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Las mentes más brillantes de la ciencia ficción imaginan el mundo en veinte años

Los pasajeros de un avión que viaja hasta 2037 protagonizan los relatos de Seat 14C

Cristina Sánchez

Junio de 2017. Los pasajeros del vuelo 008 de la aerolínea ANA que viajan de Tokio a San Francisco sufren algunas turbulencias: el avión vuela a través de una perturbación en el espacio-tiempo y aterriza en la ciudad californiana dos décadas más tarde. Kenji, el pasajero del asiento 42C, se presenta días después en la casa de su antigua novia con la esperanza de encontrarla. Pregunta por ella a la inteligencia artificial de la puerta, a la del ascensor y a una cabina de Google que ha averiguado su identidad y detectado su deshidratación automáticamente para ofrecerle una botella de agua.

Idear el mundo que descubrirían los pasajeros de esa aeronave que ha viajado al futuro es el objetivo de Seat 14CSeat 14C, un proyecto de la Fundación XPrizela Fundación XPrize, la organización sin ánimo de lucro creada por el famoso futurólogo Peter Diamandis que celebra diferentes competiciones para reflexionar sobre el porvenir. Quien lo desee puede participar escribiendo un relato sobre las vivencias de uno de los pasajeros del vuelo 008, que ya cuenta con varios personajes a bordo creados por famosos escritores de ciencia ficción.

Google, ¿el vencedor en 2037?

“La campaña Seat 14 nos permite usar a algunos de los grandes narradores de ciencia ficción en el mundo para presentar un conjunto de futuros imaginados para impulsar la curiosidad y la imaginación y forzar al público a considerar el impacto de la tecnología en estos futuros”, explica Eric Desatnik, el organizador de este proyecto, a HojaDeRouter.com. La elección del año no es baladí: pensaron que el 2037 “estaba suficientemente lejos para permitir algunos avances tecnológicos impresionantes”, pero suficientemente cerca como para que “pudieran concebirlo para su tiempo de vida”.

Charles Yu, autor de la novela ‘How to Live Safely in a Science Fictional Universe’ y consultor de guiones de ‘Westworld’‘Westworld’, la sangrienta serie de HBO protagonizada por robots que se rebelan, ha dado vida a Kenji en el relato que ha ideado para este certamen. Las aventuras de este personaje muestran interesantes predicciones sobre el mundo de la tecnología, como el incremento del poder de Google. Su ficticia cabina tiene un algoritmo para detectar personas repulsivas e incluso comprende lo que dice (lamenta leer al protagonista una mala noticia de uno de sus correos).

Además, en este 2037, el gigante de Mountain View ha comprado Apple y, para desgracia de los ‘fanboys’ de la manzana mordida, los iPhones son una antigualla. “Realmente, Amazon podría acabar engullendo a ambos. Y solo para proteger mis apuestas un poco más, no digo que Google sea el ganador total. Solo estaba imaginando un mundo futuro en el que unieran las fuerzas, con Google como entidad más grande”, detalla Chu.

Aunque Google cada vez sabe más sobre nosotros, el asistente virtual creado por este escritor no puede decirle dónde se encuentra la que fue su pareja. Para nuestra tranquilidad, “la Ley Mundial de Privacidad de 2027 garantiza su derecho a no ser localizada”, según explica él mismo.

“Sin leyes y regulaciones de privacidad, el riesgo es que cada individuo se convierta en una unidad canjeable, una mercancía, una unidad que genera datos que se pueden verter en los océanos de datos agregados de todos los demás”, reflexiona Chu, abogado y escritor. “Sin control, las fuerzas del progreso y el capitalismo y cualquier otra cosa parecen tender hacia esto, desconectando al ser humano de los datos que genera”, afirma este escritor, preocupado por el ‘big data’ de nuestras vidas.

Un utópico futuro sin trabajo

La existencia de normas de privacidad a escala internacional dibuja un futuro esperanzador en el porvenir del relato de Chu, en el que además los ciudadanos disfrutan de cómodos taxis voladores. De hecho, la mayoría de situaciones descritas por los escritores en el proyecto Seat 14C son utópicas. “Nosotros en XPrize somos tecnoptimistas y hemos elegido mostrar cómo los avances en tecnología tienen el potencial de impactar positivamente en nuestras vidas, incluso de formas sutiles”, señala Desatnik.

