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Obediencia o apocalipsis: la estrategia de la disuasión

Predicación del Anticristo por Luca Signorelli en la capilla de San Bricio en la Catedral de Orvieto

Imaginemos la aparición de nuevos brotes víricos, segundas y terceras oleadas de contagio, más cuarentenas y escaladas en respuesta… La sombra del apocalipsis es el escenario ideal para la activación de una nueva estrategia de la disuasión: obediencia o fin del mundo. Un poder que no impone certezas, sino que gestiona la incertidumbre. No postula un orden, sino que gestiona el desorden. No promete nada, sólo exhibe la amenaza. ¿Cómo fugar?

Quizá no son términos tan evidentes como otros, pero "escalada" y "desescalada" también forman parte del lenguaje bélico que tantísimos gobiernos han escogido para producir sentido ("relato") a su gestión política de la pandemia. Es decir, a su cálculo coste-beneficio particular.

Fueron por ejemplo empleados habitualmente en la llamada "estrategia de la disuasión" activa durante la Guerra Fría entre EEUU y la URSS. Esta estrategia consistía en "comunicar" al adversario la capacidad de devolver el ataque nuclear, aun estando herido de muerte.

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Vivencia y experiencia en la crisis del coronavirus

Manteros de Barcelona cosen mascarillas y batas para los sanitarios

Estos días sentimos claramente el "fracaso" del pensamiento que no se da tiempo para escuchar, que no se afecta de la situación: sólo es capaz de afirmar posiciones previas.

Pero hay otros usos del pensamiento: servirnos de él para refinar e intensificar nuestra capacidad de escucha y atención, buscar en él no tanto respuestas como vías para formular mejor una pregunta. La pregunta de qué (nos) está pasando.

Intento más abajo eso mismo con el pensamiento del argentino Ignacio Lewkowicz, ayudarme de él para preguntar por el tipo de experiencia que estamos haciendo en la crisis del coronavirus, qué significa "hacer experiencia" y en qué podría consistir una experiencia colectiva, "política", de esto.

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Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe

"No volveremos a la normalidad. La normalidad era el problema"

1.

En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las células que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses después, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que seguían enfermando y muriendo. Tal y como confirmó la investigación, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautizó como Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma región en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como "SARS".

En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la región de Guangdong, varios investigadores en virología de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista científica "Virus Evolution" que señalaba a los murciélagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigación desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localizó, precisamente, en la población de murciélagos de la región. ¿Cómo una epidemia porcina había podido ser desatada por los murciélagos? ¿Qué tienen que ver los cerdos con estos pequeños animales alados? La respuesta llegó un año más tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas publicó un informe en la revista Nature en el que, además de señalar a su país como un foco destacado de la aparición de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisión a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos. Además, el estudio puso de manifiesto que la ganadería industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es idéntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murciélagos a través del análisis genético.

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¿Qué es el pensamiento crítico?

La cabeza de Medusa, Peter Paul Rubens (1617-18)

Solemos asociar el pensamiento crítico a estas dos operaciones:

- La sospecha hacia lo dado. El crítico no se limita ni da por buenas las apariencias, los fenómenos, lo dado. Mira por debajo, por detrás, entre bambalinas. Y ahí descubre las fuerzas que realmente tiran de los hilos: el poder, el dinero, etc.

- El juicio y la denuncia. El crítico juzga la realidad desde un modelo o ideal y señala los defectos, las limitaciones, las carencias. El mundo no es lo que debería ser. Evalúa negativamente, pone en la picota, a caldo, a parir.

