Aparte de eso, creo que lo que más ha cambiado en el mundo del ciclismo no son solo las bicis, sino las carreteras por las que se transita. ¡Qué carreteras había aquí a finales de los 70! En mi marcha, pasamos por el puerto de Navafría y algunos me dicen: “Jo, a ver cuándo arreglan esta carretera...”. Y todo porque no tiene un asfalto fino. Pienso yo: 'no seamos tan sibaritas que esto es una carretera de montaña. El estado de las carreteras ha mejorado mucho, por eso ahora se sacan las medias que se sacan. Ahora ya no hay ni los baches ni los agujeros de entonces, las bicis corren como un Ferrari y se pincha menos al estar el asfalto más cuidado'.

Una evolución que también ha afectado y grandemente, no solo a la preparación del ciclista profesional en cuanto a entrenos y alimentación, sino hasta la del cicloturista

Todo ha evolucionado siguiendo la estela de los profesionales: primero llegó el preparador físico, luego el médico deportivo y desde hace unos diez años aparecieron los dietistas. Se van afinando errores y se va mejorando un poco a poco.

Antes solo las grandes figuras del ciclismo podían contar con un médico o un nutricionista cerca de ellos, mientras que ahora se ha democratizado todo. Yo me concentraba en altura y lo pagaba de mi bolsillo y hoy en día cualquier equipo, por normalito que sea, paga ese tipo de estancias. ¿Que si el ciclismo ahora ha perdido alma? Creo que el ciclista profesional bueno de ahora mismo tiene demasiados consejeros que le calientan los oídos. Está el director deportivo, el entrenador, el dietista, el médico… Tiene demasiada gente encima que le aporta mucha información. Piensa demasiado en la ciencia, en los watios, en la cadencia, y no en que corre porque le gusta el ciclismo. Por eso creo que ahora el profesional está mucho mejor preparado, pero ha perdido esa alma de corredor, aunque hay algunos que la mantienen. Caso de Contador en su día y hoy Pogacar. Hombres que utilizan o han utilizado como simple 'herramienta' toda esa información de la que hablábamos, pero que luego actúan con total libertad. 

Profesionales, dicho sea de paso, más pulidos que los de entonces.

Hombre, está claro que hoy en día el ciclista está más cuidado y con mayor preparación que en mi época, un tiempo que fue de transición. Yo empecé como profesional en el 82: dabas pedales y ya está. Luego en el 84, Moser bate el récord de la hora con rueda lenticular y ya en 1985 empiezan a aparecer las bicis de 'cabra', los estudios aerodinámicos y el pedal automático. Al año siguiente, en 1986, cuando yo estaba en el equipo neerlandés PDM, tuve mi primer pulsómetro Polar inalámbrico, porque ya había un Casio que llevaba una cinta con cable hasta el reloj. Creo que fui un privilegiado, tal vez el primer ciclista español que empezó a trabajar con pulsómetro, cosa que se estandarizó en 1989 cuando ya había muchos Polar en el pelotón español.

Sobre el 85 o el 86 aparecieron los cuentakilómetros y en el 88 llegaron los Avocet, algunos de ellos con cadencia. Entonces en 1988 yo entrenaba ya con pulsómetro, medidor de cadencia y cuentakilómetros y claro que cometíamos errores. Recuerdo una anécdota de Fignon en el Tour. En una etapa hizo un resultado malísimo y luego echaba pestes del pulsómetro. Resulta que le había dicho su preparador que tenía que ir a 175 pulsaciones, pero sin referencias de que él podría haber ido a 185. Entonces hizo la cronometrada respetando las pulsaciones que le indicaron, pero no las que podía y debía rodar. Vamos, que iba frenado. Ese era nuestro ciclismo, de adaptación a las innovaciones que iban llegado y por lo tanto de ensayo-error, ensayo-acierto.

Para mí, por orden, los avances máximos que ha tenido la bici han sido los pedales automáticos, los cambios de velocidad en las manetas de freno y los cuadros de carbono

Hoy vivimos un ciclismo de tecnología casi futurista, pero sin niños en las escuelas de ciclismo. El ciclismo es más popular que nunca, pero tiene que pelear por entornos urbanos que no le son favorables.

