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Mustapha Ben Lahmar: “La creatividad te impone romper moldes”

Mustapha Ben Lahmar en el Museo de la Ciudad de Murcia

Pedro Serrano Solana

Murcia —

Mustapha Ben Lahmar (Tetuán, 1961) no puede disimular su espíritu inquieto; probablemente tampoco lo intenta. Lo mismo sucede con su carácter pedagógico, con su condición de docente y de aprendiz que no para de experimentar, de descubrir, de reflexionar, de hacerse preguntas y de explicarlas con claridad a quien quiere escucharle. Este profesor de Bellas Artes de la Universidad de Tetuán y artista especializado en la acuarela, de renombre internacional y agenda repleta, ha estado en Murcia para compartir su visión del arte con los miembros de la ADARM, la Agrupación de Acuarelistas de la Región de Murcia, un colectivo que comenzó sus actividades a finales del año pasado y que reúne a apasionados de dicha técnica, de muy distinto origen y profesión pero con las mismas inquietudes e idéntica pasión: la acuarela.

En su agenda se incluyen muchos talleres por España como el que le ha traído a Murcia, a una recién nacida asociación de acuarelistas.

Es que el mundo del arte y de la acuarela es una cosa que yo descubrí viniendo a la Península, y además significó entrar en un mundo lleno de amigos. Fue entrar en la vida misma. La acuarela es mi vida, es mi motor, y venir de nuevo es muy bonito. Yo fantaseaba con Murcia... Para nosotros, en el norte de Marruecos, Murcia tiene una significación especial. Tenemos muchos elementos culturales en común y me siento a gusto aquí. Tengo un sentimiento de pertenencia que no experimiento cuando estoy en otras partes del mundo.

Escuchando sus clases, usted habla de la acuarela pero a veces parece que está explicando una actitud y una visión de la vida. Por ejemplo, usted dice que la libertad es una trampa cuando uno se queda quieto, cuando no la aprovecha para experimentar y para hacer cosas.

La docencia forma parte de mi vida también, yo soy docente ahora y lo he sido desde hace muchos años. He sido profesor de artes plásticas desde los 21 años. Me encanta la parte pedagógica del arte. Hace muchos años pensé que si tengo que pasar media vida trabajando, debo disfrutar de mi trabajo y de verdad que lo disfruto, porque si no, es que me muero porque soy un ser inquieto por naturaleza. Soy alguien al que echaron muy pronto de casa, de una familia numerosa, por molestar, por alborotar, y por ensuciar y por manchar, así que tengo que disfrutar con lo que hago. Y para mí la pedagogía es esencial. Llevo ya muchos años de trabajo pero no lo bastante, porque pienso que todo está por descubrir, cada día todo está por rehacer, por ordenar. Eso es el motor de la vida, afrontar cada día de manera diferente.

En efecto, también habla usted en sus clases, e insiste mucho, en la pedagogía del artista. Cuéntenos algo más sobre su visión del carácter pedagógico del pintor.

Opino que cada pintor debe tener su parte pedagógica, porque si no, te quedas en una línea que podemos llamar 'el estilo'. Pero yo me pregunto, ¿qué estilo va a haber en la creatividad? En la creatividad no hay estilo. La supuesta obra que uno intenta sacar es irrepetible, es algo nuevo, así que no puedes hablar de estilo. Estilo es hacer la misma cosa con matices. La creatividad te impone romper moldes. Sí, tener mucha técnica, tener mucho saber, acumular academicismo... Pero simplemente para saltarlo y no para estar ahí, encasillado.

A muchos de los que se acercan a la acuarela les sorprende su visión y el uso que hace de dicha técnica, que generalmente se ha vinculado de manera irremediable a lo figurativo. Sorprenden las manchas densas para después rasgar con una espátula, y la búsqueda de texturas y veladuras...

Se ha tenido siempre al arte en general, y a la acuarela en particular, ligado a la realidad y a lo figurativo, cuando el soporte real es filosófico, emocional, humano y personal. Ahí es adonde voy yo. Para compartir esto, yo defiendo que el mundo de la acuarela ofrece unas posibilidades inmensas para la investigación en el ámbito de lo plástico, del resultado plástico. Entonces, ¿por qué vamos a simplificar y a ser simplistas, cuando ese mundo de la acuarela te ofrece posibilidades inmensas para estudiar y para usar la luz, el color y el propio soporte, el papel, buscando texturas, superficies... Tiene unas posibilidades tremendas. Siempre digo que es ilusión, que somos ilusionistas. El lenguaje plástico sea en acuarela, óleo o acrílico, es un lenguaje propio que no tiene nada que ver con las referencias visuales que podamos tener. Para mí, esas referencias visuales son un estímulo, un estudio de la luz. El lenguaje plástico, con independiencia de la técnica, es un lenguaje propio. En la base de todo trabajo pictórico está la luz, es un estudio de la luz, y luego un estudio de la luminosidad, que es la luz con matiz. La ausencia de luz es la ausencia de toda huella pictorica.

Sin embargo, también les dice a sus alumnos que una vez se ha experimentado, que una vez se ha manchado y se ha explorado, se puede “meter un barquito” para poder vender la obra. ¿La sociedad sigue apreciando lo figurativo por encima de todo esto?

¡Ah! Claro... (Risas). Lo digo en plan broma, pero es muy significativo también... Para hacerlo más vendible, le metes el barquito o le metes el torreón. Esa sería lo que podemos llamar 'pedagogía cotidiana', para poder moverte y pagar las facturas. Todos tenemos facturas que hay que pagar.

El arte tiene también otras funciones que usted defiende. Por ejemplo, en sus clases les dice a sus alumnos que cuando se encuentren con un problema, con una pincelada que no encuentran, que no sufran, que en la acuarela no se trata de sufrir sino de disfrutar. Además, usted ha participado en talleres para personas con discapacidad física o psíquica, para mejorar la vida de estas personas...

Sí. El arte rompe fronteras en todos los sentidos. Une, comparte... Es la mejor manera de que la vida cotidiana sea más llevadera, más libre. Romper fronteras para, por ejemplo, los discapaticados, que en realidad somos todos.... Todos tenemos discapacidades y capacidades, todos tenemos deformaciones y formaciones. El arte es también una terapia que nos ayuda a vivir más felices y que nos hace mejores.

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