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La asistencia sexual, recuperar nuestros cuerpos para recuperar nuestras vidas

Antonio Centeno

La que ha liado Macron abriendo un proceso consultivo sobre la legalización de la asistencia sexual. Parte del lío tiene que ver con que bajo el paraguas "asistencia sexual" se está colocando casi cualquier tipo de trabajo sexual que se dirija a las personas con diversidad funcional, y eso genera confusión porque hay propuestas y modelos muy diferentes entre sí. Lo que propone Macron, prácticas sexuales con las personas asistentes, es simple y llanamente prostitución especial. Hay quienes tienen problema con que sea prostitución, y hay quienes tenemos problema con que sea especial (igual que nos pasa con la escuela especial o el transporte especial). Lo que en el Movimiento de Vida Independiente entendemos por "asistencia sexual" no es ni prostitución ni especial, si no un apoyo específico relacionado con nuestra forma de autonomía.

Tengo un certificado oficial que afirma que soy "dependiente en grado III". Para llegar a esa conclusión, un equipo multidisciplinar me hizo preguntas del estilo "¿puede beber por usted mismo?". Contesté que no, porque para beber mi asistente personal coloca el vaso en mis labios y lo inclina. Pero, en rigor, ¿puede alguien contestar afirmativamente? Detrás de ese vaso de agua hay miles de personas sosteniéndolo, se beba con las propias manos o con las del asistente personal, la diferencia entre 10.000 manos y 10.001 no debería ser significativa. La independencia es una fantasía, una ilusión óptica creada por un sistema social tan complejamente articulado para satisfacer las necesidades cotidianas de quienes funcionan de manera estándar que la tupida malla de productos y servicios que lo hacen posible queda invisibilizada por un uso y costumbre continuado que construye la idea mitológica del individuo autosuficiente. Todas dependemos de todas, todas aportamos a todas, nadie vive "por sí misma", la interdependencia es lo único real, es imposible ser sin las demás.

Lo que debería decir el certificado al que hacía referencia, es que sufro una discriminación sistemática y sistémica (de grado x, si quieren) porque no se reconoce mi forma de autonomía, el mundo no está pensado para hacer las cosas a mi manera y esa falta de realismo para asumir la diversidad funcional de las personas es lo que transforma situaciones de interdependencia en dependencia. Mi forma de autonomía consiste en hacer las tareas cotidianas con Otras Manos y Mis Decisiones (OMMD). Por ejemplo, bebo con las manos de mi asistente personal sosteniendo el vaso y tomando yo todas las decisiones sobre esa acción (qué, cuándo, dónde, cómo, cuánto, etc.) Mi asistente no me da de beber, bebo a mi manera (OMMD). A veces, se ve más claro si el apoyo es tecnológico; cuando paseo lo estoy haciendo con el movimiento de la silla motorizada y mis propias decisiones (OMMD), la silla no me pasea. Puede parecer un juego de palabras banal, pero es la diferencia entre ser y vivir como un objeto o como un sujeto, nada menos. Beber con el apoyo de un asistente o pasear con una silla motorizada no son situaciones de dependencia, sino de autonomía OMMD en un entramado de interdependencias que se convierte en dependencia sólo si se me niegan esos apoyos.

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Políticas de la presencia, políticas del convivir

Una manifestación en el clima del 15M

Todo sustantivo implica un verbo que lo sustenta. El verbo que sostiene la palabra 'democracia' es convivir. Aunque en la escuela nos enseñan a pensar la democracia como un sistema de gobierno, se trata de un modo de convivencia. El biólogo cultural Humberto Maturana explica que convivir no es meramente estar los unos al lado de los otros, sino que implica confluir en las emociones y los haceres de la relación, es decir, estar los unos con los otros en el fluir de un entrelazamiento de prácticas comunes y de sentires. Se trata de estar juntos de modo que lo que les pasa a los unos no resulte indiferente a los otros y viceversa. El sentimiento fundamental que orienta el modo de vida colectiva al que llamamos democracia es el deseo de convivir. ¿Podemos seguir utilizando el sustantivo democracia para dar cuenta del modo de vida colectiva en el que hoy en día inscribimos nuestro existir?

