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Un doctor aprovechado tras un aborto: antes de irte "dame un beso"

Cuando me desperté de la sedación, un médico me dijo que le acompañara a su despacho. Después de varios comentarios sobre la abstinencia necesaria, me preguntó si "soy capaz de estar sin sexo quince días y no perseguir al novio"

Al finalizar la consulta me dice que aún falta una cosa por hacer antes de irme y se da toquecitos con el dedo en la mejilla para que le diera un beso

"Piénsate lo de ponerle los cuernos a tu novio", me insistió antes de abrir la puerta para que me marchara

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Un hospital. EUROPA PRESS

Hace un mes en una visita rutinaria al ginecólogo me dieron dos noticias: que a pesar de mis 41 años y síndrome de ovario poliquístico estaba embarazada y que tenía un bulto en el pecho que ha resultado ser un cáncer incipiente.

Debido a ésta última noticia, donde un embarazo frena mis opciones de tratamiento, y a mis circunstancias personales mi pareja y yo decidimos interrumpir el embarazo. Planificación familiar nos derivó a una clínica privada en otra comunidad puesto que en la mía los médicos objetan problemas morales para realizar la intervención de modo público. No entraré en que esos mismos médicos dejan de lado esa objeción cuando te los encuentras haciendo abortos en las clínicas privadas.

Así pues nos dispusimos a ir a la clínica y tras varias anécdotas poco agraciadas me despierto en la camilla tras la sedación. En ese momento un médico que no me ha tratado antes me pide que le acompañe a su despacho para darme antibióticos y recomendaciones tras la interrupción.

Entro en su despacho y tras unos minutos contándome el tratamiento que debo llevar me dice que "a ver cómo arreglamos esto, lo mismo tendrías que sacarte novia en vez de novio". Me lo tomo a broma porque me parece irreal ese tipo de comentarios, pero después de hacer algunos más sobre la abstinencia necesaria, si "soy capaz de estar sin sexo quince días y no perseguir al novio", le comento que no habrá problema pues un efecto secundario de unos anticonceptivos me quitaron la libido y aún no he sido capaz de recuperarla. Entonces añade que "lo mismo tienes que plantearte engañar a tu novio". Alucinada por el asunto le respondo que no estoy por la labor.

Al finalizar la consulta surrealista me adelanta para abrir la puerta de su despacho, pero antes me dice que aún falta una cosa por hacer antes de irme. Un poco descolocada le digo que si abre la puerta y dice que no mientras se da toquecitos con el dedo en la mejilla, que le diera un beso. Reconozco que estaba tan alucinada con la situación que no sabía si darle dos besos o dos tortas pero apelando a mi deseo de salir cuanto antes de allí le besé en la mejilla. Antes de abrir la puerta me repite: "Piénsate lo de ponerle los cuernos a tu novio".

Como soy una mujer con mucho sentido del humor traté de tomar la experiencia como algo surrealista, pero tras contárselo a mi novio me hizo ver que además de un comportamiento poco profesional, no podíamos olvidar que, aunque nuestro caso interrumpir un embarazo no era traumático, qué pasaba con todas esas mujeres y chicas que abortan y la culpa, la pena o el trauma las deja indefensas frente a este tipo de especímenes.

Dudo mucho que a un hombre que vaya a la clínica, para cualquier intervención, al salir por la puerta le digan que dos besitos, o que le recomienden ser infieles a sus parejas o ese trato paternalista dado en todo momento.

Por supuesto pondré una queja al servicio que corresponda por todas esas mujeres que no tienen por qué soportar este trato por un médico en un momento tan delicado.

María

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