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Por una política de la escucha: entrevista a Jordi Carmona sobre Hannah Arendt y el 15M

Asamblea del 15M en Valencia

Del 15M se dice hoy todo y cualquier cosa: que es el origen de Podemos o de Ciudadanos o de la abdicación del Rey Juan Carlos o... Se especula infinitamente sobre sus efectos, pero no se piensa apenas la potencia de sus prácticas: escucha activa, pensamiento colectivo, inclusividad y horizontalidad, etc. Estas son, por el contrario, el punto de partida del trabajo teórico de Jordi Carmona Hurtado, filósofo y participante él mismo del 15M, un trabajo que acaba de ver la luz en el libro Paciencia de la acción. Ensayo sobre la política de las asambleas (Akal ediciones).

La mejor manera de comprender lo que fue el 15M, y de encontrar las maneras de continuar su impulso transformador en nuevas condiciones, es partir de lo que realmente hizo, de cómo funcionó, de cuáles fueron sus valores prácticos. ¿Qué es escuchar y en qué sentido tiene una cualidad política? ¿Qué significa pensar juntos, es posible un pensamiento en plural? ¿Puede existir una acción colectiva que sea realmente incluyente? ¿En qué consiste en definitiva la emancipación política? Con la ayuda de Hannah Arendt y de Jacques Rancière, Jordi Carmona desarrolla filosóficamente estas cuestiones.

Amador: Me gustaría empezar mostrando algo del libro que quizá no está claramente a la vista. Es lo siguiente: no se trata exactamente de un nuevo ensayo sobre Hannah Arendt o Jacques Rancière, sino que es más bien una tentativa de pensar con ellos la experiencia que hicimos en las plazas del 15M. El 15M, y en general los movimientos de las plazas que aparecieron en la estela de la primavera árabe, están y no están en el libro. Son de alguna manera la fuerza que plantea los problemas y que impulsa a pensar, lo que hay por debajo. Entonces me gustaría que nos contaras algo sobre el proceso de elaboración del libro, sobre la relación entre la experiencia vital y los conceptos. ¿Cómo ha sido esa relación en tu caso?

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Políticas del deseo: retomar la intuición del 68

Consigna del movimiento feminista, la mutación antropológica de nuestros días contra el régimen depredador

¿Qué nos puede dar qué pensar hoy el 68 a quienes queremos una transformación sustancial del orden de cosas? Tiene que ver con una intuición que aparece entonces y con la que es urgente retomar el contacto si queremos salir de las posiciones reactivas con respecto al neoliberalismo y volver a tomar la iniciativa.

¿Cuál es el significado del 68 en la historia revolucionaria del siglo XX? Podríamos decir que es el comienzo de una crisis y una decadencia: el declive de la hipótesis de la revolución a través de la toma del poder, hegemónica desde la revolución rusa de octubre de 1917.

El 68 no fue sólo el mayo francés, sino una onda larga en el tiempo y el espacio que atravesó EEUU, México, Checoslovaquia, Italia, España, etc. En ninguno de los casos se trató de tomar el Estado a través de un partido de vanguardia. Se expresa así una intuición: no se cambia la sociedad (solamente) adueñándose del poder, ni siquiera de los medios de producción.

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Defender la ZAD o de cómo el gobierno de Macron quiere acabar con la prueba de que otro mundo es posible

Decenas de personas portan una parte de la estructura de madera para la reconstrucción de Le Gourbi a través de toda la ZAD

El lunes 23 de abril se cumplían 15 días del comienzo de la operación militar lanzada por el gobierno de Emmanuel Macron sobre la Zone A Défendre (Zona A Defender) cercana a la ciudad francesa de Nantes. Aunque la existencia de esta ZAD, por sus siglas, y la enorme importancia que su lucha contra la construcción del que habría sido el tercer aeropuerto más grande de Francia ha pasado relativamente desapercibida en el territorio español, nos encontramos ante el movimiento europeo de defensa del territorio y de denuncia del modelo de crecimiento contemporáneo y sus consecuencias más grande de los últimos años.

La ZAD ha supuesto a la vez la articulación de un movimiento nacional vertebrado en torno a los diferentes comités de apoyo en innumerables poblaciones francesas, la construcción de un frente de lucha local plural que ha incluido desde organizaciones ecologistas a sindicatos agrarios y plataformas urbanas, la revitalización en el debate público francés de una crítica al capitalismo y su delirio productivista, la ocupación efectiva de un territorio de en torno a 1200 hectáreas en las inmediaciones del municipio de Notre-Dame-des-Landes, el desarrollo en el mismo de innumerables iniciativas que van de la artesanía y la agroecología a escala local (carpinterías, ganadería, queserías, panaderías, huertos) a la autoconstrucción, pasando por experiencias de organización asamblearia del territorio, construcción de medios alternativos (radio Klaxon o el periódico ZAD-News), la construcción de una biblioteca, etc.; y, por último, la renovación y construcción parcial de un nuevo modelo de lucha basado en la idea de la ocupación de territorios como a la vez estrategia de defensa frente a la construcción de grandes infraestructuras y laboratorio de nuevas formas de habitar y de relacionarse (1).

