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La Laja: una parranda que 'engancha'

La formación musical, nacida hace unos dos años en una bodega de Breña Alta, llena los locales donde actúa con un repertorio que levanta los pies del suelo. "Entendemos por parranda coger canciones sencillas y sin mucho atropello musical darle un poquito de alegría", aseguran sus componentes.

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La parranda La Laja en el bar La Calita de Santa Cruz de La Palma. Foto: LUZ RODRÍGUEZ.

La parranda La Laja en el bar La Calita de Santa Cruz de La Palma. Foto: LUZ RODRÍGUEZ.

“Cuando nos conocimos te dije que yo era parrandero/ y tú me contestaste eso no importante yo así te quiero/ me gusta el ponche y el trago fuerte,  me gusta el vino y la serenata/ andar de farra con los amigos y la sonrisa de una mulata/”. Mandy Rodríguez, Martín Hernández, Nemesio Rodríguez, Pancho Bethencourt, José Miguel González, Máxi Pérez, Luis Brito y Jorge Cabrera, amigos y componentes de la parranda La Laja, se declaran, como la canción que inicia este reportaje, “parranderos” pero “de los sanos” y dejan claro, de entrada, que “no somos músicos, aunque lo intentamos”. 

Esta formación musical nació hace apenas dos años y está de moda. Llena los locales donde actúa. Luis ha recordado a La Palma Ahora sus inicios. “Un grupo de amigos queríamos aprender a tocar la guitarra y hablamos con Mandy para que nos enseñara en su bodega, en el barranco de La Laja, en Breña Alta, y de paso aprovechábamos para tomar unos vasitos de vino”. “Cuando aprendimos cuatro o cinco notas empezamos a escondidas como quien dice tocando en casa de amigos, cumpleaños y bautizos”. 

Mandy es el alma mater de la parranda, un hombre con chispa que siente verdadera pasión por la música. “Es un auténtico crack”, lo define Pancho. “Luis, que es tabaquero y le gusta la música -como a todos los tabaqueros- me pidió que le enseñara a tocar la guitarra, y así fue saliendo un grupo humano tremendo, eso es lo mejor que tiene, porque entre nosotros no hay ningún pero”, resalta Mandy. 

La parranda La Laja, que cuenta entre sus instrumentos con varias guitarras, acordeón, bajo y requinto, tiene en su repertorio cerca de un centenar de temas que, en su mayoría, levantan los pies del suelo. “Hay de todo: cumbias, habaneras, pasodobles, rancheras y alguna canción moderna para romper un poco el ritmo”, apunta Pancho. “Somos un grupo de amigos que nos gusta la música y el parrandeo, pero yo entiendo por parranda coger canciones sencillas y sin mucho atropello musical darle un poquito de alegría y ritmo”, aclara. “Lo hacemos porque nos gusta, nuestra intención no es llenar locales, sino alegrar al que nos escucha, aunque sí queremos contribuir a dinamizar la economía de los bares y crear un buen ambiente”, afirma. 

La parranda La Laja en plena actuación en el bar La Calita. Foto: LUZ RODRÍGUEZ.

La parranda La Laja en plena actuación en el bar La Calita. Foto: LUZ RODRÍGUEZ.

Nemesio reconoce que “desde que estamos algunos días sin tocar nos entra el mono musical y entonces tenemos que ir a la bodega o a cualquier otro sitio”. “Somos buenos amigos, nos reímos unos con otros y sin un día falta alguno, pues no pasa nada; lo peor es que las mujeres nos van a dejar porque ya son muchos años aguantando esto”, apunta con gracia Jorge Cabrera, El Rubio

La Laja actúa en cumpleaños, bautizos, bodegas, fiestas particulares y centros culturales, pero donde se está dando a conocer públicamente, con notable éxito, es en los bares La Calita y Melo de Santa Cruz de La Palma. Los jueves, viernes y sábado se encuentra en alguno de estos dos locales entre las 20:00 y las 00:00 horas. “Los domingos los dejamos para la familia”, puntualiza Mandy. 

A la clientela de estos establecimientos le resulta casi imposible permanecer sentada cuando suenan piezas como  Temperamento sentimental, El parrandero Las cerezas, El sabadito alegre o la Diosa de piedra. Todo el mundo abandona sus sillas –incluidos los extranjeros de visita en la Isla- y mueve el esqueleto en una improvisada verbena. Los camareros, con sus bandejas, tienen que hacer malabarismos para sortear a los clientes que se entregan al baile seducidos por sones que atrapan. 

Y para cantar cuatro horas seguidas, con treinta minutos de descanso, hace falta tomar algún líquido que evite que la voz no se rompa. “Un viejito que tocaba la guitarra me decía que la mejor bebida que hay para calentar la garganta sin que te pongas ronco es el vino al tiempo, aunque los cubanos toman hielo para bajar la inflamación”, cuenta Mandy, “pero si estamos ensayando en la bodega, quién no se echa un vaso de vino”, se pregunta con su habitual desparpajo.

Los componentes de La Laja insisten una y otra vez en que ellos no son “músicos” pero la realidad es que emocionan. “Un profesional de la música me comentó una vez que había grupos cincuenta veces mejores que nosotros, pero no transmitían. ‘Ustedes no es que realmente sean buenos, son una parrandita, pero transmiten, tienen gancho’, me dijo”, cuenta Mandy. Y esa es la clave de su éxito. Jorge, Luis, Maxi, José Miguel, Pancho, Nemesio, Martín y Mandy transmiten, tienen alma parrandera y cautivan.

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