Además de esconder un verbo, el sustantivo democracia se acompaña de adjetivos que se han ido insertando en su devenir histórico. Se incide constantemente en el carácter democrático de nuestro modo de vida colectiva, pero se omite que se trata de una democracia únicamente formal y representativa. Que sea formal significa que la forma predomina sobre el contenido. Que sea representativa conlleva, como en toda representación, que aquello que está formalmente representado se encuentra realmente ausente. No es en el plano de la representación en el que se cimenta un modo de vida en común tejido con haceres y sentires entrelazados, es decir, en el que se sustenta la convivencia. Para ello se necesita de otros planos. Todo modo de vida realmente democrático requiere de la existencia de una demodiversidad, es decir, de otros modos de democracia que, más acá o más allá de la representación, transformen ésta en un sentido más democrático o la desborden con prácticas de la presencia que le disputen el sentido y la hegemonía.

La convivencia, base del modo de vida democrático, requiere, junto a la necesidad de la presencia de los unos y los otros, de la confianza. El prefijo con- remite etimológicamente a los términos "junto a" y "cerca de". La raíz fi- proviene del latín vulgar "fidare" (fiar o fiarse). No existe confianza sin la experiencia de la cercanía y sin que nos fiemos los unos de los otros y viceversa. Sin embargo, la relación de los políticos y las personas se caracteriza, cada vez más, por la experiencia de una distancia y una desconfianza tan mutuas como endémicas. Como las personas no somos de fiar para los políticos, nos alejan todo lo que pueden del control sobre sus haceres y decisiones. En esa distancia, los políticos desarrollan una autonomía en la que, lejos del interés común, suelen responder, fundamentalmente, a intereses particulares. De entre esos intereses destaca el firme propósito de garantizar la supervivencia y competitividad de sus respectivas marcas en el mercado de los partidos políticos. Para ello es común y recurrente el engaño y la práctica de la mentira. De este modo, el hacer político, lejos de orientarse a partir de un fundamento ético, se inscribe en el ejercicio de una racionalidad instrumental. En nuestro modo deficitario de democracia, el político no sirve a una comunidad sino que se sirve de la política. El carácter profesionalizado de su actividad, sujeta a unas condiciones materiales que hoy en día determinan el goce de un privilegio, contribuye a enfatizar el peso de esta racionalidad.

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Diego Sztulwark: "No hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad"

Diego Sztulwark (Buenos Aires, 1970). Foto: Moro Anghileri

Francia, Hong Kong, Ecuador, Irak, Chile… Una nueva onda de politizaciones y revueltas expresa explícitamente el malestar global contra el neoliberalismo. El filósofo argentino Diego Sztulwark, antiguo miembro del Colectivo Situaciones, encuentra inspiración en ese "reverso de lo político" para un nuevo ensayo de pensamiento político radical: La ofensiva sensible (editorial Caja Negra). Anteriormente publicó Vida de perro, balance de medio siglo de política en Argentina, junto al periodista Horacio Verbitsky.

Dice el filósofo Alain Badiou que esta es una época de revueltas, pero ya no (¿aún no?) de revoluciones. Las revueltas gritan "no", ponen límites al poder, desalojan dictadores o gobiernos autoritarios, pero sin un modelo social alternativo y de repuesto. En este impasse o intervalo (ya no/aún no), ¿cómo te sitúas? ¿Dónde se sitúa tu pensamiento y la escritura de este libro?

No veo otra opción que situarme precisamente en el interior de este impasse. Ni en el desaliento que hace que consumamos razonamientos interesados en profundizar la impotencia, ni en alguna clase de utopismo que, paradójicamente, no puede afirmarse sin negar aspectos importantes de la situación que describes. Ni en el prestigio del realismo pesimista, ni en el autoengaño de quienes alientan a la acción sin hacerse cargo de lo que no funciona. El filósofo argentino León Rozitchner empleaba una fórmula que a mí me sigue interesando: "cuando el pueblo no lucha, la filosofía no piensa". Es obvio que hay luchas muy importantes y hay nuevas formas de pensar. Y también es evidente que el tamaño de los problemas que afrontamos es enorme.