Todo este magma de movimientos, amparados bajo el lema “Contra el aeropuerto y su mundo” y tras casi cinco décadas de lucha, consiguieron forzar al gobierno de Macron a anunciar el pasado 17 de enero el abandono definitivo del proyecto aeroportuario. Sin embargo, lejos de haber supuesto el final de la lucha, a esta victoria le ha seguido un nuevo ciclo de conflictos. Por un lado, conflictos internos al propio movimiento que, momentáneamente desprovisto de un objetivo común y unánimemente compartido que eclipsara sus diferencias, se enzarzó en debates políticos profundos sobre la actitud a tomar de cara al Estado, los siguientes pasos a seguir y las prioridades de la lucha. Una guerra de trincheras algo difusa enfrentó a aquellos que quisieron priorizar el mantenimiento del territorio de la ZAD como ejemplo de una manera diferente de comprender el mundo campesino, incluso pagando el precio de una oficialización y una aceptación de la regulación bajo el marco estatal; y aquellos que, aferrándose a la segunda parte del lema bandera del movimiento, denunciaron cualquier propuesta de diálogo, negociación o encuadramiento con el mundo al que se oponían.

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Lo que aprendí al darme cuenta de que había compartido una noticia falsa

Vídeo de la supuesta celebración (desmentida por Maldito Bulo) en Baqueira Beret tras la detención de Puigdemont

El día se que detuvo a Puigdemont en Alemania me enteré por un avance informativo en la tele. Rápidamente me fui a Twitter y comencé a leer. No suelo seguir ningún patrón en estos casos. Voy mezclando comentarios de gente que aparece en mi timeline y al cabo de un rato de lectura random acudo a voces que considero autorizadas.

No creo que mi timeline de Twitter sea el colmo de la pluralidad. Pero aunque hay una mayoría no conservadora y comprometida socialmente, incluso algún votante del PP creo que debe haber. Mi postura no es muy relevante en esta historia, pero diré simplemente que aunque no me apasiona ninguna clase de nacionalismo, que creo en el derecho a decidir y que considero que vivimos una época de déficit democrático.

El caso es que esa misma noche  hubo movilizaciones y hubo cargas. A cualquier persona con un mínimo de empatía y por más que esté en contra de la forma en que se ha gestionado lo de Catalunya por parte de los agentes independentistas le debe entristecer que la ciudadanía sea golpeada por la policía. Por eso, cuando vi este tuit me indigné mucho y lo retuiteé.

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La destrucción de la empatía (y las lágrimas felices)

Manifestación de apoyo a los padres de Gabriel, el menor desaparecido, en Almería

¿Es posible leer la coyuntura política, no simplemente como una disputa entre distintos grupos por el poder, sino como un choque entre diferentes percepciones de la vida social, entre diferentes sensibilidades de la vida en común?

Vamos a ensayarlo tomando apoyo en el sugerente concepto de “pedagogía de la crueldad” propuesto por la antropóloga  Rita Segato. Lo explico muy resumidamente a continuación.

En nuestras sociedades, la vida se vuelve cada vez más precaria: la indefensión y la desprotección son tendencias generales, transversales.

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Del punk y el zapatismo a las multitudes conectadas: entrevista a Guiomar Rovira sobre acción colectiva y tecnologías

Guiomar Rovira (mira a cámara) antes de la presentación del libro en Barcelona, con Iñaqui García y Marina Garcés.

A mediados de los años 90, caída la Unión Soviética, se hablaba del “pensamiento único”: el discurso que presentaba la democracia-mercado como único marco imaginable, pensable y admisible para la vida en común. La principal manera que tenía ese discurso de calar, según nos advertía Noam Chomsky, era la concentración de la información y los medios, es decir, la concentración de la voz y la imaginación de lo posible. Era la belle époque del neoliberalismo.

En su libro Activismo en red y multitudes conectadas, Guiomar Rovira hace la historia de cómo se cuestionó ese monólogo y se abrió lo posible. En primer lugar, aparecieron las redes activistas que, aprovechando la naturaleza abierta y descentralizada de Internet, inventaron nuevas herramientas tecnológicas a través de las cuales se difundieron imágenes, palabras y sentires distintos a la voz oficial. Es el momento del zapatismo y del movimiento anti-globalización. Más tarde, con la web 2.0., el uso político de las redes se socializó en manos de cualquiera. Es el momento de las “multitudes conectadas”, el 15M y otros movimientos de la crisis.

La historia de Guiomar presenta dos anomalías dentro de la producción académica. En primer lugar, es un libro fundamentalmente afirmativo, no crítico. Afirma la potencia política de las tecnologías cuando la gente se reapropia de ellas. La autora no mira el mundo desde el ángulo del poder: no nos habla de nuestra impotencia, de lo dominados y manipulados que estamos, ni de lo víctimas que somos. Todo lo contrario: habla de lo que se ha hecho, de lo que se hace y de lo que se puede hacer. Mira el mundo desde el ángulo de las potencias.

