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“La competitividad que fomenta el mercado ha sumido en el miedo a los trabajadores”

Christian Felber durante la entrevista en Vitoria.

Eduardo Azumendi

Vitoria —

Bailarín, escritor, profesor universitario y, sobre todo, divulgador económico y sociológico. Estas son algunas de las facetas de Christian Felber (Salzburgo, Austria, 1972), padre y apóstol de la Economía del Bien Común. Un nuevo modelo internacional que se podría resumir en que la economía debe estar al servicio del ciudadano y no de la búsqueda del dinero y del beneficio desmedido. “La competitividad que fomenta el mercado ha sumido en el miedo a los trabajadores”, advierte y lamenta que “cuanto más ética es una empresa, más desventajas competitivas sufre”. Se trata de conseguir, entre otras cosas, que la actividad de las empresas sea más social, ecológica, democrática y solidaria posible. Para ello, resulta fundamental corregir las desigualdades salariales y, por ejemplo, limitar los ingresos máximos a 20 veces el salario mínimo, que las propiedades no excedan los diez millones de euros….. Este es el modelo de la Economía del Bien Común que ya se aplica en más de 700 empresas en todo el mundo y en varios bancos.

“Las empresas”, explica Felber en una entrevista concedida a El Diario Norte, “no deben competir entre ellas de la manera como lo hacen ahora, sino cooperar para conseguir el mayor bien común. La competencia tal y como se fomenta hoy conduce a la exclusión mutua de las empresas y de las personas porque para que unos ganen otros tienen que perder. Lo que nos motiva es el miedo, pero es el miedo a perder nuestro puesto de trabajo, a quedar al margen de la sociedad”.

Una de las principales complicaciones radica en cómo medir la aportación de las empresas a ese bien común. Felber puntualiza que hay una serie de identificadores o indicadores, como la sanidad, calidad del tiempo, confianza, cooperación, democracia, solidaridad, que hoy se pueden medir para saber cuál es la aportación de las empresas a ese bien común. “Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad de la empresa, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados Y las ventajas que obtendrán van desde aranceles hasta créditos más baratos, tasas de impuestos reducidas, privilegios en compra pública y en concursos públicos”.

Es decir, todo un cambio de las reglas de juego actuales, sobre todo, las reglas del juego político que propicien un nuevo orden económico. “El éxito económico no se mide por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el PIB, sino por el balance del bien común. Hoy una empresa puede ser exitosa agravando los problemas sociales y ecológicos. ¿Cómo puede la sociedad considerar exitosa a una empresa si es a costa de explotar niños y de destrozar el medio ambiente, desviando sus beneficios a paraísos fiscales o presionando mediante ‘lobbies’ para promover leyes que vayan en su propio beneficio?”.

Pero, esta teoría ¿puede convertirse en una alternativa real a los mercados financieros? “Estamos describiendo una alternativa completa, un sistema financiero distinto empezando porque el dinero debe ser un bien público, como la banca misma. Las reglas según las cuales circula el dinero y lo usamos los ciudadanos deben hacerse de manera democrática y decidir claramente cuáles son las funciones del dinero y cuáles no”.

Democracia más profunda

Para que el modelo de la Economía del Bien Común sea posible es imprescindible, según Felber, “una segunda ola de democratización”. “Llegó el momento en la historia en el que estábamos preparados para la democracia política y ahora nos preparamos para una democracia más profunda y real: la democracia económica y monetaria. Cuando preguntas, la gente te dice que es necesario otro sistema monetario. Pero el proceso para configurar un sistema alternativo es algo que ahora no se encuentra al alcance de la gente. Estamos en ello, hay muchas organizaciones que están germinando y en los próximos años vamos a experimentar esa segunda ola de democratización que haga posible el nuevo orden económico”.

Un nuevo orden que, entre otras cuestiones, determine quién emite el dinero, para qué se pueden conceder créditos, qué productos se pueden lanzar al mercado, cuánto dinero puede poseer una persona, si debe haber límites a la desigualdades, réditos sobre el capital. “Las decisiones que se adopten serán ley para la totalidad de las empresas. Una vez que sea vinculante, los productos verdes serán más baratos. El consumidor consigue más información y mejor precio”.

Ahora comprar productos ecológicos, sostenibles, resulta más caro para el consumidor. “Sí, es cierto. Hoy una empresa ética puede tener éxito, pero es la excepción. Cuanto más éticamente se comporta una empresa, más desventajas competitivas sufre”.

Christian Felber rechaza las posibles analogías de su modelo con un sistema comunista. “Tanto el capitalismo como el comunismo son experiencias extremas que ha sido necesario tenerlas para poder avanzar hacia algo que va más allá, pero la teoría del Bien Común no es una síntesis de los dos sistemas. Sólo podía serlo si entendemos comunismo como comunidad sin libertad y capitalismo como libertad sin comunidad. Solo en ese caso sería una síntesis alcanzando el mayor grado de libertad posible con el grado necesario de comunidad”.

Para Felber, ya sólo hay un camino: “la economía debe ponerse al servicio del ciudadano y no del afán de lucro, del beneficio y del dinero”. En su modelo, la competencia se sustituye por la cooperación. “En la Economía del Bien Común, las empresas cooperan y no compiten entre ellas para machacarse. En la competencia la relación no funciona porque no tenemos la misma meta y lo que nos impulsa son motivaciones malas, miedo a sucumbir, a perder el empleo. Y tener miedo puede ser bueno, pero durante un minuto para huir de un peligro. No se puede vivir con miedo de forma permanente y eso es lo que está ocurriendo ahora”.

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