Claro, ahora hay infinitamente más riesgo al andar en bici por carretera que el que había en mi época. Hay demasiados automóviles y otro gran problema es que hay menos carreras porque los permisos necesarios para organizarlas no son fáciles y más en las grandes ciudades como Madrid, en las que en mi época, tanto de juvenil como de aficionado, siempre había alguna carrera los fines de semana. Hoy eso es excepcional. Hay tanto tráfico que la DGT no lo pone fácil y a la hora de realizar cualquier evento ciclista todo son pegas. Paradoja: mucha más gente andando en bici por la carretera, pero a la hora de organizar una simple marcha cicloturista son todo dificultades.

¿La percepción del ciudadano es que la bicicleta es una molestia que va por la carretera y que no respeta los semáforos y se salta los pasos de cebra?

Se nos vende como que la bici muy bien, excepcional, pero luego se quiere a las bicis fuera de la carretera. Tengo la percepción de que a nivel de ayuntamientos se están haciendo cosas, pero la respuesta ciudadana es poca. Y es que en España estamos acostumbrados a quejarnos por todo. Antes hacías una carrera, cerrabas la calle y no pasaba nada; ahora te denuncian. Nos hemos vuelto un poco intolerantes, egoístas. No somos capaces de esperar cinco minutos para que pase una carrera o una marcha. ¿Las bicicletas? Sí, muy bien, estupendas, pero a mí que no me molesten cuando voy en mi coche. Es un tema de cultura, de mentalidad.

Mira, yo estuve muchos años en el Consejo Superior de Tráfico (era el representante de las Organizaciones Ciclistas) y hablaba a menudo con Fomento. Siempre que desdoblaban una carretera o autovía, les decíamos: “A ver, ya que os gastáis el dinero en hacer una carretera, pues al tiempo haced una vía de servicio para los ciclistas”. Y es que a veces no había casi ni que gastar, sino que se podía reutilizar el trazado de la carretera vieja, que de todas formas había que mantener útil. Pero nada. Solo miraban a favor del automóvil, y peor aún cuando las obras eran en una zona rural. Te hacían una autovía y eso supone un muro que corta el camino a la bici o a los tractores, una muralla que te obliga a hacerte 10 o 20 kilómetros para buscar un túnel o un puente para poder pasar al otro lado“.

Curiosamente su figura siempre ha estado ligada a la protección del ciclista, cosa no muy habitual entre tus antiguos compañeros de profesión. ¿Por qué?

No lo sé. Hay momentos en los que te tienes que involucrar. Son cosas que surgen. Yo estaba en el Consejo Superior de Tráfico y me salí en 2010, rebotado porque veía que me tomaban el pelo. Aprobaban cosas que iban contra el ciclista y decían que en el grupo de ciclismo está Pedro Delgado y que era con el beneplácito mío. ¡Si nosotros estamos en contra de todo lo que están aprobando! Y me fui por eso, pero seguí y sigo trabajando en la sombra en el tema de la seguridad vial.

¿Es optimista en el trato con la Administración? ¿Cree que en este campo hay verdaderos avances o es pura cosmética?

Creo que sí, que hay ganas de hacer cosas, pero luego uno se topa con cosas… Te dicen que van a hacer un carril bici y… Mira, en Madrid llevan diciendo quince años que van a hacer un carril bici por la Castellana y todavía nada, porque las agrupaciones vecinales están en contra. Hablas con el Ayuntamiento de Madrid y te dicen que está aprobado, pero luego denuncia uno, denuncia otro y la cosa se atrasa años. Hay cambio de gobierno y el tema se arrincona. Tocas la puerta y te dicen: “Sí, sí lo vamos a poner en marcha”, y ahí se queda… Es complejo. En el tema de la bici creo que, aunque hay muchos más coches que antes, se nos respeta ahora más que hace diez años. No quita que haya el zumbado clásico, agobiado con el mundo, que te pasa por encima aún teniendo espacio suficiente para ir por la carretera.

