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Una Italia ingobernable y con Berlusconi triunfando de nuevo

El exprimer ministro ha hecho una campaña como si no tuviera encima varios procesos, algunos por acusaciones terribles, y como si no hubiera mentido nunca y sus sucesivos engaños no hubieran salido nunca a la luz.

El PD, al que hasta hace dos días todos los sondeos daban como seguro y hasta holgado vencedor, ha quedado lejos de sus expectativas.

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Berlusconi dice que Monti ha perdido "credibilidad"

El exprimer ministro italiano y líder del partido Pueblo de la Libertad, Silvio Berlusconi. / Efe

Repetir las elecciones con una nueva ley electoral. Ese mensaje va adquiriendo cada vez más fuerza a medida que avanza el escrutinio. Con una lentitud exasperante, por cierto, impensable, por ejemplo, en España. Porque aunque los datos que se conocen aún son parciales –cinco horas y media después del cierre de las urnas aún no se sabían todos los relativos al Senado y únicamente se había hecho público un tercio de los de la Cámara de Diputados- está ya claro, y en esto todos descartan las sorpresas, que ningún partido ni coalición logrará los escaños suficientes para formar un Gobierno estable. Es decir, que las elecciones del domingo y del lunes han producido en Italia el escenario más temido por Angela Merkel, por Barack Obama y por los mercados: el de un país ingobernable. En el que, además, y para reforzar esas inquietudes, Silvio Berlusconi, renaciendo de sus cenizas, ha vuelto a triunfar y, aunque, en principio, no parece que vaya a formar Gobierno, tiene ahora fuerza suficiente para condicionar cualquier salida política.

Aunque todavía nada está cerrado, esa es una de las certezas del momento. También se sabe con total seguridad que ha votado mucha gente: hasta el 75 % del censo, un 6 % menos que en las anteriores generales: y los primeros análisis apuntan a que buena parte de esa abstención cabe atribuirse a votantes potenciales del centro-izquierda –del Partido Democrático que encabeza Pier Luigi Bersani-, que, al final, se han quedado en casa. Se especula mucho sobre los motivos de esa actitud, pero lo cierto es que el PD, al que hasta hace dos días todos los sondeos daban como seguro y hasta holgado vencedor, ha quedado lejos de sus expectativas: en el Senado, cuyo peso en las decisiones parlamentarias italianas es mucho mayor que el que tiene su homólogo español, ha ganado por un pelo, en votos, a la coalición encabezada por Silvio Berlusconi, pero ha quedado detrás de ella en el reparto de escaños.

Incluso si ganara en la Cámara de Diputados, aunque todavía no está dicho, parece muy difícil que el PD, una coalición de los herederos del antiguo Partido Comunista Italiano con distintas formaciones democristianas y socialistas, vaya a poder formar un Gobierno estable. Porque se le ha escapado el Senado y porque el que estaba previsto que fuera su socio para completar la mayoría, es decir, la coalición encabezada por Mario Monti, ha sido la gran derrotada en estas elecciones. El que se creía personaje providencial, que gozaba de la simpatía y del apoyo de Alemania, de Bruselas –de hecho, fueron estas instancias las que hace un año le colocaron a la cabeza del Gobierno-, de la mayoría del empresariado y del Vaticano, no ha resistido la prueba de las urnas, a las que, por cierto, él no se presentaba, pues quería conservar su condición de senador vitalicio. Esa falta de arrojo, su campaña contra la izquierda a la que no ha dejado de acusar de que quería cargarse las reformas que él había aprobado a la cabeza de su Gobierno “de técnicos”, y seguramente también el apoyo descarado de la derecha europea que quiere que los italianos se aprieten aún más el cinturón, han sido seguramente las causas de su fracaso: en la Cámara, la lista de Monti no obtendrá mucho más del 10 % y en el Senado andará por el 9 %. Los sondeos le daban el 16 y el 15 %, respectivamente.

Posiblemente la austeridad también le ha jugado una mala pasada al centro-izquierda. Porque, desmintiendo las acusaciones de Monti, el excomunista Bersani ha hecho una campaña demasiado prudente y limitada por la obsesión de aparecer respetable a los ojos de la Europa rica y a los del mundo del dinero italiano, y ha evitado, aún ofreciendo una lectura más “social” de los mismos, una ruptura abierta con las políticas de austeridad y con las duras reformas emprendidas por Monti. Está claro que bastante gente quería más “caña” por parte del PD. También la implicación indirecta, pero insoslayable, de ese partido en el último escándalo de corrupción italiano, el Monte del Paschi di Siena, le ha debido hacer perder votos.

No es fácil decidir quien ha sido el gran triunfador de estas elecciones italianas: si Berlusconi, que seguramente ha obtenido en torno al 30 % de los votos, cuando hace alguna semana los sondeos le daban poco más del 20 %, o Beppe Grillo, el jefe y creador absoluto del partido Cinco Estrellas, que algunos tachan de populistas, pero que seguramente no es más que una fórmula muy hábil y atractiva para congregar el voto del rechazo al actual sistema de partidos y de poder y que podría haber cosechado más del 25 % en ambas cámaras, casi el doble de lo que vaticinaban las encuestas.

Porque Berlusconi tiene mérito, sin duda, aunque sólo sea el del sinvergüenza que no se para ante nada y que sigue confiando en sí mismo… y en la credulidad sin límites de millones de italianos. Ha hecho una campaña electoral como si no tuviera encima varios procesos, algunos por acusaciones terribles, y como si no hubiera mentido nunca y sus sucesivos engaños no hubieran salido nunca a la luz. Su éxito se debe seguramente a esa campaña –“ha sido el rey de las teles, y no sólo de las suyas”, reconocen comentaristas de izquierdas-, a la debilidad de la propuesta Monti, y también a otra trampa –la de prometer que abolirá algunos impuestos dictados por el anterior Gobierno y que devolverá el dinero pagado por ellos- que mucha gente ha debido de tragarse simplemente porque, a falta de otros atractivos, ¿por qué no apostar a que ese gallo cante por casualidad? Lo que está claro es que Berlusconi sigue siendo igual de osado que hace 20 años, y que a partir de ahora, hará todo lo que esté en su mano, y más, para rentabilizar su éxito electoral en términos de mejora de su situación procesal, pase lo que le pase al país por ello.

¿Pactará Beppe Grillo –que ha hecho una campaña sin acudir una sola vez a la televisión, en la calle, en asambleas masivas- un Gobierno con el PD, con el centro izquierda, al que él acusa con la misma dureza que a Berlusconi de ser responsable de la degeneración del sistema, de la corrupción partitocrática? ¿Se pondrán de acuerdo Berlusconi y Monti? Un dato adicional hace aún más inciertas esas salidas. Entre los votos obtenidos por Berlusconi, Grillo y otros partidos menores, casi un 60 % de los italianos que votaron ayer lo hicieron en contra de las opciones que impone Angela Merkel y la UE. Eso no ayuda  a la gobernabilidad de Italia en Europa –la prima de riesgo subió ayer de 268 a 293 puntos y también Wall Street acusó el golpe- pero sí expresa un mensaje muy claro. Para Italia y para el resto del continente.  

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