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Así fue la noche que quise volver a mi colegio mayor a dormir y no me dejaron

Esta es la historia de una mujer que, como muchas otras, ha sido víctima de comportamientos machistas durante una noche de fiesta

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Hace unos tres meses, empecé la universidad y me mudé a un colegio mayor en Bilbao. Un jueves, con el fin de conocernos y hacer migas con los compañeros del colegio, salimos de fiesta. Me lo estaba pasando genial, conociendo a gente nueva, contando chistes, hablando sobre las carreras... Ya en la discoteca sigo pasándolo de maravilla cantando y bailando. En un momento me aparto del grupo para ir a la barra a por una cerveza. Mientras la pido, la persona que está a mi lado me empieza a hablar. Yo le sigo el rollo porque soy de las típicas personas que cuando va de fiesta habla con todo el mundo. No sé cómo se desvía la conversación, pero acaba fanfarroneando de todo lo que era y todo lo que tenía. Y toda la conversación se acaba centrando en él.

Yo insisto varias veces en que quiero volver con la gente de mi residencia y, cada vez que intento volver, me retiene. Finalmente consigue que vayamos a bailar y nos acabamos liando, no porque yo quisiera sino porque no vi otra opción. Todavía tengo el deseo de volver atrás en el tiempo para haber sido más cortante. El lío que tuve con él es de las cosas más asquerosas que me han pasado. Fue horrible.

Cuando llegaron las seis de la mañana por fin tuve una excusa para poder irme a casa porque no me atrevía a decirle que no quería nada más e irme. Estábamos solos y no había nadie más en la calle. En Bilbao, los días de diario se abre el metro a las seis, así que le dije al chico que me quería volver a mi residencia a dormir. Él no aceptó el 'no' por respuesta y me dijo que él se había sacrificado por mí porque le dolía la boca al besar. También intentó que sintiera pena por él diciéndome que le había utilizado.

Cuando me puse a buscar en el móvil la parada de metro más cercana para volver a la residencia me lo quitó de las manos y me dijo que no me lo iba a devolver hasta que fuera a su hotel y le prometiera que íbamos a quedar. Después de varios intentos fallidos de recuperar mi móvil empecé a llorar de la impotencia que sentía. Yo solamente quería volver a la residencia, dormir y olvidarme de lo que había pasado.

Desesperada, empecé a decirle a la gente que pasaba por la calle que el chico me había quitado el móvil y que no podía volver a casa, pero nadie me hizo caso. En un momento, vi a un Ertzaina y empecé a acercarme a él. Entonces el chico me dió el móvil y se fue.

Después de esto no tuve valor de montarme en el metro y llamé a un taxi. Me sentía tan avergonzada. Aún no he reunido el valor para contárselo a nadie por miedo a que cuestionen mi comportamiento. Ahora que vuelvo a pensar en ello, lloro y me vuelven las mismas preguntas: ¿Por qué no fuiste mas cortante? ¿Por qué no te fuiste? 

Natalia (nombre ficticio)

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