Al menos parece que se incrementa con cierta profusión el número de kilómetros de carriles bici de que disfrutamos.

Sí, pero los carriles bici hay que hacerlos con sentido, porque he visto verdaderas aberraciones; uno en concreto en que querían hacer un murete de ladrillo que separase el arcén ciclable de la carretera. Hubo que hacerles ver que era peligroso, que dificultaba el adelantar y el rodar de a dos, y ya ni te cuento si sale la típica peña ciclista. Ese murete hace imposible que un grupito ruede cerrado en metro y medio de espacio, porque si te viene alguien de frente, o hay un ciclista que quiere librar una simple piedra y gira un poco su trayectoria, ya está liada, porque el murete te impide salvar la colisión y salir a ala carretera.

Ocurre que ahora han dado mucho dinero de la Unión Europea para hacer carriles bici, y claro, los Ayuntamientos dicen: “Vamos a hacer un carril bici y así tenemos una ciudad moderna”. Y van y te lo hacen donde caiga. Hace años, cuando yo estaba en el Consejo Superior de Tráfico, se pidió a la DGT que crease un grupo (como ya hay en Francia) que centralizase y estudiase todas las medidas y obras relativas a los carriles bici, para así evitar que hubiera algunos tan mal hechos. Pues bien, hace un año estuve con José Luis Ábalos, el que fuese ministro de Fomento (2019-2020) y hablando de un proyecto de estos, me dijo que iba para adelante. ¿Qué pasó? Que Ábalos ya no está y los que le han sucedido se han cargado el proyecto. Hay cosas que se están haciendo bien, pero otras…

En el tema de la bici creo que, aunque hay muchos más coches que antes, se nos respeta ahora más que hace diez años

Para terminar, unas preguntas más ligeras. ¿Es Pedro Delgado un ciclista 'moderno'? ¿Está a la última? Tiene Strava, hace 'bikepacking' o rutas de alforjas? ¿Tiene una bicicleta eléctrica?

No sigo todas las novedades en modas y accesorios, porque hay tantas que me desbordan y además algunas son solo maquillajes de cosas antiguas. ¿Strava? Tengo desde hace diez años, pero no he colgado ni una sola ruta. Lo curioso es que de vez en cuando me sale: Pepito Pérez te sigue. Y me digo: pues vas bien, porque no cuelgo nada. Eso de pasar las rutas... Yo hago la ruta y la borro. 

Sí he hecho algo de MTB, la Marruecos On Bike, y también ciclismo vintage, que me gusta con medida, dosificando. En 2012 estuve en la que para mí es la prueba número uno con diferencia, que es la Eroica de Italia, y luego he participado en la primera Eroica Hispania (2015), que se hizo en Cenicero, en La Rioja; y en La Histórica de Abejar, en Soria, en 2016. 

De la bici eléctrica puedo decirte que soy un usuario potencial. En unos años la tendré para los 'Perico puertos' o las 'Perico bajadas', me da igual. Tengo muchos amigos que montaban en bici sin ser grandes deportistas y se borraron porque decían que se veían muy mayores. De pronto se compraron una bici eléctrica y están super emocionados. Quieren quedar todos los domingos para salir. La 'e-bike' ha venido para quedarse y no solo para la movilidad urbana, sino que donde mejor funciona es en el tema ocio. Yo me veo usuario de la bici eléctrica cuando me toque. Todo suma, se ganan practicantes y cada cual disfruta a su manera.

A nivel anécdota te diré que, a veces, algunos me tocan las narices con las 'e-bike'. Te cuento: en una marcha cicloturista, el año pasado en Granada, voy subiendo un puerto, chino chano, destrozado, cuando de repente se me acerca un hombre de unos 80 años en bici eléctrica: “¡Coño, Perico! ¿Qué pasa?”. ¡Me dio una charla que para qué! Yo iba cada vez más despacio para ver si se despegaba, pero a él (claro) le daba igual. Apretaba yo, y él apretaba más. Ralentizaba yo y él también, con la diferencia de que se solo tenía que mover el puño para ganar luego velocidad… Entonces sí que pensé que las bicicletas eléctricas tenían que estar prohibidas… Pero fíjate, ese hombre estaba ahí con 80 años, y si no fuese por la bici eléctrica no estaría“.