Por eso, aunque la posibilidad de que los robots nos sustituyan en el trabajo dentro de unos años y acabemos pasando calamidades es un tema que ya comienza a preocuparnos, algunos de los escritores han imaginado que un mañana con menos empleos para los humanos será mejor, por mucho que pueda parecer paradójico. Es el caso de ‘Desempleo Total’, el relato de Hugh HoweyHugh Howey, autor, entre otros, de la distópica novela ‘Wool’ (‘Espejismo’), que entró en la lista de los libros más vendidos de The New York Times.

En la obra, se cuenta la historia de un padre entregado a su profesión que apenas dedicaba tiempo a sus hijos antes de montarse en ese avión que se convirtió en una máquina del tiempo. Cuando aterriza, su hijo le cuenta que, tras su desaparición, los ordenadores comenzaron a diseñar mejores robots, y esos robots crearon a su vez máquinas aún mejores.

Un rápido progreso que habría llevado al paro al 70 % de la población. Pero, en lugar de pasar hambre, como ese padre adicto al trabajo esperaba que ocurriera, los humanos viven bastante bien con más tiempo libre en 2037. “Pasamos nuestro tiempo junto a nuestros hijos, enseñándoles, estando con ellos, en lugar de criarlos como ganado para que podamos trabajar, trabajar, trabajar”, le explica su vástago en el 2037. Aunque la historia no explica cómo la automatización acaba con la pobreza, lo cierto es que hay quien ya se está preocupando por ofrecer soluciones: el mismísimo Elon Musk ha defendido que será necesario aprobar una renta básica universal cuando los robots nos reemplacen en ciertos trabajos.

Pero, ¿seguirán siendo dólares, euros o bitcoines las monedas que estarán en circulación dentro de dos décadas? Hannu Rajaniemi, matemático y autor de ‘El ladrón cuántico’, una alabada novela protagonizada por un delincuente posthumano, ha imaginado una nueva divisa. Justin, el pasajero del asiento 07A -y beneficiario precisamente de una renta básica universal- gracias al accidente, la descubre a su llegada.

Se trata del NiceCoin, una “divisa social con contratos inteligentes basados en inteligencia artificial” que decide cómo gastarse por sí misma en base al comportamiento de su portador. Este puede conseguir más monedas siendo amable o trabajando como un NiceGuy o una NiceGirl, y así conseguirá pagar la entrada de ciertos lugares o el permiso para realizar ciertas interacciones sociales.

Si eres un amante de ‘Black Mirror’, seguro que este relato te recuerda al capítulo ‘Caída en picado’, en el que todo lo que alguien puede conseguir depende de su imagen pública, evaluada por terceros a través de una ‘app’. Ahora bien, en el universo de Rajaniemi el sistema parece funcionar mucho mejor. “Los ‘nerds’ del ‘blockchain’ que querían descentralizar todo estaban en su mayoría equivocados, pero las monedas eran muy buenas para ‘hackear’ comportamientos”, asegura a Justin el amigo con el que había cofundado una ‘startup’ en la actualidad.

También los gurús del emprendimiento estaban equivocados. En 2037, Silicon Valley ya no es la meca de las ‘startups’, sino que las mejores se asientan en Singapur y en Ámsterdam. “La tecnología tuvo mala fama por un tiempo. Somos los nuevos Gordon Gekkos para esos chicos, todo codicia y sexismo”.

Las ‘ventajas’ de la inteligencia artificial

Drones que sobrevuelan a los ciudadanos, coches autónomos que garantizan la seguridad en las carreteras (si bien en el relato de Howey una mujer sufre un accidente de tráfico, algo que “no sucede muy a menudo” en ese presente), dispositivos que traducen las conversaciones automáticamente, robots-papelera o humanoides inspirados en el ‘anime’ japonés que se convierten en amantes de los humanos son algunos de los inventos que pueblan el San Francisco de 2037 según estos escritores de ciencia ficción.

