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La Caja Negra La Caja Negra

Rodaje de cine en Las Tres Mil, uno de los barrios más desfavorecidos de España

El director Paco Cabezas filma 'Adiós' con Mario Casas y Natalia de Molina en una barriada sevillana estigmatizada por el desempleo y el narcotráfico

El equipo de la película ha empleado a un centenar de vecinos en tareas de figuración y producción

Más de tres meses de trabajo previo han permitido que el rodaje transcurra con normalidad

Escena del rodaje de 'Adios'

Escena del rodaje de 'Adios'

Entrar en Las Tres Mil como Robocop es un acto violento. En un antebrazo luzco la insignia de la Policía Nacional. En el otro, la de los GOES, el grupo de élite especializado en terrorismo, crimen organizado y demás "intervenciones quirúrgicas". La policía no es bienvenida en uno de los barrios más desfavorecidos de España.
Gracias al equipo de producción y rodaje de Adiós (La Claqueta, Apache Films, Sony Pictures), el regreso de Paco Cabezas a su tierra, este periodista se encuentra infiltrado como figurante en una trepidante escena de acción en la que no faltan vehículos a toda velocidad ni gresca de barrio. Entrar aquí de esta guisa produce una aguda distorsión entre realidad y ficción.

Son las tres de la tarde y en cuanto pongo un pie en el barrio, un coche me aborda y pone en alerta. Al bajar la ventanilla, compruebo que es mi amiga Iria Comesaña, una periodista de sucesos que se conoce Las Tres Mil como la palma de su mano.

-¿Adónde vas?

-Vengo al rodaje, a hacer un reportaje.

-Te llevo, que se está armando una buena…

Una vez dentro del coche, le agradezco su preocupación por mi seguridad, pero le advierto de que "voy al parque de bomberos"… que se encuentra en la acera de enfrente. Divertido, me despido y me bajo del coche. La cancela del parque, que suele estar cerrada para evitar robos, está abierta de par en par. Un chico de producción me autoriza la entrada.

Dentro, una veintena de hombres, que transitan entre la treintena y la cuarentena, esperan para pertrecharse como policías de élite: uniformes oscuros, chalecos y coderas que acentúan el intenso calor de mediodía. Vela López, del departamento de vestuario, me proporciona unos pantalones largos, una camiseta de cuello alto con cremallera, botas altas y un chaleco lleno de bolsillos. Todo de riguroso oscuro. Y todo de mi talla.

Nos llevan en furgoneta al set de rodaje. Al llegar, el impacto es brutal. Estamos en Las Vegas, el corazón de un barrio asociado a la delincuencia y el tráfico de droga. Toda la atención de los vecinos está puesta en una plaza. Allí se encuentran estacionados varios patrulleros de la policía nacional y una "lechera". Forman parte del atrezzo. Camarón y un ‘Welcome to fabulous 3000 Maravillas’ nos dan la bienvenida.

Unas vallas tratan (inútilmente) de separar a los espectadores del improvisado escenario urbano: una dura plaza de Las Tres Mil, donde los edificios muestran sus costuras y las familias del vecindario comparten sus alegrías y amarguras al raso.

En cuanto me enfundo el traje, comprendo que el vestuario te mete en el personaje. Imposible no sentirse un aguerrido GOES con semejante parafernalia pegada al cuerpo. Me meto en el papel y siento un irrefrenable deseo de echar una puerta abajo al grito de "¡Al suelo! ¡Policía!". Sí, demasiado Hollywood en la cabeza.

Hoy toca redada en Las Tres Mil. Un redada ficticia, claro está, pero con riesgos reales y seguridad de verdad. Al fin y al cabo, un policía es rara vez bienvenido a este barrio, donde el paro galopa más rápido que el narcotráfico. Hay un confuso juego entre lo real y lo ficticio. Las miradas, los comentarios y las risas nerviosas de los vecinos así lo delatan. "¿Eres policía de verdad?", me pregunta un niño, al que sus mayores le toman el pelo. Mi negativa parece tranquilizarlo.

Evitar simplificar

Paco Cabezas atiende a FilmAnd a pie de rodaje. "Mi obsesión es que no se simplifique a la gente que vive en un barrio deprimido, sino que se le dé una tridimensionalidad y una complejidad. Sí, estamos rodando ahora mismo una redada policial, pero los personajes de la película, Natalia de Molina y Mario Casas, viven en Las Tres Mil Viviendas. Son vecinos del barrio. Son humanos, que aman, pierden y tienen emociones".

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