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De Dakar a La Palma, exposición de pintura Abdoulaye Diop

Exposición de pintura de Abdoulaye Diop 'De Dakar a La Palma'.

La Real Sociedad Casino de Los Llanos de Aridane y el área Cultural AC/DC, dirigido por el curador de arte Diego Casimiro  nos presentan al pintor a Abdoulaye Diop. Una exposición hermosa que enlaza Dakar con La Palma. La expresión y los sentimientos del Atlántico. La verdadera África atravesada por el clamor de sus habitantes, por el sonido de sus ríos y de su música.

Nacido Abdoulaye en Senegal no puede escapar de su propia naturaleza fascinante de su país, por eso nos transporta a su particular universo emocional, a su realidad como ensueño,  a su pincelada, a la seducción de la orilla ondulante del mar para acercarnos a la profundidad. Para mostrarnos una exposición que se concreta a través del juego de vibraciones producidas entre el espacio, el color y la música.

De una tierra afectada y saqueada, la suya. Y lo hace con una paleta informal, enérgica, matérica de abstracción, de amarillos y bermellón junto a sombras más oscuras. Manchas que parece que flotan, azules o grises quizás como representación del viaje, de la inmigración o de esa unión del pasado y el presente con el futuro. 

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El valor del tiempo

La vida, nos va regalando pequeños encuentros que se convierten en fragmentos de tiempo que nos representan según el momento y los sentimientos. Si le damos un giro de realidad, cada una de las cosas que nos mueve, lleva implícita la palabra tiempo.

Eso es lo que somos, personas atrapadas en un espacio que nos indica el camino hasta definirnos, una moneda de cambio la cual usamos para pagar, curiosamente, con más tiempo.

No somos conscientes de todo lo que perdemos mientras derrochamos la vida formando parte de una sociedad que sigue debiendo más tiempo del que realmente tiene. Seguimos sumergidos en las idas y en las venidas de un futuro que, aunque lleno de cambios, elije subirse al mismo tren que los demás, para bajarse solo en la exigencia sin conformismo mientras el tiempo, sigue corriendo.

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Los canarios sin alas

La bonificación en los billetes de transporte para los residentes de Canarias no es un capricho, un privilegio ni tan siquiera un regalo. Muchos de estos calificativos los hemos podido leer muchos de nosotros en debates televisados o en redes sociales.

Parece que el ministro Ábalos también era partidario de esta idea cuando anunció que la nueva bonificación en los billetes no se podría llevar a cabo hasta el año 2019. ¿El motivo? Mientras que la Ley de Presupuestos Generales del Estado de 2017 modificó directamente el importe de la bonificación, la nueva Ley de 2018 dispone en su disposición adicional centésima cuadragésima séptima que “Se autoriza al Gobierno para que durante el año 2018 y con vigencia indefinida, aumente el porcentaje de la bonificación” pasando a ser del 75%. Tal y como se ha visto no hacía falta llegar a 2019 para aplicar el descuento. Sólo era necesario una autorización del Gobierno y que además ésta fuera durante el año 2018. La mentira tiene patas cortas y por eso nunca llega lejos.

Dos lecciones podemos sacar de esto: la primera, es que parecería que los diferentes actores políticos intervinientes querían atribuirse el mérito electoral de llevar a cabo una medida muy necesaria y que tiene incidencia directa sobre los ciudadanos: Nueva Canarias que introdujo las enmiendas oportunas y jugó hábilmente con sus votos decisivos para sacar adelante los PGE; los diferentes Gobiernos autonómicos, que hasta entonces habían sido convidados de piedra; y finalmente, el nuevo Gobierno que aprovechó el caramelo que llegaba a la mesa del ministro de Fomento para intentar atribuirse una medalla que no era suya, con el consiguiente enfado de, sobre todo, los ciudadanos canarios y baleares.

