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Políticas de la presencia, políticas del convivir

Una manifestación en el clima del 15M

Todo sustantivo implica un verbo que lo sustenta. El verbo que sostiene la palabra 'democracia' es convivir. Aunque en la escuela nos enseñan a pensar la democracia como un sistema de gobierno, se trata de un modo de convivencia. El biólogo cultural Humberto Maturana explica que convivir no es meramente estar los unos al lado de los otros, sino que implica confluir en las emociones y los haceres de la relación, es decir, estar los unos con los otros en el fluir de un entrelazamiento de prácticas comunes y de sentires. Se trata de estar juntos de modo que lo que les pasa a los unos no resulte indiferente a los otros y viceversa. El sentimiento fundamental que orienta el modo de vida colectiva al que llamamos democracia es el deseo de convivir. ¿Podemos seguir utilizando el sustantivo democracia para dar cuenta del modo de vida colectiva en el que hoy en día inscribimos nuestro existir?

Además de esconder un verbo, el sustantivo democracia se acompaña de adjetivos que se han ido insertando en su devenir histórico. Se incide constantemente en el carácter democrático de nuestro modo de vida colectiva, pero se omite que se trata de una democracia únicamente formal y representativa. Que sea formal significa que la forma predomina sobre el contenido. Que sea representativa conlleva, como en toda representación, que aquello que está formalmente representado se encuentra realmente ausente. No es en el plano de la representación en el que se cimenta un modo de vida en común tejido con haceres y sentires entrelazados, es decir, en el que se sustenta la convivencia. Para ello se necesita de otros planos. Todo modo de vida realmente democrático requiere de la existencia de una demodiversidad, es decir, de otros modos de democracia que, más acá o más allá de la representación, transformen ésta en un sentido más democrático o la desborden con prácticas de la presencia que le disputen el sentido y la hegemonía.

La convivencia, base del modo de vida democrático, requiere, junto a la necesidad de la presencia de los unos y los otros, de la confianza. El prefijo con- remite etimológicamente a los términos "junto a" y "cerca de". La raíz fi- proviene del latín vulgar "fidare" (fiar o fiarse). No existe confianza sin la experiencia de la cercanía y sin que nos fiemos los unos de los otros y viceversa. Sin embargo, la relación de los políticos y las personas se caracteriza, cada vez más, por la experiencia de una distancia y una desconfianza tan mutuas como endémicas. Como las personas no somos de fiar para los políticos, nos alejan todo lo que pueden del control sobre sus haceres y decisiones. En esa distancia, los políticos desarrollan una autonomía en la que, lejos del interés común, suelen responder, fundamentalmente, a intereses particulares. De entre esos intereses destaca el firme propósito de garantizar la supervivencia y competitividad de sus respectivas marcas en el mercado de los partidos políticos. Para ello es común y recurrente el engaño y la práctica de la mentira. De este modo, el hacer político, lejos de orientarse a partir de un fundamento ético, se inscribe en el ejercicio de una racionalidad instrumental. En nuestro modo deficitario de democracia, el político no sirve a una comunidad sino que se sirve de la política. El carácter profesionalizado de su actividad, sujeta a unas condiciones materiales que hoy en día determinan el goce de un privilegio, contribuye a enfatizar el peso de esta racionalidad.

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Diego Sztulwark: "No hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad"

Diego Sztulwark (Buenos Aires, 1970). Foto: Moro Anghileri

Francia, Hong Kong, Ecuador, Irak, Chile… Una nueva onda de politizaciones y revueltas expresa explícitamente el malestar global contra el neoliberalismo. El filósofo argentino Diego Sztulwark, antiguo miembro del Colectivo Situaciones, encuentra inspiración en ese "reverso de lo político" para un nuevo ensayo de pensamiento político radical: La ofensiva sensible (editorial Caja Negra). Anteriormente publicó Vida de perro, balance de medio siglo de política en Argentina, junto al periodista Horacio Verbitsky.

Dice el filósofo Alain Badiou que esta es una época de revueltas, pero ya no (¿aún no?) de revoluciones. Las revueltas gritan "no", ponen límites al poder, desalojan dictadores o gobiernos autoritarios, pero sin un modelo social alternativo y de repuesto. En este impasse o intervalo (ya no/aún no), ¿cómo te sitúas? ¿Dónde se sitúa tu pensamiento y la escritura de este libro?

