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Terrorismo de Autor: “Si hay un tema recurrente en nuestro trabajo sería el del deseo”

La octava edición del festival de cine murciano IBAFF acabó el pasado 12 de marzo.

El extrañamente divertido y duro monólogo de la obra audiovisual Yo me lo creo, del autodenominado colectivo anónimo-delirante Terrorismo de Autor, ganó el premio del público.

Terrorismo de autor

Terrorismo de autor

Ganador del premio del público, segunda vez en tres ediciones consecutivas del IBAFF, sus autores han accedido a una entrevista para intentar desentrañar el misterio sobre quiénes forman su extraña asociación y qué pretenden con su obra.

Felicidades por vuestro premio en el IBAFF de Murcia por vuestro corto Yo me lo creo. Vuestra obra tiene una clara vocación militante y contestataria, pero también por la locura, ¿cómo conseguís que Antonio, el protagonista, hasta caiga simpático?

En Yo me lo creo la cuestión de la simpatía o antipatía que pueda despertar Antonio es algo que concierne exclusivamente al encuentro que se produce entre él y el espectador. Nosotras poco tenemos que ver con esa experiencia, aparte de determinar su duración y estética. Es evidente que no hay un intento por nuestra parte ni por la de Antonio de complacer. Él es una persona sin máscara y ésta es una razón por la que puede atraer o causar rechazo.

Si algún merito hay en nuestro haber, es el de pasar seis tardes conversando con Antonio, mejor dicho, escuchándole en silencio. Este ejercicio de escucha es el que hemos querido trasladar al espectador. Es curioso como algo tan sencillo, como es escuchar y mirar a los ojos de una persona, puede convertirse en una experiencia tortuosa que te lleve a abandonar la sala, o bien en todo lo contrario, en una experiencia de profunda conmoción y empatía.

Pensamos que quien acepta la película como un ejercicio de escucha y se acomoda en ella sin crearse expectativas, es quien puede terminar empatizando con el dolor de Antonio. Y es por eso mismo, como bien decías, que Antonio puede resultarnos simpático. Resumiendo: el espectador también se lo tiene que currar.        

He vuelto a ver varias veces vuestro corto Yo me lo creo, es más evidente que es un torpedo a la línea de flotación del espectador, un retrato tan aparentemente minimalista y a la vez tan denso de ideas y proclamas que llega a incomodar y, sin embargo, en diversos momentos resulta hasta simpático, ¿por qué gustáis tanto?

La película plantea un cara a cara entre Antonio y el espectador, similar a lo que fue nuestra propia experiencia con él. Antonio interpela directamente al público y confronta con él durante buena parte de la cinta. A nosotras siempre nos ha interesado trabajar sobre la resistencia del público, entendida ésta como defensa o coraza, eso que tú llamas la línea de flotación del espectador.

Operar sobre la resistencia del público conlleva aceptar que más de un espectador va a acabar abandonando la sala. Es algo que aceptamos y contábamos con ello desde el principio. Pero si no queríamos una estampida general del público, debíamos crear ciertos equilibrios en la estructura de la película y en la edición del audio de Antonio.

Lo cierto es que él nos lo puso fácil, ya que es una persona muy sensible y versátil. Durante la película no sólo se muestra ética o políticamente incorrecto, crudo o violento, sino también vulnerable, inocente, erudito, lúcido, divertido, trascendente… Además, su discurso habita la sinrazón, espacio individual y colectivo que hemos excluido de nuestras vidas y con el que no queremos contactar ni en broma. les y una espontaneidad y libertad en el discurso difícil de encontrar.          

En cuanto a la pregunta del millón de ‘¿por qué gustamos tanto?’… Permítenos que nos sonrojemos y te contestemos off the record en Tinder.

En la edición de 2014, hace ya tres años, ganasteis el mismo premio del público cortometraje por Le jour et la nuit (2013), ¿Cuándo volváis a ganar dentro de tres años nos complaceréis recogiendo personalmente el premio?

Efectivamente, hemos participado en el IBAFF en dos ocasiones y en ambas hemos recibido el premio del público. Es algo por lo que estamos muy agradecidos a la gente de Murcia, y la verdad es que nos sorprende muy gratamente. Yo me lo creo, en concreto, no es una película fácil... son cuarenta minutos de prácticamente un plano secuencia, en el que, como decías antes, un hombre nos dice cosas incómodas a la cara sin que tengamos escapatoria. Así que más allá de la alegría que supone ver reconocido nuestro trabajo con el llamado ‘premio del corazón’, nos alegra que el público de un festival valore y reconozca propuestas de este tipo, pues sin duda es señal de un trabajo bien hecho, desde anteriores ediciones del festival, por la apertura de miras cinematográficas en la ciudad.

Respondiendo a tu pregunta, recogeremos ese hipotético premio sin problemas, claro. Y si además tuviera dotación económica, nos comprometemos a hacerlo sin caretas y en pelotas. Si no acudimos este año al festival es sólo porque nuestra situación económica no nos permitía desplazarnos hasta allí.

`Yo me lo creo´

`Yo me lo creo´

Pasividad, avaricia, corrupción, pasividad, justicia, ¿son estos vuestros temas recurrentes?