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El ‘pichinglis’ palmero

Cuando era pequeña y vivía en Guinea Ecuatorial había una lengua que hablaban los negros de la colonia española. Era el pichinglis, o el pichi, una lengua derivada de dos lenguas criollas de base inglesa, la lengua hablada en la región de Calabar, Nigeria, que fue llevada a Malabo a lo largo de los siglos XIX y XX por pequeños grupos que se desplazaban para trabajar en las plantaciones de cacao de Bioko, y el krio que comenzó a extenderse por la isla partir de 1827 llevado por los pobladores africanos que venían de Freetown, Sierra Leona. Estos dos criollos del inglés y las lenguas africanas entraron en contacto dando lugar al pichi, el segundo idioma más hablado en el país. Gracias a él, una entendía algo de lo que hablaban los que visitaban la casa de sus padres. Era fácil, y en cuanto aprendías dos o tres palabras, comprendías lo que hablaban los fang de Rio Muni y los bubis de la isla de Fernando Poó y, de paso, aprendías un poco de inglés. De lo que hablaban en las otras lenguas nativas, nada de nada.

Ahora me encuentro en un terreno parecido. En la isla de La Palma, han comenzado los eruditos a comunicarse en dos lenguas: el palmero y el inglés, bien mezclados y adobados. Una especie de pichinglis pero con nuevos componentes. Para mí indescifrable. Cada día me sorprenden con un nuevo mensaje en esa mezcla de idiomas que, por desgracia, nada aporta a nuestra sabiduría y si empobrece nuestra forma de comunicarnos. Vamos perdiendo palabras y creen que ganamos unas nuevas escribiendo carteles y manifestaciones en esa lengua que parece colonizarnos cada día un poco más. No sé inglés ni me hace falta. He viajado por el mundo con mi propia lengua y dentro y fuera del territorio español he podido entenderme perfectamente con ella. He aprendido palabras nuevas en América del Sur y con ellas y las mías he recorrido ciudades de América del Norte sin ningún problema. En Europa me han respondido con educación y paciencia cuando veían que no estaba interpretando bien lo que decían. Algunas palabras fundamentales para la convivencia las he anotado en mis agendas y se dar las gracias en varios idiomas y cuando me he visto en apuros, como en China, he sonreído y he gesticulado con las manos para hacerme entender. No hacía falta más.

Siempre dueña de mi lengua. Sin miedos ni complejos. Absolutamente orgullosa de lo que aprendí a hablar y siempre intentando aprender más para relacionarme con los demás, pero sin renunciar a lo que soy y a lo que hablo. Pero corren nuevos vientos con la obligación de saber para entender y, sobre todo, “atender” a visitantes de otros países y otras formas de expresarse. Nos acomplejamos si no los comprendemos cuando son ellos los que deberían venir a nuestra tierra y hacer el esfuerzo de hablar como nosotros hablamos. Eso, por una parte, y, por otra y entrando ya en el terreno jocoso del asunto, es de risa leer esos anuncios de fiestas y jaranas populares que se celebran en Canarias con nombres variopintos que llevan al sonrojo de quienes aún conservan el pudor patrio. En La Palma, por ejemplo, en El Paso pueden ustedes disfrutar del Cook Music Feast, en Barlovento del Barlovento Lagoon Music, en Tazacorte del Love Music Festival, del Mazucator Trail vaya usted a saber dónde, de la Fortius Race en Mazo, de la Nao Race en Puerto Naos, de la Cabra Trail en Puntallana, y de la Palma Fit Games en varios municipios. Y si no nos enfrentamos de una vez por todas a este desastre del lenguaje, a esta bajada de pantalones ante la cursilería y el ver quién ha ido a Londres más veces, nos encontraremos perdidos en este descampado cultural en que nos hallamos.

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Sobre ejes, consensos y contradicciones

El siguiente texto corresponde a una serie de reflexiones que realicé los meses de abril y mayo del presente año. Pocos meses después, nos encontramos ante un nuevo contexto, con la moción de censura que ha llevado a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno, y las reacciones exageradas por parte de una derecha que, cuando pierde el gobierno, muestra su lado más oscuro, que marca una concepción de la política según la cual el país es de ellos. 

