El crowdfunding impulsa el séptimo arte

Cuando televisiones, productores o inversores públicos o privados cierran las puertas y, en definitiva, se agotan las posibilidades de financiación, aún queda lugar para la esperanza de esos creadores de gran pantalla que buscan que sus obras puedan ver la luz: el crowdfunding.

Es España existen más de 60 organizaciones dedicadas a este ámbito, y desde My Major Company, una de las empresas que defienden y desarrollan este tipo de financiación participativa, Borja Prieto advierte que “no sirve para cualquiera” ya que “sólo funciona en los casos en los que previamente se cuenta con una audiencia determinada” como por ejemplo, un gran grupo de seguidores vía Twitter.

El crowdfunding es “un modelo para llevar los sueños adelante”, asegura Prieto, en el que normalmente una gran cantidad de anónimos invierten pequeñas cantidades de dinero para hacer posible un proyecto determinado como una película o un disco a cambio de, por ejemplo, recibir posteriormente una copia física del mismo.

En el caso de la industria cinematográfica, las grandes productoras llegan a ver este sistema como una “amenaza” dice Prieto, pero “no se trata de un modo de suplantarlas, si no de “un buen punto de partida a modo de inyección para poder comenzar un boceto, o poder concluir un rodaje cuando se agota un presupuesto un poco antes de lo esperado por algún imprevisto”.

En países como Estados Unidos nos llevan “años luz de ventaja” con este sistema, dice Prieto, que asegura que allí logran recaudar “millones y millones de dólares para empresas y proyectos marcianos” pero no permiten que nadie con sede fuera del país se beneficie del crowdfunding en ese lado del charco.

Según las encuestas, solo un 2% de la sociedad española sabe definir qué es realmente. En cambio, un estudio de el pasado año de la consultora estadounidense Massolution, prevé que este 2013 cierre ejercicio con una recaudación de 2’8 billones de dólares en proyectos de crowdfunding a nivel mundial.

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