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A ver si, al final, no nos van a rescatar

Draghi trata de ahuyentar los miedos alemanes ante su plan de compra de deuda

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi visita la cúpula del Bundestag en Berlín. / Efe

“En Alemania es muy grande la oposición a la compra de bonos”, afirmaba ayer el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Y no es el único diario germano que lo dice. Mientras Rajoy sigue jugando al escondite con su petición de rescate, en Berlín crecen las dudas: y es de ahí donde tendría que llegar el “sí” final a prestar dinero a España, probablemente en cantidades ingentes, para bajar nuestra prima de riesgo. Una nueva tormenta financiera, que nadie descarta, podría cambiar de golpe el panorama. Pero, hecha abstracción de eso, es muy posible que en los círculos del poder alemán –en la opinión pública, la oposición es mayoritaria- se esté pensando que lo mejor sea retrasar durante mucho tiempo el costosísimo rescate español. Y puede que para que cuando ese tiempo haya pasado, se hayan arbitrado otras opciones alternativas. Que seguramente no nos serían beneficiosas.

Ayer el presidente del BCE, en una iniciativa que no tiene precedentes, acudió al parlamento alemán, el Bundestag, para tratar de convencer a los diputados que su plan de compra masiva de deuda pública en el mercado secundario -que en eso consistiría el rescate español- no va a tener consecuencias negativas para Alemania y, particularmente, no va a propiciar un aumento de la inflación, que es el fantasma que, de siempre, asusta a los germanos. Las crónicas dicen que en buena medida logró tranquilizar los ánimos. Pero no plenamente. La edición alemana Financial Times (Financial Times Deutschland) cuenta que “los diputados que se oponen a la compra de bonos utilizaron diligentemente su munición en contra de la estrategia de Draghi” y añade: “Alemania es el campo de batalla, aquí se decidirá el rescate del euro”. El Frankfurter Allgemeine aclara que el presidente del Banco Central Alemán encabeza el pelotón de los críticos y que de él forman parte “muchos economistas y diputados de todos los partidos”.

Die Tageszeitug, tras afirmar en un titular que “España está en un círculo vicioso”, porque la recesión que sufrimos imposibilita reducir nuestra deuda, dice: “Es cuestionable que un rescate pueda proporcionar un alivio a España”. Y un último elemento para pintar el ambiente alemán: “¿De verdad se puede salvar el euro”?”, es la pregunta que lanza a sus lectores, para que opinen al respecto, el Frankfurter Allgemeine, el más influyente de los diarios conservadores, que parece haberse hecho ahora con el liderazgo de la Alemania más reacia a ayudar al sur de Europa, quitándoselo a los derechistas Bild y Die Zeitung.

Es difícil valorar la importancia de todos esos mensajes, ni la incidencia que pueden tener en las decisiones de Angela Merkel. Lo que sí se sabe es que ésta sigue sin pronunciarse sobre el rescate español (“es una decisión que tiene que tomar Madrid”, ha repetido hasta la saciedad) y, a la vista del citado ambiente, es muy probable que no lo haga en breve. Tampoco es posible discernir cuantas de esas opiniones contrarias a la compra de bonos están influidas por el propio gobierno de Berlín, bien para preparar el terreno de un “no” claro en el futuro, o para meter miedo a Rajoy a fin de que la calma actual y el alivio que le han supuesto las elecciones gallegas le distraigan de su obligación de seguir recortando gastos.

Puede que lo dijo Wolfgang Schauble el martes vaya en esa misma dirección: el ministro alemán de finanzas afirmó que es muy probable que lo peor de la crisis esté aún por venir (Der Spiegel) que la calma que los mercados están viviendo en estas últimas semanas “sea sólo una ilusión”. O puede que lo crea de verdad y que el gobierno alemán se esté preparando para tomar medidas drásticas cuyo objetivo prioritario, es de suponer, será preservar lo máximo posible a Alemania de la nueva tormenta. Tal y como están las cosas, tras dos años de fracasos sucesivos para estabilizar el euro con intervenciones en Irlanda, Grecia, Portugal y también a favor de España e Italia, puede que la solución para hacer frente  a la nueva tormenta sea drástica y de signo muy distinto a las anteriores: si no a corto plazo, sí más tarde, tras las elecciones generales alemanas de septiembre de 2013, a las que Merkel no se puede presentar sin que el euro siga viviendo, por muy precariamente que sea.

La hipótesis de que, en un futuro, sea Alemania la que abandone el euro empieza a circular en las páginas de opinión de los grandes diarios económicos del mundo. No como algo inmediatamente posible, pero sí como un escenario que no se puede descartar si las cosas no mejoran. Tendría gracia, por decir algo, que el país que, en nombre de la salvación del euro, ha obligado casi militarmente al sur de Europa a apretarse el cinturón casi hasta a asfixiarse, fuera el que se cargara la moneda única.

Lo cierto es que, aún cuando el gobierno de Rajoy y sus corifeos mediáticos los oculten -¿alguien sigue lo que cuentan los telediarios de la sometida RTVE? Son peores que el NO-DO- la situación económica europea está empeorando. “Los últimos datos apuntan a una profundización de la crisis de la eurozona”, dice el Financial Times, precisando que también empeoran en Alemania. Y lo de Grecia sigue sin resolverse. Contrariamente a lo que algunos han venido asegurando, aún no hay acuerdo para que Europa y el FMI le proporcionen a Atenas los 13.000 millones de euros que necesita para llegar a mediados de noviembre. Y menos para concederle una prórroga de dos años para cumplir sus precedentes compromisos. Para lo primero tendría que aceptar una nueva y durísima reforma laboral a la que algunos de los partidos de la coalición de Gobierno en Grecia se ha negado (Ekathimerini). Para lo segundo, plegarse al plan que acaba de parir Wolfgang Schauble (Ekathimeri) y que supondría, en la práctica, el fin de toda soberanía fiscal para el país heleno. En fin, que el asunto griego podría estallar de nuevo en cualquier momento en los mercados.

Sobre España, de la que se habla menos en estos días –por lo de la citada tranquilidad momentánea de los mercados- nada de lo que sale es bueno. Ayer, en portada el Wall Street Journal llevaba este titular: “El panorama económico español se ensombrece”. Ese mismo día el Financial Times destacaba mucho que la Comunidad de Madrid no logra financiarse en los mercados y que tendrá que pedir el rescate al Gobierno. El presupuesto que se está debatiendo en las Cortes ni se menciona: pero todos los analistas están convencidos de que no se cumplirá. Ni en las previsiones de crecimiento, ni en la rebaja del déficit a los niveles comprometidos.

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