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Una operación militar en una favela de Río termina con siete muertos, entre ellos un niño

La madre del niño fallecido en Río sostiene su camiseta ensangrentada.

Víctor David López

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Las favelas de Vila do Pinheiro y Vila do João, pertenecientes al Complejo de la Maré, en la zona norte de la ciudad de Río de Janeiro, fueron el miércoles el objetivo de una de las operaciones más violentas desde que el presidente Michel Temer puso en marcha la Intervención Federal en el Estado de Río, con el Ejército al frente de la Secretaría de Seguridad Pública.

Desde el 16 de febrero de este año, todos los estamentos policiales del Estado de Río de Janeiro –además de los Cuerpos de Bomberos y las Penitenciarías– están bajo el control del general Walter Souza Braga Netto. Van más de cuatro meses ya de Intervención Federal en Río, con el Ejército ocupándose de esta delicada cartera.

Una de estas Policías dirigidas por el general Braga Netto, la Policía Civil, había diseñado la operación ejecutada en la Maré con el objetivo de cumplir con 23 mandatos de ingreso en prisión. La acción ha contado con el apoyo in situ del Ejército.

Otro de los fines era intentar detener a los sospechosos del asesinato la semana pasada de Ellery de Ramos Lemos, inspector jefe de la Delegación de Combate a las Drogas (DCOD). Con el vocabulario de la Policía Civil en su comunicado público, estas detenciones se definen como “verificar informaciones obtenidas a través del sector de inteligencia”. Los vecinos, que ya conocen cómo se cierra el círculo, suelen emplear la palabra venganza.

Los moradores del Complejo de la Maré estuvieron presenciando tiroteos desde primera hora de la mañana. Un helicóptero sobrevolaba las favelas y disparaba desde lo alto. Las organizaciones vecinales, los medios de comunicación del barrio y los movimientos sociales iban alertando a la población minuto a minuto para que se mantuviera a salvo y evitara salir a la calle.

Según la Policía Civil, “durante el cumplimiento de los mandatos de ingreso en prisión en dos residencias, los policías han sido recibidos con intensos disparos de armas de fuego. En la confrontación, seis criminales han sido heridos y socorridos, pero han terminado falleciendo”.

Nada dice el comunicado sobre Marcos Vinícius da Silva. El niño, de 14 años, fue alcanzado por una bala perdida mientras se dirigía a la escuela poco antes de las nueve de la mañana. El proyectil le impactó de lleno en el estómago. La camiseta escolar ensangrentada, en manos de su madre, queda como un trágico recuerdo de una jornada tristemente inolvidable para el barrio y la ciudad.

Marcos Vinícius murió en el Hospital Getúlio Vargas, en el barrio de Penha. No pudo soportar la intervención quirúrgica de urgencia en la cual le habían extirpado el bazo. Poco antes de la medianoche, con la noticia propagada por toda la ciudad y ya soliviantando a toda la Maré, una manifestación improvisada tomó la Linha Amarela, una de las carreteras limítrofes del barrio.

Minutos después, el Centro de Operaciones de Ayuntamiento de Río de Janeiro anunciaba los cierres al tráfico tanto de la Línea Amarela como de la Línea Vermeha –otra vía fronteriza–. La razón: acción policial. Y volvieron los tiroteos con los que había amanecido el día.

“Cuatro fusiles calibre 5.56mm, ocho cargadores, dos pistolas –una calibre 40 y otra 9mm–, cuatro granadas y gran cantidad de munición para fusil y pistola” fue el materia incautado a los criminales por la Policía Civil, según su comunicado. Además de “gran cantidad de drogas –1.832 dosis de cocaína, 75 bolsas de marihuana y otros 2 kilos de cocaína–, además de herramientas utilizadas para forzar cajeros electrónicos”.

Ni el general Braga Netto ni su Policía Civil han confirmado si se han hecho efectivos o no los mandatos de ingreso en prisión que eran el principal objetivo de la operación. Sobre la mesa, siete muertos más, uno de ellos menor de edad, en una ciudad cuya violencia cada vez alcanza cotas más insoportables.

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