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Del dron más veloz al ejército de robots bailarines: máquinas que baten récords

Hace unos días, más de un millar de pequeños humanoides bailaron simultáneamente para conseguir un récord Guinness. No son los únicos que han marcado hitos: otro robot ha resuelto el cubo de Rubik en 0,6 segundos. Y también a gran velocidad vuela el cuadricóptero DRL RacerX, el más rápido del mundo. Además, 1.218 drones han logrado otra gesta en los Juegos Olímpicos de Invierno volando al unísono. Repasamos las marcas más curiosas de las máquinas.  

En los últimos años, varias empresas están formando un ejército de bailarines robóticos cada vez más numeroso

Varias empresas están formando un ejército de bailarines robóticos cada vez más numeroso

Moviendo sus caderas y sus brazos metálicos en perfecta sincronía, 1.372 humanoides de menos de medio metro de altura han conseguido entrar en el Libro Guinness de los Récords hace unos días. Danzar junto a un bailarín al ritmo de Another day of sun (uno de los temas de la banda sonora de La La Land) controlados por un smartphone les ha valido para contar con el reconocimiento de la prestigiosa organización al mayor número de robots bailando simultáneamente. 

La operadora de telefonía italiana TIM ha usado los pequeños autómatas de gesto enfadado de una empresa de robótica (los Alpha 1S de Ubtech) para que los Guinness World Records registraran su curiosa hazaña. Sin embargo, no ha sido la primera empresa a la que se le ha ocurrido promocionarse haciendo que numerosas máquinas salieran a bailar.

Hace unos meses, una empresa de robótica china conseguía batir el anterior récord Guinness gracias a la danza de sus 1.069 robots Dobique podemos admirar completa en YouTube. De hecho, hasta ahora, la carrera para formar el mayor ejército de autómatas danzarines había estado dominada por los robots de la potencia asiática.

Otras máquinas también han logrado batir un récord por un baile bastante más llamativo que los poco sensuales movimientos de humanoides precisamente en un país cercano a China. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, Intel mostraba una grabación en la que 1.218 drones danzaban en perfecta sincronía para formar los anillos olímpicos.

Un espectáculo de luces con el que la compañía batía el récord anterior marcado por sí misma. 500 de sus pequeños cuadricópteros volaron en formación hace dos años convirtiéndose, según el Libro Guinness, en el “mayor número de vehículos aéreos no tripulados aerotransportados simultáneamente” hasta el reciente espectáculo mostrado en Corea del Sur.

La recién clausurada olimpiada también ha supuesto un hito de las máquinas por otras razones: un robot llevó la antorcha olímpica, otros se encargaron de servir los refrescos o limpiar y algunos participaron en una competición de autómatas esquiadores, el primer Ski Robot Challenge de estos eventos.

En la carrera, los pequeños humanoides, creados por varias universidades del país asiático, han confirmado aquello de que lo importante es participar: varios acabaron en el suelo a causa del fuerte viento. Sin embargo, hay robots que han demostrado ser algo menos patosos y han logrado gestas más complejas a la par que curiosas.

Máquinas hábiles, veloces.... y saltarinas

0,6372 segundos. Ese es el tiempo que necesitó el robot desarrollado por el ingeniero alemán Albert Beer para, con ayuda de sus seis brazos mecánicos, realizar 21 movimientos perfectos y solucionar el famoso desafío creado por el profesor de arquitectura húngaro Ernö Rubik hace más de cuatro décadas.

Con ayuda de microcontroladores, la máquina era capaz de identificar los colores y calcular la mejor solución para resolver el cubo de Rubik  gracias a un algoritmo desarrollado años antes, tal y como demostró en una feria de electrónica celebrada en Múnich en 2016.

Aunque parece claro que nosotros bailamos mejor, lo cierto es que los robots nos superan a la hora de poner en orden el famoso cubo: según la World Cube Association, el joven surcoreano SeungBeom Cho ostenta el récord mundial consiguiendo que cada cara del cubo quedara formada por un solo color en solo 4,59 segundos, una marca que también ha logrado el australiano Feliks Zemdegs. 

