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'Desde la ventana' de Yoyes (se ve a un Kubati derrotado)

Lugar donde fue asesinada Yoyes el 10 de septiembre de 1986, en Ordizia. Foto incluída en la página web de TVE.es

Aitor Guenaga

Bilbao —

No son pocos los que ayer se acordaron en este nuestro país de Dolores González Katarain, 'Yoyes'. Una mujer de armas dejar. Sobre todo al ver a un avejentado José Antonio López Ruiz, 'Kubati', poniendo voz al acto -decir rueda de prensa es casi un insulto al periodismo, que básicamente es preguntar- realizado ayer por algo más de 60 expresos de ETA que acumulaban unos 1.500 años de cárcel, más de 200 de ellos con una condena añadida y declarada ilegal por el Tribunal de Estrasburgo.

Y acumulaban todos esos años tras sus espaldas no por la liberación de Euskal Herria, no, tampoco por delitos políticos, qué va. Fueron condenados por actos bárbaros como el que una buena mañana de azoka (feria) en Ordizia ejecutó el ahora expreso Kubati, que disparó a Yoyes en presencia de su hijo Akaitz porque ETA solo paga a “traidores” con la muerte, divisa habitual de la organización durante toda su historia.

- ¿Tú eres Yoyes?

- Sí

- ¿Sabes quién soy yo?

- No

- Soy miembro de ETA y vengo a ejecutarte.

Sonaron varios disparos y luego el tiro de gracia en la cabeza, cuando Yoyes tumbada en el suelo era ya cualquier cosa menos lo que luego diría la dirección de ETA al reivindicar su asesinato, “una colaboradora en los planes represivos del Estado opresor español”, con los “planes genocidas de las fuerzas de ocupación” y una “traidora al proceso de liberación que el pueblo trabajador vasco lleva a cabo”.

Yoyes fue una de las primeras mujeres (si no la primera) en alcanzar la dirección etarra, sustituyendo a José María Beñaran Ordeñana, 'Argala', asesinado en 1978 con un bombazo colocado por la guerra sucia del Batallón Vasco Español. Y no tardó en darse cuenta, en 1979, de la deriva de la Organización. “No quiero actuar en apoyo de una lucha que ha degenerado en algo terrible, dictatorial y mítico, contrario a mis valores y sentires más profundos y constantes en mi trayectoria”.

Entre aquel 10 de septiembre de 1986 de Yoyes y este 4 de enero de 2014 de Kubati median muchos muertos, mucho dolor, mucho silencio cómplice, muchos crímenes aun por resolver en la Audiencia Nacional; pero media sobre todo una derrota política y vital: la de quienes como Kubati empuñaron un arma para imponer desde el terror una visión totalitaria de Euskadi incluso a quienes como Yoyes evolucionaron a posiciones situadas en las antípodas de lo que representaba ya para entonces la organización terrorista ETA.

El exdirigente de ETA José Luis Alvarez Santacristina, 'Txelis', expulsado de ETA por renegar de la lucha armada a finales de los años 90, fue uno de los que, tras ser detenido en Francia en marzo de 1992 junto al colectivo Artapalo del que formaba parte y que ordenó el asesinato de Yoyes, abandonó la organización terrorista. Antes del asesinato, fue el que avisó a una amiga de la familia de Yoyes que se anduviera con “mucho ojito”. Pero después, hace un par de años, intentó incluso pedir perdón directamente a los familiares de Yoyes con un encuentro que nunca llegó a celebrarse.

Ayer Kubati, con el pelo encanecido y sin la dura mirada que tenía en la fotografía policial en blanco y negro de su etapa más sanguinaria, alzó la cabeza delante de las cámaras cuando leyo la frase en la que los presos liberados gracias al fin de la 'doctrina Parot' admitían el daño causado: “Del mismo modo que hemos sido receptores directos del sufrimiento padecido y generado y así lo reconocemos”.

No es suficiente. Claro que no. Pero quien leía estas líneas y aplaudía la decisión del colectivo EPPK de asumir la legalidad penitenciaria que tanto han combatido mientras estaban entre rejas, no olía a victoria, que diría el coronel Kilgore (Robert Duvall) en la película Apocalypse Now de Coppola. Ayer, en Durango no olía ni a napalm, ni a goma 2, ni a amonal.

Kubati era ayer en Durango la viva imagen de la derrota, aunque es cierto que no la del sincero arrepentimiento que exigen con razón y todo el derecho del mundo las víctimas de tanta sinrazón y barbarie. Por eso importa poco la literatura que ha acompañado tanto al comunicado del colectivo de presos de ETA, como el RT de los dos folios de ayer. Es de consumo propio. Inservible fuera de su mundo. Y punto.

Releía ayer algunos de los pasajes del diario de Yoyes y del libro que publicaron sus familiares y amigos tras su asesinato, 'Desde su ventana'. Sería un atrevimiento decir qué pensaría Yoyes de todo lo que ha pasado en el mundo de ETA y sus franquicias políticas en los dos últimos años. Y no lo voy a hacer. Seguro que su hijo Akaitz, un doctor en Bioquímica de éxito, afincado ahora en Miami, tendrá una opinión de todo ello. Yoyes dejó escrito en su diario un 22 de septiembre de 1982, justo antes de que naciera Akaitz esto: “Quizas pienses de mayor, en momentos de tristeza, en por qué te traje al mundo, en que hubiera sido mejor no haber nacido. Quizas hasta me los preguntes, temo mucho que no sepa contestarte y que sin embargo tengas razón en renegar de este mundo tan injusto, tan terrible. ¿Qué te puedo decir? Que un día sentí necesidad de amarte, que sin saber por qué empecé a echarte en falta, que ¿cómo se puede echar en falta loque nunca se ha tenido? Pues no es fácil de explicar”.

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