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Yemen, la guerra no tan lejana

Niña yemení, en un refugio

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De Madrid a Sanaá hay 5.640 kilómetros de distancia en línea recta. Un enorme trecho físico por el que a veces hace difícil imaginar desde España la actual crudeza de la guerra de Yemen, un conflicto armado intermitente desde hace décadas, que ha derivado en “la peor crisis humanitaria mundial” según la Organización de las Naciones Unidas.

Sin embargo, hay conexiones que nos acercan a la península arábiga, para entender mejor lo que está pasando. Hasta el pasado mes de enero se pudo ver en Madrid, como parte de la programación de la Casa Árabe, la exposición Desplazamientos. Diásporas de Yemen, que mostró el trabajo de dos fotógrafas de este país -Shaima al Tamimi, Thana Faroq- y las consecuencias sobre su población de los múltiples conflictos armados sufridos en su territorio.

La muestra, que formó parte de la última edición de PhotoEspaña, acercó a los madrileños los efectos de una guerra que ha causado más de tres millones medio de desplazados, con cicatrices muy visibles en algunos casos y otras algo menos, psicológicas, que los impresionantes retratos de Faroq, en primer plano, hacen llegar con fuerza hasta el espectador. La documentalista yemení explica que en el caso de su pueblo, llevar un pasaporte de Yemen es una fuente de ansiedad y una pesada carga, y la sensación de pertenencia a un lugar cada vez está más lejos de resultar un motivo de alegría.

Pese a ello, el pueblo yemení sigue conservando numerosas muestras de identidad, como se aprecia en las imágenes de Shaima Al-Tamimi, que habla de la diáspora de sus paisanos utilizando la historia de su propia familia. Sus fotografías hablan de unos ropajes, una cocina o unas lenguas que forman parte de una subcultura que unen a los desplazados, pese a que se encuentren en diferentes lugares del mundo.

Los miembros de la diáspora yemení se han visto obligados a huir de una guerra civil que mantiene varios conflictos en un país para el que la unificación producida en 1990 no derivó en una pacificación de la zona. Otros países de la península arábiga como Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí maniobran para dar su apoyo político e incluso armado a diferentes facciones y escisiones locales de gobierno, con el objetivo de mantener su influencia en el país, el más pobre de Oriente Medio pese a su glorioso pasado histórico.

En medio, una población con graves problemas de nutrición, que registra más fallecidos por el hambre que por el conflicto armado. La ONU calculaba a finales del pasado año que han muerto 233.000 personas, 131.000 de ellas por causas indirectas. Los más débiles son también los más expuestos a esta situación: en el mismo informe, las Naciones Unidas calculaban que más de 3.000 niños murieron durante los combates en el país y un número indeterminado está sufriendo problemas en su alimentación, debido también al bloqueo de entrada de bienes básicos practicado por sus vecinos del norte.

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Publicado el
22 de junio de 2021 - 00:00 h

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