También estos días ha surgido un interesante debate entre Alberto Garzón y Daniel Bernabé a raíz de la publicación por parte del segundo del libro  La trampa de la diversidad. Aunque he seguido con interés dicho debate, en parte relacionado con los temas que trato en ese texto, no he podido aún leerme el libro, pero sí los artículos e intervenciones por una y otra parte. Insuficiente, en todo caso, obviamente, para reflexionar por mi parte sobre el contenido de esa obra. 

Por otro lado, la constitución del Colectivo Violetas LGTBi+ La Palma, y la celebración este mes de julio de la primera manifestación del orgullo que se celebra en esta isla, no hace sino confirmar la reflexión que realicé hace unos meses, y que ahora reelaboro para darle un formato más cercano al artículo de opinión. Ahí va, pues, el nuevo artículo, con algunos añadidos a la reflexión inicial. 

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Nuestra Señora del Carmen. Parroquia matriz de El Salvador

“Don Fernando Estévez, ornamento del pueblo que tuvo el honor de ser su cuna, no fue un Montañés ni un Salzillo, como tampoco lo fue su maestro Luján. Pero él encarna el último resplandor de la imaginería canaria”.  

                                                                                      (Sebastián Padrón Acosta) 

El neoclasicismo nació a partir del rechazo del rococó y del barroco tardío, a mediados del siglo XVIII. Los artistas neoclásicos pretendían conseguir un estilo que transmitiese ideas morales serias como la justicia, el honor y el patriotismo. Ansiaban recrear el estilo simple y digno del arte clásico de Roma y Grecia. En el terreno de la imaginería, algunos lo consiguieron mediante una gran perfección técnica y un gran dominio del oficio; la idealización y simplificación de los volúmenes; poses y vestimentas inspiradas en las esculturas clásicas; reproducción de las indumentarias adheridas al cuerpo o “ropa mojada”, etc. 

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Penélope

Tito se bajó del furgón y le dio una patada a la puerta. Al mismo vehículo en el que había cargado todas sus pertenencias para trasladarse a Canarias y cambiar su vida segura, como profesor de un colegio francés, por la incertidumbre de ciertas cuadras ubicadas en el filo brumoso de unas cumbres. Él acababa de arrollar a una pequeña cabra que yo le había conseguido por un módico precio. Murió al instante. Yo no estaba delante y no recuerdo qué pasó después, si el profesor de equitación se ciscó en sus muertos, si se emborrachó o, más probablemente, hizo las dos cosas.

Una cabrita de corta edad es siempre adorable, muy fácil a la hora de tomarle cariño y por eso, cuando empecé a trabajar con ellas, convencí a mis padres para cambiar el menú de la cena de navidad. A partir de ese momento dejaríamos de tomar cabrito para sustituirlo por una especie de puchero cuya enjundia era carne de gallina. Con el tiempo un empresario, quien entre sus negocios tenía una granja de caprino, quiso corresponder la labor de asesoramiento que yo había realizado, tanto en mi horario de trabajo como en mi tiempo libre, y me hizo algunas propuestas, alguna de ella deshonesta. Se lo agradecí, al mismo tiempo que le especificaba mi falta de hábito y de gusto por ciertas expediciones, y aproveché para pedirle que me regalara una baifa, a ser posible hija de los machos que le habíamos cedido. Así fue y al poco tiempo me llegó de Gran Canaria una bonita cría recién destetada de Raza Majorera. Tito tuvo repuesto y, a partir de entonces, se andaría con mucho cuidado cada vez que se iba a colocar en el asiento del conductor.

Ilustración de MIGUEL ÁNGEL BRITO.

Ilustración de MIGUEL ÁNGEL BRITO.

En aquella época habíamos cambiado a unas nuevas cuadras, situadas en las montañas de Tacoronte, pero seguía mandando entre nosotros una niña especialmente cautivadora: era inquieta, bonita, cariñosa y juguetona. Esa princesa de los establos nos manipulaba y no dudaba de enfadarse con nosotros cuando decidía que habíamos hecho algo incorrecto. Por eso la nueva cabrita adoptó su nombre: Penélope.