¿Te ha gustado esta entrevista? Puedes encontrar más en este enlace; estas son algunas sugerencias:

Hubo un tiempo en el que, en ciclismo, el Tour de Francia (cuya centésima novena edición se inaugurará este viernes) se tomaba como la medida de todas las cosas. Entre nosotros ese patrón de calidad se sustentaba en solo dos nombres, Fede Bahamontes (1959) y Luis Ocaña (1973). Símbolos de un ciclismo tan heroico como pretérito, ese que no conocía ni el casco, ni los 'culottes' de lycra, ni el pulsómetro, ni los pedales automáticos, ni los cuadros en fibra de carbono.

Los conceptos básicos de la altimetría: el ciclismo y los puertos de montaña

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Toledano y conquense formaban un dúo dorado de ganadores históricos a los que, tras veintiséis años de espera, se sumó el de Pedro Delgado (Segvia, 1960), vencedor de la 'Grande Boucle' de 1989. El segoviano ya había ganado la Vuelta a España de 1985 y hecho segundo en el Tour de 1987, por lo que contaba con un gran tirón popular, por lo demás sustentado en un evidente gracejo.

Bisagra intergeneracional entre el ciclismo del pasado y el que presagiaba el futuro, su figura coincidió con una época de evolución en los materiales que usaba este deporte. Un tiempo en el que el ciclismo ganó gran popularidad en base a su incremento en minutos de retransmisión televisiva. La máquina a pedales se colaba así en todos los hogares, logrando grandes audiencias (recordemos el debut de Lagos de Covadonga en la Vuelta de 1983). Un espectáculo que seducía hasta a aquellos a los que la bici importaba un pimiento y, de paso, promovía su uso. Y así, casi sin darnos cuenta, llegó la preocupación por la seguridad vial y el conocimiento de los derechos del ciclista, de los que Delgado fue abanderado.

Comenzó a andar en bici a mediados de los 70. Por entonces había pocos ciclistas en la carretera, eran casi alienígenas.

Primero, no había hábito de hacer deporte. El deporte, sobre todo el fútbol, se reservaba para los chavales jóvenes y los pocos (en relación) adultos que competían. No había liguillas de hombres de 30 años como ahora. El ciclismo llegó más tarde a la popularidad y ello cuando empezaron a mejorar los desarrollos de las bicis. En mi época, cuando uno dejaba el ciclismo y quería seguir andando se encontraba con que tenía una bici de cuatro o cinco coronas, la máxima de dientes 21. Ya me contarás qué hacías con eso en recorridos de montaña, porque las fuerzas ya no eran las mismas que antes. Te desencantabas y lo dejabas. Hoy en día a gente va cumpliendo años y el esfuerzo en bici se hace cuesta arriba, pero por suerte llegan las bicis eléctricas y se vuelve a reenganchar al ciclismo.

Chicas ciclistas en los 70, ninguna, ¿no?

No, no, en Segovia no había chicas ciclistas y chavales, más bien pocos. Yo empecé con la bici cuando empezaron a funcionar las escuelas de ciclismo, en 1975. Éramos diez chavales en Segovia. A mí lo que me gustaba del ciclismo era que me permitía ir algún fin de semana a Ávila, otro a Valladolid, otro a Palencia. Me gustaba porque en aquellos tiempos yo no había salido de Segovia. En aquella época nadie viajaba. Un chiquillo como yo, sin medios, en un tiempo en que pocos tenían vehículo... Mi vida transcurría en el barrio. El ciclismo me abrió las puertas, la oportunidad de conocer otros lugares.

¿Tenía algún mito en cabeza por entonces?

Sí, el profesional del Kas Carlos Melero, que también es segoviano. Recuerdo que de chaval me lo encontraba por la carretera, entrenando, y era como ver a Dios. Me fijaba en su pedaleo, en cómo iba. ¿Ponerme a su rueda? Qué va, para mí iba muy rápido. No osaba ni dirigirle la palabra.