En puntuales ocasiones, los robots también nos han superado en habilidades motrices. Hace ya más de un lustro, DARPA, la agencia de tecnología militar dependiente del Departamento de Defensa estadounidense, anunció que Cheetah (‘guepardo’ en español), un robot que contaba con su financiación, corría a 45,5 kilómetros por hora con sus cuatro piernas. 

Con esa marca, logró superar la velocidad pico de Usain Bolt (44,7 km/h) alcanzada por el exatleta jamaicano cuando batió su propio récord mundial en 2009: recorrió 100 metros en 9,58 segundos.

Creado por la empresa Boston Dynamics, que ha concebido muchos otros robots extremadamente ágiles y que protagonizan vídeos virales (hace unos días, demostraban cómo su perro robótico Spot Mini es capaz de abrir una puerta), Cheetah ha seguido mejorando sus habilidades a lo largo del tiempo y ya escapaz incluso de saltar por encima de los obstáculos.

Hay hasta robots que desafían a los pequeños humanos en juegos como saltar a la comba. Hace unos meses, Jumpen, un pingüino artificial, conseguía alzarse con el récord Guinness al mayor número de saltos realizados por un robot en un minuto: pasó 106 veces por encima de una cuerda sin caerse al mismo tiempo que la limpiaba.

Récords de altura

Bastante más sofisticado que Jumpen, el pequeño Kirobo es otro robot nipón (no en vano, Japón es el paraíso de los autómatas) que ha conseguido conquistar no solo un récord Guinness, sino dos.

Creado por el inventor Tomotaka Takahashi, que ha ideado más de cuarenta modelos de autómatas a lo largo de su carrera —un pequeño humanoide para reemplazar a tu ‘smartphone’ incluido— se convirtió en 2013 en el primer robot charlatán en viajar al espacio. Durante su estancia en la Estación Espacial Internacional, lograba ser, además, el autómata que ha mantenido una conversación a más altura (414 kilómetros), una distancia desde la que, según él mismo confesaba, “la Tierra brilla como un led azul”.

A una distancia mucho menor a la superficie terrestre volaba hace unos meses un dron que ha logrado convertirse en el cuadricóptero más rápido dotado de una batería y controlado remotamente, según anunció la Drone Racing League y confirmó el Guinness World Records. Su DRL RacerX, una aeronave de competición, lograba alcanzar la increíble velocidad de 263 kilómetros por hora gracias a su diseño y a su ligereza, ya que solo pesa 800 gramos.  

De la impresión 3D al pionero de la inteligencia 

Por su parte, una poco atractiva viga negra de 37,7 metros de largo, fabricada a partir de plástico y fibra de carbono, ha sido merecedora recientemente de un hueco en la web de los récords Guinness: es la pieza impresa en 3D no ensamblada más larga de la historia.

La viga cuelga ahora del techo de las instalaciones de Made in Space, la empresa que creó la primera impresora 3D de la Estación Espacial Internacional y que está centrada en objetivos de aún mayor altura: la impresora 3D que han ideado y que ha fabricado esa pieza forma parte de una fábrica (Archinaut) destinada a construir grandes estructuras en el espacio. Lo hará gracias tanto a esa máquina como a un gigantesco manipulador robótico encargado de ensamblar las piezas.

Por el momento, la NASA anunciaba el pasado verano que el proyecto Archinaut ha realizado la primera fabricación aditiva a gran escala en un entorno similar al espacio. Ahora bien, antes de que el espacio se llene de fábricas robóticas que podrían lograr nuevos récords, cabe también rendir un pequeño homenaje al primer robot con inteligencia artificial de la historia.

Shakey, una máquina desarrollada por el Stanford Research Institute con la forma de una lavadora con ruedas, ya percibía su entorno gracias a un sistema de visión artificial, planificaba su propia ruta y navegaba autónomamente en 1966. Hace unos años, el prestigioso Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (IEEE por sus siglas en inglés) reconoció a Shakey como “el primer robot inteligente móvil del mundo”. Desde entonces, muchas otras máquinas han marcado todo tipo de curiosos hitos, muchos de ellos recogidos en el famoso Libro Guinness de los Récords.

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La imagen principal es propiedad de TIM S.p.A. 

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