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Sello de calidad para el emprendimiento social

Trabajo en un centro especial de empleo de Atades.

Isaac Altable

En no pocas ocasiones, los esfuerzos que han ido pasando por este espacio han llevado el sello de la economía social y los centros especiales de empleo (CEE). Los CEE, al fin y al cabo, llevan en su ADN el objetivo primario de crear trabajos para colectivos con menos oportunidades de partida. La integración social mediante el mundo laboral.

Pero, al mismo tiempo, los propios centros se dan cuenta de que ya no pueden quedarse en las meras buenas intenciones. No pueden limitarse a crear una especie de vía paralela y mundo alternativo. Los propios empleados reclaman vivir en la misma realidad que los demás. Trabajar como el resto de sociedad y con un horizonte de utilidad. No desempeñar un trabajo como si estuvieran aparcados y parcelados sin molestar. Ser parte del tejido productivo y común. Como cualquiera.

Con esas exigencias han evolucionado los CEE. Se les exige calidad, no sólo buena intención. Así que estos centros que preparan y emplean a personas con alguna diversidad funcional, con enfermedad mental o con riesgo de exclusión social, se enfrentan a nuevos retos.

Aunque la Federación de Centros de Especiales de Empleo (FEACEM) reitera que el principal objetivo de estos emprendimientos es “la integración laboral y, por tanto, social de personas con discapacidad”, está desarrollando un proyecto para ayudar en ese empujón profesional que reclaman los centros. “Se trata de una especificación para la gestión ética y profesional de los CEE”, explican. La idea de esta herramienta es dotar a los centros (existentes o que se vayan a formar) de mecanismos para llevar la empresa de forma “ética y muy profesional”, porque ya no alcanza con la mera reunión de grupos de discapacitados o sus familiares para hacer algún trabajillo con el que tenerlos entretenidos.

Este plan de FEACEM –elegido como buena práctica por el proyecto Integra de BBVA– colabora para que los emprendimientos sociales de los CEE (ya que puede afirmarse que cada centro es uno) se metan en la senda de la “profesionalización y el trabajo con criterios éticos”. Así, afirman, se conseguirán centros que creen –sin importar el sector– “puestos laborales de calidad y con atención a colectivos más desfavorecidos”.

Además, esta colaboración entre la federación y los responsables de empresas sociales específicas debería dar confianza, analizan, a los clientes de los centros, ya que “aportan valor económico y social”, asegura la federación. “La certificación por parte de un tercero ”constituye un elemento diferenciador que mejora la imagen de los servicios y los bienes que ofrecen. Crean confianza en los agentes sociales con preocupaciones en estos temas y mantienen la cadena de valor de proveedores de las empresas que apuestan por la responsabilidad social“, concluyen.

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