Por suerte, poco después llegó la revolución de los 80, que también afectó a la bici.

Sí, pero fue casi a finales de década, porque hasta entonces el ciclismo era un deporte que no había evolucionado grandemente. Estaba como hacía 25 años. Cuando se subieron los Lagos en la Vuelta a España de 1983, el piñón más grande era de 23 o 24 dientes. De la alimentación, decimos lo mismo. En la época, Bahamontes estaban obsesionados por coger azucarillos en los avituallamientos. En 1981, estando yo en aficionados, seguíamos con la misma herencia. Azucarillos en el bolsillo y a esperar que no lloviese, que se deshacían y te quedabas pringado. Y las bicis igual. Me decía mi amigo Julio Jiménez que su bici de 1966 pesaba 11,5 kg, la normal, pero que tenía otra ligera de 10 kg. Mi Pinarello del 82 pesaba 10 kg. O sea que en un plazo de dieciséis años solo se había aligerado un un kilo. Los maillots, más de lo mismo. Eran malísimos, muy gordos, de una fibra que te hacía pasar calor en verano y frío en invierno. 'Culottes' con badanas que te raspaban. Ni los profesionales teníamos buenas equipaciones. Recuerdo que te daban tres maillots de manga corta, tres de manga larga, tres 'culottes' y poco más podías tener, quizás unos manguitos y dos pares de guantes. Eso en la ropa, porque en la bici, la misma de carretera valía para crono. Si eras bueno te la adaptaban un poco; las ruedas, en vez de las normales, de 36 radios, te montaban una de 32 o de 28 y a rodar.

Un chiquillo como yo, sin medios, en un tiempo en que pocos tenían vehículo... Mi vida transcurría en el barrio. El ciclismo me abrió las puertas, la oportunidad de conocer otros lugares

Luego hubo muchas innovaciones. De todos los avances en la bici de estos tiempos, ¿con qué se queda?

Para mí, por orden, los avances máximos que ha tenido la bici desde entonces han sido los pedales automáticos, los cambios de velocidad en las manetas de freno y los cuadros de carbono. Es verdad que los desarrollos han mejorado en número de coronas y dentados, pero eso para mí ha sido una evolución lógica. Creo que los tres avances que he señalado han sido los más importantes. Con la fibra de carbono, por ejemplo, se fabrican ahora bicicletas más ligeras pero resistentes, cosa que no pasaba antes. Yo tuve una de las primeras bicis con cuadro de carbono, pero por entonces no eran nada fiables. Eran tubos cortados y encolados con lo que el cuadro transmitía muchas vibraciones. Ahora, sin embargo, son de una sola pieza, fortalecida en la zona del eje de pedalier para que absorba las vibraciones del terreno. Vamos, que no tienen nada que ver con aquellos primeros cuadros un tanto inseguros.

Aparte de eso, creo que lo que más ha cambiado en el mundo del ciclismo no son solo las bicis, sino las carreteras por las que se transita. ¡Qué carreteras había aquí a finales de los 70! En mi marcha, pasamos por el puerto de Navafría y algunos me dicen: “Jo, a ver cuándo arreglan esta carretera...”. Y todo porque no tiene un asfalto fino. Pienso yo: 'no seamos tan sibaritas que esto es una carretera de montaña. El estado de las carreteras ha mejorado mucho, por eso ahora se sacan las medias que se sacan. Ahora ya no hay ni los baches ni los agujeros de entonces, las bicis corren como un Ferrari y se pincha menos al estar el asfalto más cuidado'.

Una evolución que también ha afectado y grandemente, no solo a la preparación del ciclista profesional en cuanto a entrenos y alimentación, sino hasta la del cicloturista

Todo ha evolucionado siguiendo la estela de los profesionales: primero llegó el preparador físico, luego el médico deportivo y desde hace unos diez años aparecieron los dietistas. Se van afinando errores y se va mejorando un poco a poco.