“Todavía está por ver si estas predicciones son precisas al 100 %, pero los temas presentes en estas historias van ciertamente en aumento”, comenta Desatnik, el organizador del proyecto. “Desde una perspectiva social, pensamos que habrá actitudes menos xenófobas, las sociedades tendrán una mentalidad unificada de avanzar juntos, y así sucesivamente”.

Aunque es cierto que la mayoría de relatos son optimistas al imaginar el porvenir, también hay algunos que dejan entrever los inconvenientes de que la inteligencia artificial sea ubicua.

Uno de ellos es ‘La chica que casi se convierte en zombi’, de Lee Konstantinou, investigador de literatura y autor de la sátira distópica ‘Pop Apocalypse’. La protagoniza una joven que descubre que su novio del futuro ha creado una ‘app’ valorada ya en medio billón de dólares, Story.

“La nube simplemente te seguía y te daba lo que necesitabas cuando lo necesitabas, incluso sugerencias de cómo interactuar con otra gente gracias a Story”. Tan adecuadas eran las recomendaciones fruto del ‘machine learning’ que muchos humanos se convertían en Story Zombies: se limitaban a hablar a través de un asistente que estudiaba conversaciones previas.

También es inquietante el futuro que plantea Bruce Sterling, uno de los escritores más famosos del ‘cyberpunk’ y ganador de varios Premios Hugo, los galardones más prestigiosos de la ciencia ficción. La protagonista de su historia, que ocupa el asiento 06E, no solo tiene que descubrir que su marido y su hermana se han casado en su ausencia. Además, debe asumir que el mundo ha cambiado por completo.

Según le cuentan, todo dio un vuelco después de que las redes neuronales -los algoritmos que simulan los procesos que lleva a cabo nuestro cerebro- consiguieran mejorar las neuronas humanas. El avance permitió al hombre descubrir el significado del cerebro, la conciencia, la memoria y el pensamiento, permitiéndole hablar de su alma en “términos de ingeniería funcional”.

Lluvia de arcoiris y árboles artificiales

Algunos de los autores también han descrito cambios en el medio ambiente del futuro. Si en NiceCoin de repente comienzan a llover burbujas de jabón de color arcoiris que sueltan un dulce olor, Brenda Cooper, autora de libros de ciencia ficción como ‘Edge of dark’, ha imaginado “árboles mágicos”. Capaces de hacer la fotosíntesis cinco veces más rápido que los seres vivos, mantienen completamente limpio el aire de las ciudades.

“El oxígeno recién hecho es un producto valioso y es posible que las ciudades paguen por él”, predice Cooper, que se ha inspirado en las investigaciones previas sobre fotosíntesis artificial para escribir su historia. “Es quizá más probable que los edificios inteligentes y los lugares muy contaminados quieran un árbol de supercarga, pero, después de todo, mi historia es ficción”.

Los que, como ella, también quieran escribir una historia de ficción sobre el misterioso pasajero que ocupa el asiento 14C en ese viaje al 2037, pueden enviarla hasta finales de agosto a la Fundación XPrize. El ganador de la competición se llevará, además de un premio valorado en 10.000 dólares - con viaje a Tokio incluido- un asiento honorario en el Consejo Asesor de Ciencia Ficción de XPrize, del que forma parte Margaret Atwood, autora de la novela ahora convertida en serie ‘The Handmaid’s Tale’.

“Queremos que los escritores piensen verdaderamente en el futuro, consideren algunos de los conflictos y problemas a los que se enfrenta la humanidad, y sueñen con nuevas formas de superarla [...] La belleza de usar la ciencia ficción como una herramienta para imaginar el futuro es que puede hacernos creer en algo increíble”, reflexiona el organizador del proyecto, Eric Delatnik.

Los escritores que han participado en él ya han demostrado que se puede imaginar un futuro que se aleje del discurso apocalíptico. ¿Tendremos en el 2037 árboles mágicos, coches autónomos, monedas que se multiplican con sonrisas o más tiempo para disfrutar de la vida porque un robot trabaje por nosotros?

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Las ilustraciones son, por orden de aparición, de Saiful Haque, Marco Melgrati, Alexei Vella, Federico Gastaldi y Ovind Hovland. Han sido cedidas para este artículo por la Fundación XPrize.

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