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Ahora es Italia la que asusta a los mercados

Los resultados posibles de unas elecciones en Italia según los sondeos no garantizan estabilidad política alguna, ni en consecuencia muchas posibilidades de abordar las reformas de calado que la economía necesita

El Partido Demócrata italiano pierde 34 parlamentarios tras la escisión

El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni y el ex primer ministro italiano Matteo Renzi (d). EFE

Ha bastado con que el líder del Partido Democrático, Matteo Renzi, haya dicho que podría haber elecciones en otoño para que la prima de riesgo italiana se dispare hasta los 200 puntos, caiga la bolsa de Milán y el eco de ese descenso resuene en todos los mercados europeos. Lo cual quiere decir que los inversores temen que el resultado de esas elecciones agrave los riesgos económicos que siguen atenazando al país sigue y que Italia vuelva a estar de nuevo al borde del colapso financiero.

El editorial del primer diario económico italiano, Il Sole 24 Ore, se lamentaba este martes de que el mero anuncio de una posibilidad haya provocado tales efectos mientras que la prima de riesgo española no sufrió ninguna alteración en los 11 meses que España estuvo sin gobierno en 2016. Y añadía que la diferencia entre ambos países es que la deuda pública italiana supera el 135% del PIB y la española no llega al 100%, además de que el PIB crece sólo al 1%, aunque lleva unos cuantos meses mejorando mientras que la española rozó el 3% durante todo el citado periodo de incertidumbre.

Otra diferencia, señalaba Il Sole, es que España ya había saneado –ya sabemos a qué coste– el sistema bancario, mientras que los dramas que amenazan a este sector en Italia –y a la cabeza de ellos la posibilidad de quiebra del gigante Monte dei Paschi di Siena– siguen sin resolverse.

Con todo y con eso, ¿por qué dan miedo unas elecciones en otoño cuando, por otra parte, en todo caso habrían de celebrarse en 2018? Pues porque, se miren por donde se miren, los resultados posibles en función de lo que vaticinan los sondeos no garantizan estabilidad política alguna al futuro gobierno. Ni, en consecuencia, muchas posibilidades de abordar seriamente las reformas de calado que la economía del país necesita.

Las encuestas dicen que el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo están a la cabeza, cada uno con un 30% de las expectativas de voto. Y que detrás de ellos, casi empatados también, con un 13% y un 12,5%, respectivamente, están la Liga Norte y la Forza Italia de Silvio Berlusconi, que a sus casi 80 años no ha renunciado al protagonismo político y que podría ser un actor clave en las negociaciones del futuro gobierno.

Porque está claro que el futuro Ejecutivo será de coalición. Y, hoy por hoy, esa fórmula sólo admite dos posibilidades: un pacto entre Matteo Renzi y Berlusconi o un acuerdo entre Beppe Grillo y la ultraderecha que representa la Liga Norte.

Pero los analistas italianos desechan esta segunda opción. Porque dicen que, aunque la Liga y el Movimiento 5 Estrellas coinciden en su anti-europeísmo, les separa casi todo lo demás. Y añaden que Beppe Grillo no aspira para nada a gobernar en coalición, y menos con quienes él alguna vez ha calificado de fascistas, y que prefiere esperar a unas nuevas elecciones que podrían darle el gobierno sin necesidad de pactos.

Esa posibilidad podría llegar no muy tarde si, como muchos temen, el otro acuerdo posible, el del centro-izquierda de Renzi con Berlusconi, fracasa tras ejercer unos cuantos meses de gobierno. Y lo cierto es que eso es perfectamente posible. Porque durante cerca de 20 años, el Partido Democrático, heredero del comunista y del ala izquierda de la Democracia Cristiana, ha tenido como enemigo natural a Forza Italia y por mucho que los tiempos hayan cambiado esa animadversión profunda terminará por salir a la luz y acabará con el gobierno de coalición. En menos de seis meses, dicen algunos.

Esas incertidumbres explican el comportamiento de los mercados. Pero no parece que haya muchas posibilidades de superarlas. En estos momentos, la atención de los principales partidos políticos se concentra en aprobar una reforma de la ley electoral que fijaría un mínimo del 5% de los votos para poder entrar en el Parlamento –que barrería a muchos partidos menores– y que establecería un sistema proporcional similar al alemán frente al mayoritario actual.

Renzi, Berlusconi pero también Beppe Grillo son partidarios de esa reforma. El líder del PD ha resucitado tras el batacazo que se dio en diciembre pasado cuando perdió clamorosamente el referéndum sobre la reforma constitucional. Acaba de ganar las primarias de su partido y quiere elecciones cuanto antes para no perder ese impulso. Parece que Berlusconi también está por acelerar la reforma. Y el nuevo sistema tampoco le va mal al M5S. Los plazos son estrechos pero dan para convocar elecciones en otoño. Coincidiendo con las alemanas.

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