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Los comentarios que aguanto desde que hago Crossfit y tengo músculos

Irati cuenta los comentarios a los que se enfrenta desde que comenzó a hacer Crossfit y que su pareja hombre no tiene que aguantar: "Vaya tía, qué espalda y piernazas estás echando" o "te estás poniendo como Hulk Hogan"

"¿Qué tendrán los músculos en el cuerpo de una mujer para que, cuando aparecen, incluso salten las alarmas de enfermedades tan graves como la vigorexia?", se pregunta

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La verdad es que nunca he sido una persona especialmente deportista. Como buena hippie-vasca he hecho rutillas por la montaña de vez en cuando, algunos flirteos con el running, algo de bicicleta y poco más. Tampoco es que entre el activismo político, los trabajos precarios y el deporte nacional de arreglar el mundo entre pintxos y potes tuviera demasiado tiempo para la constancia deportiva semanal. Sin embargo, a raíz del último año preparando la tesis doctoral, decidí embarcarme en algún deporte intenso que me permitiera descargar adrenalina y centrarme en actividades muy corporales. 

Así es como, junto a mi pareja, aterricé en este deporte tan de moda, el Crossfit, un entrenamiento de alta intensidad que mezcla diferentes ejercicios. Y así es también cómo constaté de primera mano el machismo en el deporte. Su existencia, tanto a nivel profesional como amateur, es incuestionable: hablar de lo buenas que están las jugadoras de fútbol o de lo femeninas que son en vez de comentar sus majestuosas jugadas, es un clásico de dimensiones estratosféricas.

Desde que inicié mis andaduras en el Crossfit y a medida que he ido mejorando, ganando fuerza y, por consiguiente, tono muscular, también ha comenzado un murmullo entre mis amistades –parte de lo que se denomina un "entorno progre y feminista"– en torno a mi cuerpo que no podía haber imaginado. Los comentarios tipo "vaya tía, qué espalda y piernazas estás echando", "te estás poniendo como Hulk Hogan" o incluso alguna que otra conversación seria sobre "los peligros de la vigorexia" no han sido poco frecuentes. Yo ya los cuento por docenas.

Al principio no entendía nada. No es que sea una loca enganchada al Crossfit. Concretamente, en mis mejores semanas voy entre tres y cuatro veces durante una hora. Al principio no asocié estos comentarios al machismo inherente en la sociedad, sino que les presté atención preocupada e incluso me llegué a plantear mirándome al espejo y a la tripita que siempre me acompaña alegremente si estaba desarrollando alguna clase de obsesión, de súper musculación o algo raro.  

Mi pareja se enfadaba mucho y me decía que me dejase de "tonterías", que ante esos comentarios hablara de la energía que me da el Crossfit, lo calmada y despejada que me mantiene y lo bonito que es ir evolucionando en el deporte: la primera vez que consigues subir una cuerda, caminar haciendo el pino, hacer una dominada... Sin embargo, siempre, en toda conversación, volvía el tema del músculo, de la espalda y de las piernas.

Por el contrario, mi pareja, que es un hombre cis, no ha recibido ni un solo comentario respecto a su físico, aunque incluso compartamos parte del mismo entorno. ¿Qué tendrán los músculos en el cuerpo de una mujer para que, cuando aparecen, incluso salten las alarmas de enfermedades tan graves como la vigorexia? ¿Por qué mi compañero no tiene riesgo de ser vigoréxico si hace el mismo deporte que yo?, ¿Por qué él no es Hércules, Hulk o Rambo y yo sí que lo soy? Tengo varios amigos que corren tres veces a la semana durante dos horas y dos fines de semana al mes hacen corriendo rutas de más de 40 kilómetros o participan en maratones. ¿Por qué sobre ellos no recae "la alarma de la vigorexia"?

Cada día, desde que empecé a hacer deporte de alta intensidad me sorprende la poca costumbre que hay en nuestros entornos feministas a los cuerpos que rompen con los estándares de la feminidad hegemónica. Por suerte, tenemos referentes como los movimientos contra la gordofobia que están abriendo camino para valorar la belleza y la erótica de cualquier tipo de cuerpo.

Sin embargo, irónicamente, el refuerzo positivo que recibo para seguir haciendo un deporte que me encanta y me genera tanto bienestar sin los prejuicios estéticos de estar "pareciendo un machorro" ha venido precisamente del entorno, tan criticado, del Crossfit. En esta actividad, personas de diferentes características físicas, capacidades y géneros se mezclan para pasar un buen rato realizando ejercicios gimnásticos, de halterofilia y alta intensidad sin preocuparles la musculatura que vayan a desarrollar por ello. Mujeres referentes que están atentas para repetirte una y mil veces sin tapujos los lemas feministas cotidianos más importantes: "¿Tu te sientes bien? ¿Te lo pasas bien? ¡Pues que les zurzan a esos machistas ya, mujer, y mueve ese culo!".

Irati Mogollón

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