No veo otra opción que situarme precisamente en el interior de este impasse. Ni en el desaliento que hace que consumamos razonamientos interesados en profundizar la impotencia, ni en alguna clase de utopismo que, paradójicamente, no puede afirmarse sin negar aspectos importantes de la situación que describes. Ni en el prestigio del realismo pesimista, ni en el autoengaño de quienes alientan a la acción sin hacerse cargo de lo que no funciona. El filósofo argentino León Rozitchner empleaba una fórmula que a mí me sigue interesando: "cuando el pueblo no lucha, la filosofía no piensa". Es obvio que hay luchas muy importantes y hay nuevas formas de pensar. Y también es evidente que el tamaño de los problemas que afrontamos es enorme.

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Yo Sí Sanidad Universal: llevamos a juicio la exclusión sanitaria

Yo Sí Sanidad Universal lleva a juicio la exclusión sanitaria

Madrid, cuatro de la tarde. Nos acercamos al mostrador del centro de salud. Ya es el segundo intento. Casi se nos ha olvidado aquello de ilegal, no deberías venir a nuestro país a aprovecharte de nuestro sistema. La carpeta bajo el brazo rebosa de fotocopias, sellos, pasaportes, justificantes, estampas que el camino hasta aquí nos ha obligado a ir coleccionando. Es nuestro turno.

Hola, me llamo Ángela, Juana, Mario, Paula, Eloisa, Adrián. Estoy embarazada, Tengo VIH, Mi bebé está muy flojito y vomita sin cesar, La médica me ha dicho que tengo que comenzar lo antes posible el tratamiento para el cáncer, Me estoy sintiendo mal. –Lo siento, sin empadronamiento no hay tarjeta. Lo siento, no le corresponde la cobertura de medicamentos. ¿Menos de 90 días en España? No, no, no. Son las órdenes. Claro que sí, pero antes debe firmar este compromiso de pago. – Pero mire tengo aquí el informe que me ha dado la trabajadora social que justifica mi derecho, Pero mire si tengo la tarjeta de solicitante de asilo, el justificante médico, Pero…pero.

Sentimos rabia y miedo, miedo por las amenazas de facturación, por si no atienden a mi madre que cada vez tiene las piernas más hinchaditas y no puede ya casi caminar, por si no vaya a ser que me entreguen a la policía, casi que mejor no vuelvo… ¿será que se me ha olvidado algún papel?

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Más allá de Corbyn y otros profetas desarmados, revivir la democracia

Jeremy Corbyn, en un debate televisivo

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El impulso para escribir el presente texto surgió de la lectura de un muy interesante análisis de Ignacio Sánchez-Cuenca sobre la debilidad actual de la izquierda a la luz de la derrota laborista publicado en el periódico Infolibre bajo el título: "La derrota de Corbyn y algo más". El autor retoma en su artículo toda una serie de observaciones que efectuó en otros libros y artículos sobre la diferencia derecha-izquierda y la "superioridad moral de la izquierda". Muchas de esas observaciones son pertinentes, pero resultan algo nostálgicas, pues son aplicables a un marco político en que la oposición derecha-izquierda era aún significativa y podía tener consecuencias efectivas sobre el reparto del poder y de la riqueza como el que existió mal que bien desde los años 50 a fines de los 70 en Europa, cuando existían aún sindicatos, movimientos sociales y partidos de izquierda fuertes. Por consiguiente, la conclusión del artículo solo puede ser pesimista:

La izquierda no está siendo capaz de capitalizar la extendida insatisfacción con la política y el sistema económico. El primer desafío consiste en entender la razón de ello. No parece que sea un problema de propuestas. Como he señalado antes, hay propuestas radicales y moderadas, pero ninguna de ellas consigue el apoyo abrumador que su materialización requiere. Más bien, da la impresión de que los votantes no creen que esas políticas sean realizables o que, si lo son, no vayan a tener unos costes mayores de los que sus promotores están dispuestos a admitir. Con niveles bajos de confianza política, un capitalismo financiero y globalizado que constriñe lo que pueden hacer los partidos cuando llegan al poder, más una ideología neoliberal dominante, muchos ciudadanos dan la espalda a los mensajes que lanzan, con un punto de desesperación, las fuerzas progresistas.

