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El algoritmo financiero supersticioso que evitaba el número 13 y se guiaba por las fases lunares

El artista Shing Tat Chung quiso comprobar lo que sucedería si los inversores compraran y vendieran acciones en base a la superstición. Para ello, creó un fondo de inversión dirigido por Sid, un algoritmo que basaba sus decisiones en la numerología. ¿Quieres saber lo que ocurrió?

Sid, el ‘bot’ supersticioso toma las decisiones de este peculiar fondo de inversión

Sid, un ‘bot’ supersticioso al frente de un peculiar fondo de inversión

Un gato negro, una escalera o un espejo hecho añicos bastan para poner a más de uno de los nervios. Aunque no siguen lógica alguna, las supersticiones perviven tras miles de años de supuesta evolución, haciéndonos tirar monedas a los pozos y tocar madera en busca de la buena suerte.

Aunque con pequeños detalles insignificantes, muchos actúan en su día a día movidos por esas supersticiones que, elevadas a su máxima potencia, podrían llegar a gobernar nuestras vidas y, por qué no, el mundo. ¿Qué ocurriría si los gobiernos o los mercados financieros se dejaran llevar por la superstición?

Sid, el robot supersticioso

Un fondo de inversión hizo la prueba: durante un año, se guió exclusivamente por la numerología y las creencias asociadas a las fases lunares. Puesto en marcha por el artista Shing Tat Chung, The Superstitious Fund Project estuvo dirigido por un algoritmo que compró y vendió acciones del FTSE 100 – el índice bursátil compuesto por los cien primeros valores de la bolsa de Londres - basándose exclusivamente en supersticiones.

El fondo de inversión supersticioso actuó durante un año en la Bolsa de Londres

El fondo de inversión supersticioso operó durante un año en la bolsa de Londres

Chung montó ese fondo de inversión "como una burla de nuestras irracionalidades, pero de una manera atractiva que invite a la reflexión". Con ayuda del desarrollador Jim Hunt, el artista creó a Sid, el 'bot' supersticioso que tomaría las decisiones en base a un conjunto de creencias descabelladas: para empezar, tenía miedo al número 13 y la luna llena. Así, Chung y Hunt lo programaron para vender acciones en un viernes 13 y comprarlas los días considerados de buena suerte según la práctica adivinatoria de la numerología.

No todo estaba predefinido. Sid también era capaz de establecer sus propias pautas, como lo haría un ser humano, en base a la experiencia. Si las cosas iban bien en ciertos días y a unas horas concretas, el algoritmo establecía un patrón y procuraba repetirlo.

La guinda del pastel la puso el día de su estreno. Tras visitar a varios videntes y maestros del dudoso arte de la adivinación, Chung tuvo claro que su fondo de inversión, con Sid al mando, debía comenzar su andadura un 1 de junio a las cuatro de la tarde.

Cerca de 150 inversores de 55 ciudades invirtieron en el experimento de Chung

Más de 140 inversores de 55 ciudades invirtieron en el experimento de Chung

Un final triste

A partir de 2 libras (cerca de 3 euros), cualquiera podía formar parte de este fondo de inversión experimental cuya vida iba a ser limitada: solo estaría en marcha durante un año. Más de 140 inversores se atrevieron a dejar parte de su dinero en manos del algoritmo supersticioso y el fondo comenzó a operar con un capital de unas 4.800 libras (más de 6.500 euros).

Ni el apoyo de esos inversores ni el patrocinio de Microsoft pudieron evitar la catástrofe. Solo dos meses después de arrancar, el valor de la cartera gestionada por Sid había caído un 9,5%. Tras todo un año de actividad, el 1 de julio de 2013, el experimentó concluyó con unas pérdidas de más del 16%. Las supersticiones de Sid lo habían conducido al fracaso.

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Las imágenes son propiedad, por orden de aparición, de Shing Tat ChungWikimedia Commons y A Superstitious Fund

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