Antes solo las grandes figuras del ciclismo podían contar con un médico o un nutricionista cerca de ellos, mientras que ahora se ha democratizado todo. Yo me concentraba en altura y lo pagaba de mi bolsillo y hoy en día cualquier equipo, por normalito que sea, paga ese tipo de estancias. ¿Que si el ciclismo ahora ha perdido alma? Creo que el ciclista profesional bueno de ahora mismo tiene demasiados consejeros que le calientan los oídos. Está el director deportivo, el entrenador, el dietista, el médico… Tiene demasiada gente encima que le aporta mucha información. Piensa demasiado en la ciencia, en los watios, en la cadencia, y no en que corre porque le gusta el ciclismo. Por eso creo que ahora el profesional está mucho mejor preparado, pero ha perdido esa alma de corredor, aunque hay algunos que la mantienen. Caso de Contador en su día y hoy Pogacar. Hombres que utilizan o han utilizado como simple 'herramienta' toda esa información de la que hablábamos, pero que luego actúan con total libertad. 

Profesionales, dicho sea de paso, más pulidos que los de entonces.

Hombre, está claro que hoy en día el ciclista está más cuidado y con mayor preparación que en mi época, un tiempo que fue de transición. Yo empecé como profesional en el 82: dabas pedales y ya está. Luego en el 84, Moser bate el récord de la hora con rueda lenticular y ya en 1985 empiezan a aparecer las bicis de 'cabra', los estudios aerodinámicos y el pedal automático. Al año siguiente, en 1986, cuando yo estaba en el equipo neerlandés PDM, tuve mi primer pulsómetro Polar inalámbrico, porque ya había un Casio que llevaba una cinta con cable hasta el reloj. Creo que fui un privilegiado, tal vez el primer ciclista español que empezó a trabajar con pulsómetro, cosa que se estandarizó en 1989 cuando ya había muchos Polar en el pelotón español.

Sobre el 85 o el 86 aparecieron los cuentakilómetros y en el 88 llegaron los Avocet, algunos de ellos con cadencia. Entonces en 1988 yo entrenaba ya con pulsómetro, medidor de cadencia y cuentakilómetros y claro que cometíamos errores. Recuerdo una anécdota de Fignon en el Tour. En una etapa hizo un resultado malísimo y luego echaba pestes del pulsómetro. Resulta que le había dicho su preparador que tenía que ir a 175 pulsaciones, pero sin referencias de que él podría haber ido a 185. Entonces hizo la cronometrada respetando las pulsaciones que le indicaron, pero no las que podía y debía rodar. Vamos, que iba frenado. Ese era nuestro ciclismo, de adaptación a las innovaciones que iban llegado y por lo tanto de ensayo-error, ensayo-acierto.

Para mí, por orden, los avances máximos que ha tenido la bici han sido los pedales automáticos, los cambios de velocidad en las manetas de freno y los cuadros de carbono

Hoy vivimos un ciclismo de tecnología casi futurista, pero sin niños en las escuelas de ciclismo. El ciclismo es más popular que nunca, pero tiene que pelear por entornos urbanos que no le son favorables.

Claro, ahora hay infinitamente más riesgo al andar en bici por carretera que el que había en mi época. Hay demasiados automóviles y otro gran problema es que hay menos carreras porque los permisos necesarios para organizarlas no son fáciles y más en las grandes ciudades como Madrid, en las que en mi época, tanto de juvenil como de aficionado, siempre había alguna carrera los fines de semana. Hoy eso es excepcional. Hay tanto tráfico que la DGT no lo pone fácil y a la hora de realizar cualquier evento ciclista todo son pegas. Paradoja: mucha más gente andando en bici por la carretera, pero a la hora de organizar una simple marcha cicloturista son todo dificultades.

¿La percepción del ciudadano es que la bicicleta es una molestia que va por la carretera y que no respeta los semáforos y se salta los pasos de cebra?