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La condena indecente por el asesinato de Víctor Jara

Hay que recordar, de vez en cuando, la lucha de quienes estuvieron antes para que con ello se forje el espíritu de lucha de los que han llegado después.  Y eso fue, sin duda alguna, Víctor Jara, fue la lucha contra el desfavorecido, la canción de protesta por el que no tiene nada o por el que es golpeado por pedir algo de pan y expresar lo que siente, es la melodía del pueblo que grita sus necesidades, es el alarido por el absolutismo de la palabra de todo dictador, es una sombra de lucha y esperanza que aparece en la oscuridad cuando la opresión al ciudadano se hace más agónica.

La condena a dieciocho años de cárcel a ocho exmilitares chilenos por la muerte de Víctor Jara no hace justicia alguna.  Ninguna condena justifica la muerte de un ser humano, y en este caso, menos aún. La crueldad con la que se ensañaron tras su detención alberga un calificativo de una categoría superior a lo inhumano: Le rompieron los dedos para que no volviera a tocar la guitarra y le cortaron la lengua para que no volviera a cantar, luego de golpearlo reiteradas veces de forma cruel.  Días después lo fusilaron, le atravesaron 44 balas. Más tarde, lo tiraron a un descampado junto con otros cuerpos para que el pueblo lo olvidara,

Y aunque, como he dicho, dicha condena no hace justicia alguna, al menos, la noticia nos sirve para buscar en el desván, en el baúl de las sensaciones y las emociones olvidadas, las esencias dejadas en algún charco de lluvia en esta rutina diaria en la que nos hallamos envueltos, y volver a escuchar sus canciones y rememorar sus infatigables luchas por el pueblo, y empero, para que la crueldad con la que fue detenido y luego fusilado por la dictadura de Augusto Pinochet, nos muestre las verdades verdaderas del genocidio y la barbarie con la que dicho dictador se impuso en Chile, y al tiempo, con la que cualquier dictador intentará en todo momento imponer su doctrina, incluso en Democracia.

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Paisaje de las islas griegas

Volvemos al resplandor, las aguas transparentes de la orilla, el rastro de las ninfas y sirenas.  Hay cientos de islas a las que el mar no separa sino que une; son tantas que parecen sembradas a voleo, dice la mitología que son piezas del collar de Afrodita. Estos territorios saborean la pasión de vivir y el Mediterráneo es un puente de agua, las calas son tranquilas; el folklore generalmente es alegre. Me dieron la lengua griega, / la casa pobre en las playas de Homero, escribió Elytis. En Corfú cuenta La Odisea que naufragó Ulises y Sissi se hizo un palacio, en sus 592 kilómetros cuadrados hay cinco millones de olivos y cipreses. Por su verdor, Homero la llamó la isla esmeralda. Santorini es la más famosa, el pueblo de Oia aporta la típica tarjeta postal, las cúpulas azules en medio del caserío de un blanco resplandeciente que se asoma al acantilado. Hubo una gran explosión, la isla se fragmentó y en medio quedó una caldera, denominada con el vocablo español; algunos dicen que por aquí estuvo la Atlántida. Los escritores griegos exhiben un cierto panteísmo, recuerdan sus héroes, adoran la luz, el mar, el pasado mítico con los dioses paganos. Mikonos es casi tan seca como Fuerteventura, pero es un icono mundial, paraíso homosexual en sus playas del sur. Higueras, eucaliptos, tuneras, poca agua, el rocío de la noche aporta la humedad, también está presente el viento aunque apenas quedan cinco molinos para la foto. Los turistas se dan codazos para hacerse vídeos en las estrechas callejas repletas de tiendas, galerías de arte, artesanía.