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Yo Sí Sanidad Universal: llevamos a juicio la exclusión sanitaria

Yo Sí Sanidad Universal lleva a juicio la exclusión sanitaria

Madrid, cuatro de la tarde. Nos acercamos al mostrador del centro de salud. Ya es el segundo intento. Casi se nos ha olvidado aquello de ilegal, no deberías venir a nuestro país a aprovecharte de nuestro sistema. La carpeta bajo el brazo rebosa de fotocopias, sellos, pasaportes, justificantes, estampas que el camino hasta aquí nos ha obligado a ir coleccionando. Es nuestro turno.

Hola, me llamo Ángela, Juana, Mario, Paula, Eloisa, Adrián. Estoy embarazada, Tengo VIH, Mi bebé está muy flojito y vomita sin cesar, La médica me ha dicho que tengo que comenzar lo antes posible el tratamiento para el cáncer, Me estoy sintiendo mal. –Lo siento, sin empadronamiento no hay tarjeta. Lo siento, no le corresponde la cobertura de medicamentos. ¿Menos de 90 días en España? No, no, no. Son las órdenes. Claro que sí, pero antes debe firmar este compromiso de pago. – Pero mire tengo aquí el informe que me ha dado la trabajadora social que justifica mi derecho, Pero mire si tengo la tarjeta de solicitante de asilo, el justificante médico, Pero…pero.

Sentimos rabia y miedo, miedo por las amenazas de facturación, por si no atienden a mi madre que cada vez tiene las piernas más hinchaditas y no puede ya casi caminar, por si no vaya a ser que me entreguen a la policía, casi que mejor no vuelvo… ¿será que se me ha olvidado algún papel?

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Más allá de Corbyn y otros profetas desarmados, revivir la democracia

Jeremy Corbyn, en un debate televisivo

1.

El impulso para escribir el presente texto surgió de la lectura de un muy interesante análisis de Ignacio Sánchez-Cuenca sobre la debilidad actual de la izquierda a la luz de la derrota laborista publicado en el periódico Infolibre bajo el título: "La derrota de Corbyn y algo más". El autor retoma en su artículo toda una serie de observaciones que efectuó en otros libros y artículos sobre la diferencia derecha-izquierda y la "superioridad moral de la izquierda". Muchas de esas observaciones son pertinentes, pero resultan algo nostálgicas, pues son aplicables a un marco político en que la oposición derecha-izquierda era aún significativa y podía tener consecuencias efectivas sobre el reparto del poder y de la riqueza como el que existió mal que bien desde los años 50 a fines de los 70 en Europa, cuando existían aún sindicatos, movimientos sociales y partidos de izquierda fuertes. Por consiguiente, la conclusión del artículo solo puede ser pesimista:

La izquierda no está siendo capaz de capitalizar la extendida insatisfacción con la política y el sistema económico. El primer desafío consiste en entender la razón de ello. No parece que sea un problema de propuestas. Como he señalado antes, hay propuestas radicales y moderadas, pero ninguna de ellas consigue el apoyo abrumador que su materialización requiere. Más bien, da la impresión de que los votantes no creen que esas políticas sean realizables o que, si lo son, no vayan a tener unos costes mayores de los que sus promotores están dispuestos a admitir. Con niveles bajos de confianza política, un capitalismo financiero y globalizado que constriñe lo que pueden hacer los partidos cuando llegan al poder, más una ideología neoliberal dominante, muchos ciudadanos dan la espalda a los mensajes que lanzan, con un punto de desesperación, las fuerzas progresistas.

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Pensar, para poder respirar

“There is a crack in everything, that's how the light gets in” (Leonard Cohen)

Para Rita Segato, contra el juicio y la cicuta

Alguien, o algo, dice "es así", y satura la situación.

Lo que hay, lo que existe, se cierra en una especie de cuadrado -o cuadrilátero, de boxeo- donde lo posible está acotado, donde sólo cabe decir sí o no, bajar la cabeza o polarizar desde otro "es así".

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