Se nos vende como que la bici muy bien, excepcional, pero luego se quiere a las bicis fuera de la carretera. Tengo la percepción de que a nivel de ayuntamientos se están haciendo cosas, pero la respuesta ciudadana es poca. Y es que en España estamos acostumbrados a quejarnos por todo. Antes hacías una carrera, cerrabas la calle y no pasaba nada; ahora te denuncian. Nos hemos vuelto un poco intolerantes, egoístas. No somos capaces de esperar cinco minutos para que pase una carrera o una marcha. ¿Las bicicletas? Sí, muy bien, estupendas, pero a mí que no me molesten cuando voy en mi coche. Es un tema de cultura, de mentalidad.

Mira, yo estuve muchos años en el Consejo Superior de Tráfico (era el representante de las Organizaciones Ciclistas) y hablaba a menudo con Fomento. Siempre que desdoblaban una carretera o autovía, les decíamos: “A ver, ya que os gastáis el dinero en hacer una carretera, pues al tiempo haced una vía de servicio para los ciclistas”. Y es que a veces no había casi ni que gastar, sino que se podía reutilizar el trazado de la carretera vieja, que de todas formas había que mantener útil. Pero nada. Solo miraban a favor del automóvil, y peor aún cuando las obras eran en una zona rural. Te hacían una autovía y eso supone un muro que corta el camino a la bici o a los tractores, una muralla que te obliga a hacerte 10 o 20 kilómetros para buscar un túnel o un puente para poder pasar al otro lado“.

Curiosamente su figura siempre ha estado ligada a la protección del ciclista, cosa no muy habitual entre tus antiguos compañeros de profesión. ¿Por qué?

No lo sé. Hay momentos en los que te tienes que involucrar. Son cosas que surgen. Yo estaba en el Consejo Superior de Tráfico y me salí en 2010, rebotado porque veía que me tomaban el pelo. Aprobaban cosas que iban contra el ciclista y decían que en el grupo de ciclismo está Pedro Delgado y que era con el beneplácito mío. ¡Si nosotros estamos en contra de todo lo que están aprobando! Y me fui por eso, pero seguí y sigo trabajando en la sombra en el tema de la seguridad vial.

¿Es optimista en el trato con la Administración? ¿Cree que en este campo hay verdaderos avances o es pura cosmética?

Creo que sí, que hay ganas de hacer cosas, pero luego uno se topa con cosas… Te dicen que van a hacer un carril bici y… Mira, en Madrid llevan diciendo quince años que van a hacer un carril bici por la Castellana y todavía nada, porque las agrupaciones vecinales están en contra. Hablas con el Ayuntamiento de Madrid y te dicen que está aprobado, pero luego denuncia uno, denuncia otro y la cosa se atrasa años. Hay cambio de gobierno y el tema se arrincona. Tocas la puerta y te dicen: “Sí, sí lo vamos a poner en marcha”, y ahí se queda… Es complejo. En el tema de la bici creo que, aunque hay muchos más coches que antes, se nos respeta ahora más que hace diez años. No quita que haya el zumbado clásico, agobiado con el mundo, que te pasa por encima aún teniendo espacio suficiente para ir por la carretera.

Al menos parece que se incrementa con cierta profusión el número de kilómetros de carriles bici de que disfrutamos.

Sí, pero los carriles bici hay que hacerlos con sentido, porque he visto verdaderas aberraciones; uno en concreto en que querían hacer un murete de ladrillo que separase el arcén ciclable de la carretera. Hubo que hacerles ver que era peligroso, que dificultaba el adelantar y el rodar de a dos, y ya ni te cuento si sale la típica peña ciclista. Ese murete hace imposible que un grupito ruede cerrado en metro y medio de espacio, porque si te viene alguien de frente, o hay un ciclista que quiere librar una simple piedra y gira un poco su trayectoria, ya está liada, porque el murete te impide salvar la colisión y salir a ala carretera.