Esa bandera añil y blanca de nueve franjas, omnipresente, representa las sílabas de la frase Libertad o muerte, símbolo de los esfuerzos que el país tuvo para recuperar su dignidad frente a tanta invasión, particularmente la de los turcos. En otro viaje comprendimos que Atenas no es hermosa pero sus barrios populares son una delicia para callejear. Queríamos adivinar la huella de tantos guerreros, y de los pensadores, poetas y dramaturgos que se movieron por el Ágora. Inolvidable estampa la de los restos de la Biblioteca de Adriano bajo la Acrópolis iluminada. ¿Y qué añadir sobre Olimpia, Delfos, Micenas, Meteora? Los habitantes son mediterráneos, y eso quiere decir que compartimos genes. El interior del país nos trae abundantes guiños del pasado: la música de Theodorakis con María Farantouri y el Canto General de Pablo Neruda, las rebeliones contra la dictadura militar, el claro sonido del bouzouki y los coros, el cine de Melina Mercuri, Zorba el griego buscando la libertad al amanecer, las venerables ruinas de los templos, la épica de tantas batallas, tantas derrotas en las abatidas columnas de mármol, y las esculturas, y los museos, el sonoro ritual de la iglesia ortodoxa, sus misas interminables. Y el vino griego, la mejor canción de José Vélez. Grecia ha sido prima hermana en el sufrimiento de la crisis económica, los bancos, la ruina, el abismo financiero, la gigantesca depresión, la lenta mejoría.

El poeta Pedro García Cabrera, un amigo que me abrió su casa, tenía un deseo ferviente antes de morir: visitar estas islas, el referente mítico por antonomasia de nuestra cultura occidental, los versos de Kavafis en la ruta hacia la Ítaca de nuestro ideal, la luz de Seferis y Yannis Ritsos. Su cielo y su mar intenso, la espuma que compartieron los visionarios. El poeta Lord Byron fue precisamente a morir en Grecia para apoyar la lucha por la independencia. Viñas, pistachos, adelfas, mucho sol. Ya lo dijo Lord Byron: la llamada de las islas es irresistible. Y las pequeñas islas cercanas a El Pireo: Hydra, con burros, sin coches, donde vivió Leonard Cohen su historia de amor con una sueca, Poros y Aegina, pinares que llegan hasta el mar, calles estrechas y deslumbrantes y gatos, muchos gatos.

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La infinita carretera del sur de La Palma

Los vecinos de Mazo, Fuencaliente y Las Manchas son unos héroes; las obras de la carretera del Sur de La Palma, en el tramo que comprende desde San Simón (término municipal de Mazo), pasando por Fuencaliente y terminando en Tajuya (término municipal de El Paso), las llevan sufriendo desde hace ocho largos años.

Lo peor no es lo pasado, sino la perspectiva de que vayan a concluir en un plazo cercano. No creo ni que exista el esbozo, ni la más mínima certeza para acabarla, al menos en una fecha realista. Con todo el tiempo transcurrido y lo poco o mucho ejecutado, no van ni por la mitad de la obra; si no cambia el devenir de la misma, al menos tenemos otros siete u ocho años por delante para seguir probando la paciencia de los palmeros; aunque una cosa es decirlo y otra muy distinta, padecerlo.

Las obras se iniciaron allá por el año 2010, estamos en el 2018 y lo que queda por hacer. En estos años se han tenido que soportar cortes de carretera, semáforos, incomodidades. En los años 2012 y 2013 llegaron a haber hasta cuatro semáforos entre Fuencaliente y Tigalate (Mazo). Ese tramo de carretera que, en condiciones normales, se tardaría entre 5 ó 10 minutos, se llegaba a tardar unos 25 ó 30 minutos. Actualmente esos semáforos ya no están... ahí, ahora los tenemos entre Fuencaliente y Las Manchas; llegando a sufrir cortes de hasta 32 minutos, en el mismo sitio, incluso con parada “extra” de otros 10 minutos más, si las circunstancias lo requieren. En esta vida todo tiene su mérito y se debería levantar un monumento al aguante de los vecinos, de un modo especial a los de Fuencaliente, que sufren las dichosas obras por los dos sentidos de salida del municipio, hacia Santa Cruz de la Palma y hacia Los Llanos de Aridane.

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