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Pensar, para poder respirar

“There is a crack in everything, that's how the light gets in” (Leonard Cohen)

Para Rita Segato, contra el juicio y la cicuta

Alguien, o algo, dice "es así", y satura la situación.

Lo que hay, lo que existe, se cierra en una especie de cuadrado -o cuadrilátero, de boxeo- donde lo posible está acotado, donde sólo cabe decir sí o no, bajar la cabeza o polarizar desde otro "es así".

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La política experiencial o los chalecos amarillos como pueblo

"El pueblo hacer vivir a Francia. El gobierno la hace morir"

Primer aniversario del movimiento de los chalecos amarillos, el 17 de noviembre de 2018 miles de personas ocupan las rotondas de toda Francia en protesta contra la subida del precio de la gasolina del gobierno Macron.

Un año después, los chalecos amarillos siguen activos, pero rodeados por el silencio y los estereotipos mediáticos. Es un movimiento demasiado impuro para los radares del pensamiento dominante. Muchas demandas y no todas ellas "coherentes" en un bloque ideológico, sin líderes, movimiento de clase que sin embargo no tiene que ver con la lucha de clases, anticapitalista pero no necesariamente anti-mercado, colectivo pero individualista a la vez.

Algo así sólo puede pensarse desde dentro. Es lo que hace Michel Lianos, sociólogo que acompaña al movimiento desde sus orígenes, dando cuenta de todas sus paradojas a través del concepto de "política experiencial". La experiencia común, ya no las etiquetas ideológicas o sociológicas, como base de la acción. La experiencia común como centro y motor de nuevos movimientos paradójicos, inclasificables para la vieja cultura política.

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Elogio del tumulto

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Cargas en el aeropuerto del Prat, tras conocerse la sentencia a los líderes del Procés

"De los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes" (Maquiavelo)

¿Cuál es la principal aportación de Maquiavelo al pensamiento político? Según el filósofo francés Claude Lefort, es la idea de división social. No hay armonía en ningún sitio, toda sociedad se encuentra dividida entre los Grandes que quieren dominar y el pueblo que rechaza ser dominado. Entre ambos hay desunión, tumulto y conflicto. La vitalidad y la justicia de cualquier sociedad se juega siempre en la disposición que da a esa división insuperable.

¿Será el conflicto absorbido, sofocado o tendrá alguna vía abierta para desplegarse? De la respuesta a esta pregunta se deducen según Maquiavelo-Lefort los tipos de organización social: el principado, en el cual las instituciones están por encima de la sociedad y se protegen de sus agitaciones; la república, en la cual la ley se deja afectar por el conflicto y se transforma para darle una respuesta; la anarquía, donde el conflicto no tiene ninguna respuesta y corre el riesgo de pudrirse o convertirse en guerra civil.

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Ecuador, tras la derogación del decreto que originó las protestas: "¡Viva la vida carajo!"

Levantamiento indígena y represión estatal, (C) Jonatan Rosas

Toca revivir y guardar firme en la memoria cada imagen poderosa, cada conversación, cada sensación. No han parado de sucederse, y ahora, todo lo que hemos contenido, se desborda. También le sucede a mi hija, que hoy necesita llorar por cualquier cosa y no le apetece nada regresar mañana al colegio.

La marcha encabezada por las mujeres hacia el norte de la ciudad fue realmente hermosa. Acabó, ese 12 de octubre, en la estatua ensangrentada de Isabel la católica. Este gesto de dar un paso adelante arrastró a muchas personas y también reveló algo triste, bueno, si no triste, muy particular sobre la lucha vivida. Algo que sin duda nos toca pensar.

Mucha gente mestiza de clase media, y desde luego de sectores populares, está en contra de que el FMI gobierne el país junto a la élite empresarial supeditando el bienestar de la población, en particular de los grupos peor parados, a los fines de la acumulación.

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Ecuador en la lógica de guerra, toca quebrar el cerco, toca virar la fuerza

Levantamiento indígena y represión estatal, (C) Jonatan Rosas

Son las 12 de la noche y las bombas no cesan, llora una amiga. Yo temo por los indígenas amazónicos, que fueron llegando el día de ayer y hoy ya se ven expuestos a esto después de tremenda travesía. Es terrible, dice mi vecina y amiga de Imantag, nos están matando; siento tanta impotencia. Ya debemos hacer algo, algo distinto quizás. Ahí fuera hay una ciudad que sigue su vida y no sabe que nos están matando. Ya no puedo soportarlo. Este gobierno es una máquina de muerte, máquina de aniquilación total.

