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Una noche en la discoteca: un cruce de miradas que se convierte en una patada en el culo

Un chico me mira fijamente, me siento halagada y le devuelvo la mirada. Me sigue por el garito y me coge bruscamente del brazo para presentarse: todas las ganas que tenía de conocerle se me han ido

¿Puedo cambiar de opinión? Creo que estoy en mi derecho, pero parece ser que a él no le ha sentado nada bien y me ha pedido explicaciones por mi cambio de conducta. 

Le digo que me deje en paz, y con un movimiento brusco consigo deshacerme de él. Busco un hueco donde poder bailar, pero alguien me da una patada en el culo: es él

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Una imagen de la mítica discoteca londinense Fabric, ahora cerrada definitivamente.

Una discoteca.

Son las 05:40, recién llegada a casa de una noche de fiesta cuando comienzo a escribir esto. Y aunque esta es la primera vez que lo escribo, no significa que sea la primera vez que me haya sentido acosada. Hoy estoy especialmente indignada, me siento impotente y mi mente no para de producir una secuencia de imágenes, que me hubiera gustado llevar a cabo; pero una vez más, en este tipo de situaciones, me siento inferior y con miedo a las consecuencias. Esta noche no me han hecho ni una mínima parte de lo que le pueden hacer a una mujer. Y me muero de dolor por pensar que esto que me angustia lo ha sufrido otra persona multiplicado por mil.

Estoy en una discoteca y un chico que se parecía bastante a un cantante que me gusta me estaba mirando fijamente, no lo niego, me he sentido halagada y le he devuelto la mirada. Me ha seguido por el garito, y me ha cogido bruscamente del brazo para presentarse. Resulta que todas las ganas que tenía de conocerle se me han ido por las formas que él ha tenido de abordarme. ¿Puedo cambiar de opinión? Creo que estoy en mi derecho, pero parece ser que a él no le ha sentado nada bien y me ha pedido explicaciones por mi cambio de conducta. No entiendo por qué se las tengo que dar a un desconocido, pero queriendo entender su desconcierto, le comento que estoy con una amiga, a la que no me apetece dejar sola y con la que me lo estoy pasando fenomenal.

Creo que ya me he tomado suficientes molestias en explicarle lo que sucede. Él parece no comprender nada y me coge del brazo para preguntarme de nuevo qué me pasa. Le digo que me deje en paz, y con un movimiento brusco consigo deshacerme de él hasta que me suelta. Bastante enfadada e indignada busco un hueco con mi amiga donde poder bailar lejos de él, pero después de un par de bailes, “alguien” me da una patada en el culo. Primero veo las estrellas y después me doy la vuelta. Evidentemente es él, la pesadilla de mi noche. Lo desconcertante es su actitud prepotente y burlona. No me lo pienso y voy a por él, pero alguien que ha visto lo sucedido y ajeno a los dos se entromete en mi camino, me intenta tranquilizar y habla con él. No sirve de nada, ya que la historia parece seguir haciéndole gracia. Siento impotencia y una rabia tremenda que finalmente se traduce en gritarle cuatro palabras bien dichas. Solo pienso en que si respondo a su agresión, él me puede agredir más. Se ríe en mi cara, parece alegrarse por verme irritada. Un amigo suyo decide llevárselo y me pide disculpas, qué detalle…

Con una rabia inmensa que me recorre todo el cuerpo intento normalizar y terminar bien la noche, pero es ridículo olvidarse cuando todos los tíos que intentan pasar por tu lado te tocan la cintura. ¿Por qué no me puedes tocar el hombro para apartarme y pasar? Evidentemente esto no ayuda a olvidarme de lo anterior y me genera una mala predisposición ante cualquier tío que se acerca. Y aunque sea de broma y con intención de pasar un buen rato, recibe de mi parte una mala mirada. Cuántas personas interesantes me habré perdido por culpa de experiencias previas tan desagradables. Esto es una noche cualquiera, de una chica cualquiera.

Rocío

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