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Catalunya acelera, Euskadi se frena

Urkullu y Mas en una foto de archivo.

"Yo que Artur Mas me lo haría mirar antes de convocar unas elecciones en clave plebiscitaria". De esta manera se expresaba un destacado dirigente del PNV inmediatamente después de conocerse los resultados en las urnas de las elecciones municipales del pasado mes de mayo. Aunque públicamente tanto el partido que lidera Andoni Ortuzar como el lehendakari, Íñigo Urkullu, han mantenido un escrupuloso respeto por el proceso catalán, lo cierto es que también han remarcado en todo este tiempo que Euskadi tiene su propia vía que, inicialmente, pasa por una reforma en profundidad del actual Estatuto de Gernika pactado primero entre los partidos en la Cámara vasca.

PNV jura fidelidad a la causa del pueblo vasco y aspira a una nación sin "imposiciones" a la voluntad ciudadana

El PNV, un partido institucional y de poder, está viviendo su momento político más dulce en estos momentos. Mientras los soberanistas catalanes de CIU han ido cediendo el control de parte de las instituciones tras las últimas elecciones y los convergentes de Mas han pisado el acelerador independentista, la estrategia de los peneuvistas pasa por abandonar cualquier prisa en el proceso de reconocimiento de Euskadi como sujeto político. Y electoralmente, esto que algunos han bautizado como el 'seny vasco', se ha visto premiado en las urnas.

Los peneuvistas han vuelto al nivel de control institucional anterior a la escisión del partido en 1986. Incluso más, porque participar en la coalición Geroa Bai les ha permitido estar en el Gobierno del cambio en Navarra de Uxue Barkos -el hasta ahora líder del PNV en la Comunidad foral, Manu Ayerdi, es el hombre fuerte del nuevo Ejecutivo- pese a que en las últimas décadas el peso político de los peneuvistas en Navarra ha sido prácticamente testimonial y la bandera soberanista la ondeaba la izquierda abertzale. En el País Vasco, los de Ortuzar han ampliado su control institucional: gobiernan en el Ejecutivo vasco, en las tres diputaciones y en las tres capitales, además de buena parte de los principales municipios. Las perspectivas electorales para las elecciones generales también son buenas: el último barómetro del CIS refleja un crecimiento muy significativo de los peneuvistas en el Congreso de los Diputados, que casi duplicarían su representación, desplazando además a su adversario en el campo nacionalista, Amaiur: pasaría de de 0,7% de la encuesta de abril al 1,3% de este sondeo de julio.

Hay un dato que se tiende a olvidar en la relación entre el PNV y CIU. En realidad, la conexión con el nacionalismo catalán de los peneuvistas históricamente ha sido con Unió y con su líder, Josep Antoni Duran i Lleida, justo la formación de la extinta federación nacionalista que no comparte la estrategia rupturista de Mas y que ha defendido la virtualidad de una tercera vía, alejada de declaraciones unilaterales de independencia en Cataluña.

Con todos estos datos encima de la mesa, ni Urkullu ni Ortuzar están por la labor de adentrarse en aventuras soberanistas, una estrategia que ya ensayaron en la etapa del lehendakari Juan José Ibarretxe y que acabó con el PNV fuera de Ajuria Enea y con Patxi López como lehendakari con el apoyo de los populares. Además, otro dato muy significativo que diferencia el proceso catalán del que se está siguiendo en Euskadi es que no hay una presión social y ciudadana en favor de la independencia. De hecho, todas las encuestas revelan un retroceso del independentismo vasco, que ha perdido en un año cinco puntos, reduciendo a un 25% los partidarios de la independencia. En el espejo vasco, ese movimiento que en Cataluña lo ha representado con éxito la Asamblea Nacional Catalana y Carme Forcadell, sería Gure Esku Dago. Y en su última movilización, el pasado 21 de junio, perdió fuelle frente a la del año anterior y no logró llenar los estadios vascos en favor del derecho a decidir.

¿Quiere decir todo esto que el futuro inquilino de La Moncloa no deberá atender la pulsión soberanista latente también en Euskadi? En ningún caso. Al próximo presidente del Gobierno español también le espera la reivindicación nacional vasca y deberá gestionar las posibilidades de encaje que se abren ante la futura reforma de la Constitución en clave federal, que defiende Pedro Sáchez. Lo ha expresado Andoni Ortuzar en el 120 aniversario del partido, celebrado con el boato que la ocasión reclamaba a los pies del nuevo árbol de Gernika, el pasado 19 de julio. Los peneuvistas quieren influir en ese nuevo contexto político de modificación de la Carta Magna para que se reconozca "nuestro hecho nacional" a través de un pacto entre iguales. Pero sin forzar la máquina. Sin estridencias. De hecho, el PNV, en plena presión de un posible 'sorpasso' por parte de la izquierda abertzale que nunca ha condenado a ETA, incluyó en su programa para las elecciones de 2012 una consulta en 2015. Algo que no se va a producir y que el líder de EH Bildu, Hasier Arraiz, recuerda siempre que puede para poner en evidencia la estrategia contemporizadora de los de Ortuzar.

Ahora el PNV está fuerte electoralmente, tiene un pacto con los socialistas y ocupa todo el poder institucional. Y en ese contexto, la palabra clave será cada vez más la bilateralidad. Algo que permitiría -ese es el anhelo peneuvista, incluido en el decálogo del juramento realizado en el acto de Gernika- el reconocimiento de la colectividad vasca "como nación, de ser dueña de su propio destino. Un sujeto político con ámbitos de distintos de decisión", en alusión a las diferentes realidades administrativas existentes: País Vasco, Navarra y el País Vasco francés.

Los socialistas vascos ya han marcado también sus ritmos: prefieren abordar la reforma constitucional primero y, después, entrar a modificar "en profundidad" el Estatuto de Gernika. Idoia Mendia, la líder del PSE-EE, ha advertido que hay recorrido para actualizar el estatus vasco, pero no para incluir el derecho a decidir, algo inviable "porque no existe", ha precisado en una entrevista antes de verano en este diario. Profundizar el autogobierno, reconocimiento de Euskadi como nación desde un punto de vista cultural, blindaje de competencias, sí. "En esas cuestiones puede haber un punto de encuentro con los nacionalistas. En el marco de esa Constitución federal, le trasladé al PNV que ellos debían participar y mojarse en esa reforma", sostiene Mendia.

Socialistas y peneuvistas parecen converger en un calendario que pasa por el cambio en La Moncloa y la consecución de un acuerdo amplio en Euskadi sobre su nuevo estatus y el encaje en la reforma de la Constitución. Tras el parón estival y lo que pueda deparar el 27-S, ambos partidos -socios en las principales instituciones vascas- deberán decidir qué hacer en la ponencia de autogobierno del Parlamento vasco y cómo encarar la segunda fase. El lehendakari busca un acuerdo transversal, los socialistas el posible encaje de Euskadi en la realidad que surja de la reforma de la Constitución en clave federal. De nuevo desde el acuerdo, sin que nada chirríe demasiado.

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Publicado el
6 de agosto de 2015 - 19:40 h

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