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Política de clase como política del encuentro

Cómic político de la Sociedad de Correspondencia de Londres, por James Gillray (1798)

¿Por qué una fracción significativa de los votantes de las clases populares que antes sostenían electoralmente opciones progresistas (socialistas, comunistas) apoyan hoy decididamente a los populistas de derechas como Trump o Marine Le Pen... aparentemente contra sus propios intereses?

Esta pregunta dispara en diferentes contextos (EEUU, Europa) debates encendidos en el campo progresista. ¿Habría que “volver” a una política que ponga en primer plano las cuestiones económico-materiales-de clase en vez de las cuestiones culturales-identitarias-de valores donde la derecha parece moverse como pez en el agua?

¿O bien es justo al revés: es en el terreno cultural justamente donde se encuentra el humus en el que podría gestarse un nuevo sujeto amplio (ya no la clase, sino “el pueblo”) que no está dado en la realidad, sino que podría articularse en torno a símbolos y polos de identificación abiertos, transversales?

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"Con la web y el móvil, está desapareciendo la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de vida"

Maurizio Ferraris (1956, Turín)

En pleno fin de semana y de madrugada, recibimos un mensaje del trabajo. ¿Cuál es nuestra respuesta? Leerlo y contestar. Este es el impactante -por lo común y cotidiano- punto de partida del último libro del filósofo Maurizio Ferraris, Movilización total.

El título remite a un concepto acuñado por el filósofo y escritor Ernest Jünger en 1930, mediante el cual se trataba de pensar la novedad que supuso la I Guerra Mundial: hizo desaparecer las distinciones entre el trabajo y el ocio, entre lo público y lo privado, entre la producción y la reproducción, promoviendo una "disponibilidad absoluta" en el tiempo y el espacio al poder económico-militar.

¿Vivimos hoy, paradójicamente en tiempos de paz, una nueva "movilización total"? ¿Están desapareciendo, con las nuevas formas de trabajo y de comunicación, las fronteras entre los tiempos de trabajo y los tiempos de la vida? ¿Estamos hoy, mediante nuestros teléfonos móviles, siempre "disponibles" a la llamada del poder? 

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Habitar el presente: una lectura de 'Ahora', del Comité Invisible

Ahora

“La asombrosa realidad de las cosas / es mi diario descubrimiento / Cada cosa es lo que es, / y es difícil explicarle a nadie cómo me alegra esto / y cuánto me basta. / Basta existir para sentirse completo” (Alberto Caeiro)

El pensamiento crítico reprocha a nuestra sociedad vivir aplastada en un “presente perpetuo”: un presente cerrado sobre sí mismo, sin apenas memoria del pasado ni proyecto de futuro. Nuestro problema, desde esta perspectiva, es que vivimos a corto plazo, en lo inmediato, con el presente como único horizonte posible. Sobre todo la gente más joven. Y lo que nos hace falta es recuperar el “sentido histórico” -porque sólo el pasado esclarece el presente- y la facultad de la esperanza, la apertura a otros futuros posibles.

Pero, ¿estamos seguros de esto? ¿Vivimos realmente instalados en el presente, es ese nuestro problema?

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Barcelona en diciembre

"No nos roba Vallecas, nos roba Pedralbes. ¡Independicémonos del capitalismo! Que no nos confundan de enemigo."

Durante meses, El País se ha volcado en una campaña a favor del centralismo español que, paradójicamente, se presenta como un baluarte contra el nacionalismo catalán; como si el nacionalismo fuera un buen antídoto contra el nacionalismo. En los últimos días, los ataques han sido mucho más ruidosos, acompañados de una predicción: los independentistas serán al fin humillados. El 17 de diciembre, Mario Vargas Llosa publicó un artículo criticando las raíces del nacionalismo, con motivaciones naturalmente bien fundamentadas. ¿Cómo podemos no estar de acuerdo con él en que el nacionalismo exalta valores irracionales que van contra la sensatez y la democracia?

El problema es que, hablando de nacionalismo, poco se entiende de lo que sucede en Barcelona (y, aunque de manera más compleja, en toda Catalunya). Barcelona es una ciudad cosmopolita, libertaria e internacionalista: un nodo de la red social desterritorializada de trabajo precario y cognitivo.

Vargas Llosa ridiculiza la idea de que el movimiento independentista catalán se puede definir como un movimiento anticolonial. "¿Desde cuándo se ha considerado la zona económicamente más rica como una colonia de un país más pobre?" El problema es que Vargas Llosa, como casi todos, cree que el problema radica en el conflicto entre Barcelona y Madrid. Esta visión es muy pobre; no podemos entender la actual sublevación independentista sin tener en cuenta el hecho de que el verdadero enemigo de Barcelona no es el Estado español, sino el sistema bancario europeo. Es el sistema financiero global el que ejerce su dominación colonialista sobre la sociedad catalana y el resto de países europeos. En este sentido, el movimiento independentista catalán es anticolonial. El levantamiento independentista actual, de hecho, comienza en 2011, después del surgimiento de acampadas contra la explotación financiera, cuando nos dimos cuenta de que la protesta democrática es inútil porque el otro partido no es democrático, sino absolutista y abstracto: el sistema bancario global.

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