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GALICIA

El PP sitúa a un veterano baltarista como segunda autoridad de Galicia

Miguel Santalices dirige su primer pleno como nuevo presidente del Parlamento de Galicia una década después de participar en el encierro con el que el PP de Ourense amenazó a Fraga con una escisión.

Santalices, pronunciando su primer discurso como presidente

Santalices, pronunciando su primer discurso como presidente

El pleno del Parlamento de Galicia ha hecho oficial el nombramiento de Miguel Santalices como nuevo presidente de la Cámara. En su breve primer discurso como sustituto de Pilar Rojo el veterano diputado, el que más horas de vuelo parlamentario acumula de todos los presentes, ha realizado la esperada promesa de "diálogo" y ha expresado su "amor" al Parlamento, al que llegó hace cinco legislaturas como fiel representante del baltarismo y en el que ahora, al menos en lo que resta de legislatura, ejercerá cómo segunda autoridad de Galicia.

El nombramiento de Santalices no puede ser interpretado como la enésima concesión de la dirección del PP gallego al entorno de la familia Baltar o, al menos, no solo como eso. Tras la marcha al Congreso de Rojo, presidenta desde que Feijóo llegó al poder, en el Grupo Popular no abundaban las opciones que, más allá del portavoz, Pedro Puy, aglutinaran experiencia y conocimiento de la Cámara y, al tiempo, capacidad de dirección de los debates. El veterano doctor Santalices, médico de profesión, tiene cintura de sobra para terciar en debates combativos y tensos. Entre otras cosas, porque así son los que él ha protagonizado siempre que le ha tocado defender la gestión sanitaria del PP o algunos asuntos vinculado a Ourense.

En el centro de uno de los episodios políticos más tensos de la historia de la autonomía estuvo también Santalices. Él fue uno de los cinco diputados del PP de Ourense que en el año 2004 se encerraron en un piso mientras José Luis Baltar acudía a la residencia oficial de Monte Pío para amezar a Manuel Fraga con una escisión que lo dejaría sin mayoría absoluta. El nuevo presidente le resta ahora importancia a aquel conflicto del tardofraguismo impregnado en el chapapote político del Prestige, el mismo que alimentó el principio del fin del PP 'de la boina' con la destitución de Xosé Cuiña y su relevo por Alberto Núñez Feijóo, 'Núñez' para el PP de Ourense.

Desde la escena del piso han pasado muchas cosas. Santalices hizo férrea oposición al bipartito de PSdeG y BNG mientras seguía cultivando su afición al arte como responsable de la Fundación Quessada o evocando a su ilustre pariente, el histórico gaitero Faustino Santalices. Cuando el PP regresó al poder se mantuvo en las cómodas bancadas del grupo que sustenta al Gobierno y accedió a la vicepresidencia primera como relevo de José Manuel Baltar cuando el hijo de la saga ourensana abandonó el legislativo para heredar de su padre la presidencia de la Diputación de Ourense. Santalices, precisamente, fue el principal organizador del multitudinario homenaje con el que José Luis Baltar fue despedido por sus afines tras dejar la Diputación, aquella en la que el barón popular fue comparado con los galeguistas de la Xeración Nós.

En los últimos años no han sido pocas las ocasiones en las que el nuevo presidente ha tenido que ejercer labores de dirección de la Cámara, especialmente durante el período en que Pilar Rojo se estuvo recuperando de una enfermedad. Ha combinado así la función institucional con la puramente partidaria, en la que por ejemplo ha sido responsable de que se le llame Álvaro Cunqueiro al nuevo hospital de Vigo, ese que Santalices admite por los pasillos del Pazo do Hórreo que su  propio partido no fue capaz de defender como, a su juicio, corresponde ante las protestas de la oposición.

Ahora se dispone a pilotar el último tramo de una legislatura en la que asegura detectar menor cortesía parlamentaria que en sus comienzos. Justo después del primer discurso protocolario ya ha comenzado a ejercer con mano dura, instando a la diputada del BNG Ana Pontón a retirar del estrado un cartel contra la prórroga de la autorización a ENCE para permanecer en la ría de Pontevedra. "Quizás nadie le quiere tanto al Parlamento como yo, que llevo aquí media vida", defiende.

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