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¿Para cuándo el debate de la sostenibilidad de la biomasa?

La bioenergía es el aprovechamiento energético de diferentes tipos de materia orgánica o biomasa, la principal energía renovable tanto en España como en la Unión Europea, donde supone más del 60 por ciento de la energía primaria consumida.

El aprovechamiento energético de diferentes tipos de materia orgánica, como biomasa forestal, cultivos o sus restos, estiércoles y purines, y otros residuos orgánicos, ofrece importantes oportunidades.

El sector de la bioenergía, las administraciones públicas y muchos actores sociales están evitando el necesario debate sobre las condiciones en las que puede ser una herramienta eficaz de lucha contra el cambio climático.

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Camión de reparto de bionergía.

Camión de reparto de bionergía.

Cuando escuchamos hablar de energías renovables en conferencias o mesas redondas, lo habitual es referirse a molinos eólicos, placas solares o turbinas hidroeléctricas. Pero es la bioenergía, es decir, el aprovechamiento energético de diferentes tipos de materia orgánica o biomasa, la principal energía renovable tanto en España como en la UE, donde supone más del 60% de la energía primaria consumida.

Las sociedades humanas llevan muchos siglos aprovechando esta fuente de energía, en forma de alimentos, pero también de leñas o carbón vegetal, para calentarse, alumbrarse, cocinar o fabricar manufacturas. En una sociedad globalizada e industrializada como la actual, el uso de la biomasa está atravesada por dos elementos diferentes pero convergentes. Tanto la progresiva escasez de combustibles fósiles como los crecientes impactos del cambio climático, consecuencia en buena medida de la combustión de aquellos durante los últimos 200 años, nos obligan a buscar alternativas al petróleo, carbón y gas. La biomasa es, en este contexto, una de las principales candidatas.

La tarea no es fácil. No existe alternativa que concentre tanta energía como los combustibles fósiles, especialmente      –pero no solo– en usos como el transporte. Por otra parte, los ingentes consumos energéticos de las sociedades industrializadas y consumistas hacen imposible satisfacer nuestras necesidades solo con renovables. Es imprescindible decrecer –en consumo energético y de materiales; no en tiempo libre, relaciones o afectos– y ser mucho más eficientes. Lógicamente, al capitalismo, obligado a crecer para sobrevivir y seguir acumulando, estos planteamientos no le encajan.

El aprovechamiento energético de diferentes tipos de materia orgánica, como biomasa forestal, cultivos o sus restos, estiércoles y purines, y otros residuos orgánicos, ofrece importantes oportunidades: aprovechar recursos presentes en muchos territorios, reducir nuestra petrodependencia o generar empleos en el medio rural, entre otros. Pero también presenta impactos y riesgos, de los que los actores económicos e institucionales que fomentan la bioenergía se olvidan sistemáticamente de hablar. En el caso de la biomasa forestal, cuyo aprovechamiento térmico es sin ninguna duda el que más está creciendo –y fomentándose– en muchos territorios ibéricos, la ecuación es sencilla: incendios forestales+sustitución de combustibles fósiles = energía sostenible/renovable. Esta ecuación, tan tendenciosa como peligrosa, fue la que de nuevo escuché en el reciente 10º Congreso Internacional de Bioenergía, organizado por AVEBIOM en el marco de la feria Expobiomasa 2015, en Valladolid.

Otra afirmación que pasará a la historia de las hipérboles (que, a fuerza de repetirse en distintos foros, se convierten en verdades) tuvo como protagonista al dinamizador del congreso cuando dijo que, a diferencia de otras regiones del plantea, la biomasa en España es sostenible porque procede de montes ordenados. Más de un aguafiestas ecologista sabe que en esta monarquía bananera el porcentaje de superficie forestal con algún instrumento de gestión forestal no llegaba en 2013 al 13%, o que en 2012 la superficie forestal con certificación de gestión forestal sostenible –vía PEFC o FSC– no llegaba al 10%.[1] En países como Alemania, Suecia o Finlandia, habituales referentes para el sector de la biomasa del nivel de aprovechamiento forestal al que España debería tender, la superficie certificada supera el 70%.

Aunque la producción de biomasa es renovable, la cantidad que puede ser producida y movilizada está limitada por factores como la disponibilidad de superficie, nutrientes, agua o bioresiduos. Y en muchas regiones del Estado español no abundan precisamente el agua, los nutrientes o las superficies de fácil acceso. A pesar de estos aspectos, el fomento de la bioenergía se está desarrollando a diferentes niveles, vía políticas y recursos públicos, dando por hecho su sostenibilidad y sus impactos positivos sobre el clima. Y si se abre a discusión, como en el tercer bloque del citado congreso, se enfoca a un creciente mercado internacional de pellets que alimenta grandes centrales térmicas e industrias, asumiendo una contabilidad de emisiones con graves carencias. Bochornoso.

El sector de la bioenergía, las administraciones públicas y muchos actores sociales están evitando el necesario debate sobre las condiciones en las que la bioenergía puede ser una herramienta eficaz de lucha contra el cambio climático, desarrollo rural y transición hacia economías basadas en energías renovables. En Ecologistas en Acción iniciamos ese debate hace más de una década, qué fraguó en un posicionamiento disponible en nuestra página web, y que ponemos a disposición de la sociedad para debatir y buscar acuerdos con otros agentes sociales e institucionales.

[1] El 13% de monte ordenado no considera determinados instrumentos de planificación territorial menores que incluyen algunas medidas de gestión forestal. “Diagnóstico del Sector Forestal Español” Análisis y Prospectiva - Serie Agrinfo/Medioambiente nº 8. Edita: Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

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