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Trump se libra: las siete claves del informe del fiscal sobre la conspiración con Rusia

Donald Trump

Carlos Hernández-Echevarría

Trump tiene motivos para la celebración. Tras dos años de exhaustiva investigación, el fiscal especial Mueller ha concluido que su campaña no se puso de acuerdo con Putin para manipular las elecciones y tampoco le acusa de obstaculizar la investigación. El Fiscal General o ministro de Justicia William Barr ha hecho público tan solo un pequeño resumen del informe, pero aquí os traducimos las cuestiones más importantes.

¿Conspiró Trump con Putin para ser elegido?

No. La respuesta del fiscal es categórica: “la investigación no ha establecido que miembros de la campaña de Trump hayan conspirado o se hayan coordinado con el gobierno ruso en sus actividades de interferencia en las elecciones”. El detalle es importante: no se trata solo del presidente Trump, tampoco de su hijo Donald Jr. ni de su yerno Jared Kushner, que se reunieron con una agente rusa y que han reconocido haber solicitado entonces información negativa sobre Hillary Clinton.

¿Significa esto que Rusia no influyó en la elección de Trump?

No. Muy al contrario, el fiscal concluye que hubo dos operaciones rusas a gran escala para apoyar a Trump: una de desinformación con noticias falsas en Internet y otra de hackeo para obtener y difundir información privada de los demócratas. El fiscal ha imputado a varios ciudadanos y militares rusos (que jamás se sentarán en el banquillo), pero lo que dice es que nadie de la campaña de Trump se coordinó con ellos “a pesar de las numerosas ofertas de ayuda por parte de individuos afiliados a Rusia.

¿Cometió Trump un delito de obstrucción a la justicia torpedeando la investigación?

Depende. Muchas veces se ha dicho que el presidente Nixon no tenía ni idea de que el robo en el Watergate se iba a producir, pero que sus esfuerzos por boicotear la investigación posterior fueron los que provocaron su caída. En el caso de Trump también era clave saber si el presidente cometió un delito de obstrucción a la justicia, ya que él mismo reconoció en televisión que cuando despidió al director del FBI que empezó a investigarle “me dije, este asunto de Rusia con Trump y Rusia es una historia inventada”. En esa cuestión, el fiscal especial Mueller ha sido mucho menos concluyente.

Según el resumen de su informe, el fiscal especial “no establece una conclusión en un sentido o en otro” sobre si el presidente ha cometido o no un delito de obstrucción a la justicia. Mueller detalla una serie de acciones de Trump y da argumentos a favor y en contra, pero no toma partido. Como solo tenemos el resumen de sus conclusiones, no sabemos cuáles son esas acciones, pero sí que “aunque este informe no concluye que el presidente cometiera un delito, tampoco lo exonera”.

Un momento: ¿significa esto que Trump aún puede ser acusado de obstrucción?

No. Como Mueller no toma una posición, el Fiscal General y su segundo de abordo entienden que la decisión queda en sus manos y concluyen que “las pruebas reveladas durante la investigación del fiscal especial no son suficientes para establecer que el presidente cometiera un delito de obstrucción a la justicia”. Y además especifican que no toman esta decisión porque jurídicamente no se pueda imputar a un presidente en el cargo, sino basándose tan solo en las pruebas.

Entonces, ¿qué hay del impeachment?

Está difícil. En teoría este informe no tiene nada que ver con el impeachment. Al presidente se le puede hacer un proceso de destitución por cualquier cosa que la Cámara de Representantes considere “altos crímenes y faltas”, como si se trata de mascar chicle en el cine. El impeachment es un proceso político en el que la Cámara de Representantes acusa y el Senado juzga, no hace falta ni juez ni fiscal. Pero, obviamente, si un fiscal especial que investiga durante dos años no encuentra motivos concluyentes para mojarse, es difícil que los demócratas puedan justificar dar un paso de tanta gravedad. Y menos aún con elecciones presidenciales en año y medio.

Políticamente, ¿qué es esto?

Una enorme victoria para Trump. Aunque el presidente ha sido el primero en desprestigiar la investigación del fiscal especial llamándola “caza de brujas”, las conclusiones principales del informe reivindican lo que Trump ha dicho desde el primer día: NO COLLUSION, es decir, que no se puso de acuerdo con Rusia. En cuanto a esa indefinición sobre si ha cometido o no obstrucción a la justicia, si un fiscal no se atreve a acusarte, ¿quién lo hará?

Los demócratas tenían muchas esperanzas puestas en esta investigación y han usado el argumento de Rusia para explicar su derrota de 2016, cuando las razones son mucho más complejas. Aunque ahora insisten en que el documento que tenemos es solo un resumen de la investigación y que es imprescindible que se publique el informe completo, esta batalla está ya perdida. Harían bien en olvidarse de Putin y hacer una seria autocrítica de por qué más de 60 millones de estadounidenses votaron a Trump y muchos volverán a hacerlo.

Y si no hubo delitos, ¿por qué hay asesores en la cárcel?

Por otros asuntos. Aunque el fiscal especial no ha hallado pruebas de que nadie de la campaña conspirara con Rusia, por el camino sí ha encontrado otros delitos. El jefe de campaña, Paul Manafort, está en la cárcel tras declararse culpable de diferentes delitos financieros y fiscales, manipulación de testigos y conspiración contra los EEUU. Su segundo, Rick Gates, se enfrenta a un panorama similar y la mano derecha de Trump en política exterior, el general Flynn, se ha declarado culpable de haber mentido sobre sus contactos con el gobierno ruso. El asesor Roger Stone también mintió sobre sus conversaciones con Wikileaks y otros personajes secundarios alrededor de la campaña están también en problemas. Además el abogado de Trump. Michael Cohen, ha sido condenado por diferentes delitos y se ha declarado culpable de mentir ante el Congreso durante la investigación rusa.

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