Ocurre que ahora han dado mucho dinero de la Unión Europea para hacer carriles bici, y claro, los Ayuntamientos dicen: “Vamos a hacer un carril bici y así tenemos una ciudad moderna”. Y van y te lo hacen donde caiga. Hace años, cuando yo estaba en el Consejo Superior de Tráfico, se pidió a la DGT que crease un grupo (como ya hay en Francia) que centralizase y estudiase todas las medidas y obras relativas a los carriles bici, para así evitar que hubiera algunos tan mal hechos. Pues bien, hace un año estuve con José Luis Ábalos, el que fuese ministro de Fomento (2019-2020) y hablando de un proyecto de estos, me dijo que iba para adelante. ¿Qué pasó? Que Ábalos ya no está y los que le han sucedido se han cargado el proyecto. Hay cosas que se están haciendo bien, pero otras…

En el tema de la bici creo que, aunque hay muchos más coches que antes, se nos respeta ahora más que hace diez años

Para terminar, unas preguntas más ligeras. ¿Es Pedro Delgado un ciclista 'moderno'? ¿Está a la última? Tiene Strava, hace 'bikepacking' o rutas de alforjas? ¿Tiene una bicicleta eléctrica?

No sigo todas las novedades en modas y accesorios, porque hay tantas que me desbordan y además algunas son solo maquillajes de cosas antiguas. ¿Strava? Tengo desde hace diez años, pero no he colgado ni una sola ruta. Lo curioso es que de vez en cuando me sale: Pepito Pérez te sigue. Y me digo: pues vas bien, porque no cuelgo nada. Eso de pasar las rutas... Yo hago la ruta y la borro. 

Sí he hecho algo de MTB, la Marruecos On Bike, y también ciclismo vintage, que me gusta con medida, dosificando. En 2012 estuve en la que para mí es la prueba número uno con diferencia, que es la Eroica de Italia, y luego he participado en la primera Eroica Hispania (2015), que se hizo en Cenicero, en La Rioja; y en La Histórica de Abejar, en Soria, en 2016. 

De la bici eléctrica puedo decirte que soy un usuario potencial. En unos años la tendré para los 'Perico puertos' o las 'Perico bajadas', me da igual. Tengo muchos amigos que montaban en bici sin ser grandes deportistas y se borraron porque decían que se veían muy mayores. De pronto se compraron una bici eléctrica y están super emocionados. Quieren quedar todos los domingos para salir. La 'e-bike' ha venido para quedarse y no solo para la movilidad urbana, sino que donde mejor funciona es en el tema ocio. Yo me veo usuario de la bici eléctrica cuando me toque. Todo suma, se ganan practicantes y cada cual disfruta a su manera.

A nivel anécdota te diré que, a veces, algunos me tocan las narices con las 'e-bike'. Te cuento: en una marcha cicloturista, el año pasado en Granada, voy subiendo un puerto, chino chano, destrozado, cuando de repente se me acerca un hombre de unos 80 años en bici eléctrica: “¡Coño, Perico! ¿Qué pasa?”. ¡Me dio una charla que para qué! Yo iba cada vez más despacio para ver si se despegaba, pero a él (claro) le daba igual. Apretaba yo, y él apretaba más. Ralentizaba yo y él también, con la diferencia de que se solo tenía que mover el puño para ganar luego velocidad… Entonces sí que pensé que las bicicletas eléctricas tenían que estar prohibidas… Pero fíjate, ese hombre estaba ahí con 80 años, y si no fuese por la bici eléctrica no estaría“.

¿Te ha gustado esta entrevista? Puedes encontrar más en este enlace; estas son algunas sugerencias:

Hubo un tiempo en el que, en ciclismo, el Tour de Francia (cuya centésima novena edición se inaugurará este viernes) se tomaba como la medida de todas las cosas. Entre nosotros ese patrón de calidad se sustentaba en solo dos nombres, Fede Bahamontes (1959) y Luis Ocaña (1973). Símbolos de un ciclismo tan heroico como pretérito, ese que no conocía ni el casco, ni los 'culottes' de lycra, ni el pulsómetro, ni los pedales automáticos, ni los cuadros en fibra de carbono.

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Toledano y conquense formaban un dúo dorado de ganadores históricos a los que, tras veintiséis años de espera, se sumó el de Pedro Delgado (Segvia, 1960), vencedor de la 'Grande Boucle' de 1989. El segoviano ya había ganado la Vuelta a España de 1985 y hecho segundo en el Tour de 1987, por lo que contaba con un gran tirón popular, por lo demás sustentado en un evidente gracejo.

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