Esa ciudad la he visto. Es la ciudad del norte, donde no hay desabastecimiento en los supermercados, donde se come torta en el sweets&coffee y donde se ven las noticias desde el sofá. Es una ciudad obscena en su desconexión y en su conexión a través de los medios, en los que se habla de destrucción del patrimonio, violencia de quienes protestamos y deseo de la gente de trabajar y sacar al país adelante, como si esto último nada tuviera que ver con la legalización del empobrecimiento generalizado que traen las nuevas medidas y las viejas injusticias.

Hoy, tras una nueva ocupación de la Asamblea Nacional, y un pronunciamiento del presidente Moreno, palabras vanas, llamando al diálogo con los líderes indígenas para que “hablen conmigo”, la policía volvió repentinamente al ataque frente a una multitud pacíficamente sentada a la espera de cualquier señal de esperanza. Una estudiante estaba allí y nos envió su testimonio. No dejaba de llorar. Infame el ataque sorpresa a las universidades ayer noche mientras la gente descansaba, infame la nueva ofensiva el día de hoy tras el llamado al diálogo. Ver la imagen del presidente hablando me revuelve el estómago, es un fascista, y ahora sabemos que no va a detener la matanza.

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Ecuador, una lucha sin vanguardia ni retaguardia: todos de a una

Levantamiento indígena y represión estatal en Ecuador, (c) Jonathan Rosas

Acaban de gasear a las puertas de la Universidad Salesiana en Quito, lugar al que históricamente han llegado los indígenas para alojarse en marchas y levantamientos. "La universidad es zona de paz", reza una pancarta en la Universidad Católica, también lugar de acogida, ante la arremetida de la policía. No ha pasado ni una hora cuando cientos de iniciativas buscan resguardar estos albergues y centros de acopio. Vecinas con solicitudes y firmas dirigidas al alcalde para que declare el área como "zona de no violencia", cartas de docentes universitarios, videos en las redes para hacer respetar la autonomía de las universidades. Y es que no se detienen las hostilidades, contra la gente que se junta, contra periodistas, contra wawas (bebés)…, mientras los voceros se llenan la boca con palabras que definitivamente no van: delincuencia y diálogo.

Resguardar, albergar, cuidar, acoger son palabras que resuenan el día de hoy, allí donde fluyen mil y una pequeñas, medianas y grandes iniciativas para sostener la lucha. Ni vanguardia ni retaguardia; todo de a una, como el palo horizontal que porta la comunidad para defender la tierra, para encabezar la marcha, para no seguir mandados. Ahí es donde se condensa lo se aprende peleando, lo que me gustaría compartir con mi hija y mi ahijada: la fuerza del cuerpo a cuerpo comunitario que enseña el movimiento indígena, y el par reproducción de la lucha y lucha por la reproducción, que alumbran las mujeres organizadas y los feminismos, los wambras también.

Muchos jóvenes urbanos, mestizos, populares y de clase media, se acercan a los centros de acopio. Llegan a dejar algo y se quedan, se arremangan y se ponen a hacer y a coordinarse con otros conocidos y desconocidos. Unos se juntan por aquí, otras por allá. Esto sucede de lo más grande a lo más pequeño. De lo grande: los centros de acopio y acogimiento en las universidades, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana y alrededores, que ya hoy se sienten como santuarios. De lo pequeño: la brigada de limpieza que irrumpe y recompone el espacio, la enfermera que logra un auto para llevarse a una joven herida, la que acerca lo propio de casa y se queda. Ocurre, igualmente, de lo fijo a lo móvil. De lo fijo: la compa que reúne, clasifica y manda, los vecinos que cocinan, los amigos que ponen en marcha su colecta. Lo móvil: los paramédicos que van y vienen, adelante, detrás y a un costado de quienes resisten, las amigas que circulan repartiendo almuerzos, panes, coladas, los abogados que atienden y buscan a los detenidos. De pronto todo se recompone, las heridas si no se curan, se mitigan.

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