Esos temas que enumeras los hemos tocado de manera explícita en Le jour et la nuit y también en Yo me lo creo. Sin embargo, en ambos trabajos, el tema que subyace es el del dolor. No es tanto una cuestión de temática recurrente, sino de una constelación de temas que se relacionan entre sí inevitablemente. Por nombrar algunos: el timo de la crisis, la democracia, la explotación o el miedo —por ejemplo­— no pueden desligarse de la avaricia, la corrupción, la justicia o la pasividad, entres otros muchos.

Pero si hay un tema recurrente en nuestro trabajo, ése sería el del deseo.

400 euros por proyectar un video 24 horas durante un mes, ¡qué robo!

Pues sí, y así están las cosas en general... Recibimos una invitación por parte de una institución pública para proyectar nuestro trabajo. En el nivel de precariedad en el que nos movemos, suponía una gran noticia la posibilidad de percibir algo de dinero por nuestro trabajo. Pero cuando nos informaron de las condiciones vino la bajona, pues nos resultaban abusivas y muy violentas. Así que tras plantearnos el declinar la invitación, decidimos finalmente afrontarla hablando de lo que sentíamos y trabajando con el contexto; es decir, poniendo en el centro la cuestión del dinero y la relación que se establece entre instituciones y trabajadores culturales.

Echando las cuentas entre los honorarios y el mes de exhibición que duraba la muestra, salíamos aproximadamente a 1 euro la hora (¡a repartir entre todo el colectivo, claro!). La pieza está colgada en la red, para quien tenga interés. Se titula Los artistas de Todo a 1 euro.

Os definís como un colectivo anónimo delirante, y claramente afrancesado, que reclama una revolución creativa, ¿aún creéis que es posible esa revolución?

Hoy por hoy, no es posible. Aunque sí creíble, no como esperanza ni horizonte, sino como presente absoluto, como maravilloso delirio, o como quien cree todavía en la poesía. Pero lo cierto es que, en términos reales, se necesita una mayoría de personas muy vivas, con un inmenso deseo para crear una revolución, aunque sea en miniatura, aunque sólo sea aquella que nos cabe en el hueco de nuestras manos —la única revolución posible—, como diría nuestra amiga Carmen Menager.

Hoy por hoy no contamos con esa gran mayoría de personas vivas. Más bien todo lo contrario, contamos con una gran mayoría de siervos y muertos vivientes.    

¿Quiénes, a qué os dedicáis y cuántos o cuántas formáis Terrorismo de autor?

Terrorismo de autor somos un grupo de amigos y amigas unidos por deseos e inquietudes comunes. El colectivo va variando y transformándose con el tiempo. Actualmente, aunque con mayor o menor implicación, habrá unas diez personas alrededor del proyecto. Entre ellas hay cineastas, profesionales o vocacionales, pero también un par de sociólogas, un filósofo, un publicista, una poeta, un maestro de primaria, un psicoanalista... Joder, dicho así, somos como Los Pitufos.

¿Qué os diferencia de un troll avanzado de internet con conocimientos de Adobe Premiere o del autor del cara anchoa?

Desde hace unos años, una estricta dieta vegana, habernos metido entre pecho y espalda los treinta seminarios de Lacan y haber traducido El capital al euskera. Y sí, también contamos con un traductor en Terrorismo de autor.  

En definitiva, vuestras obras son breves y muy precisas, van directas, ¿por qué habéis elegido este estilo basado en piezas visuales?

Desde el primer día tuvimos claro que queríamos utilizar la herramienta internet para compartir nuestros trabajos, actualizando de alguna manera a los tiempos presentes referentes anteriores del cine militante como los ciné-tracts.

Frente a circuitos de exhibición o procesos de producción más convencionales, Youtube nos permite una mayor inmediatez, difusión y, a fin de cuentas, libertad. Entre que concebimos una pieza, la grabamos, la editamos y la compartimos en la red, en alguna ocasión no ha pasado ni una semana. En cuanto a la precisión y la brevedad, bueno... procuramos que las ideas pasen por las manos de todas nosotras, intentando aportar distintas visiones para que funcionen de la mejor manera posible. Lo de las duraciones breves, por otra parte, es también algo propio del medio internet. Pregúntale al cara anchoa.

En una entrevista mencionáis al grupo Dziga Vértov y el situacionismo, ambas corrientes marxistas y vanguardistas, como vuestros mayores inspiradores e influencias. Godard fue un activo del grupo y entendía la lucha de clases como una lucha entre las imágenes y los sonidos, ¿compartís esta idea? ¿Es necesaria una reeducación del espectador?

Más que compartir ideas —que también—, Godard nos pone muy brutas. En Yo me lo creo sucede algo muy curioso entre palabra e imagen, aunque sin partir del concepto de lucha de clases. Sucede que la imagen —el rostro de Antonio— esta desligado de la palabra, es decir, nos es un busto parlante al uso. Antonio simplemente nos mira, mientras escuchamos su discurso en off. Esta decisión a muchos espectadores les produce un extrañamiento que los lleva a creer que el texto puede haber sido escrito.

De tal manera que se sitúan en el terreno de la ficción, algo que a nosotras la primera vez que lo escuchamos nos jodió bastante. Primero porque la principal preocupación de Antonio era la de no parecer un actor. Para él era crucial que su historia se percibiese como real; y segundo porque nos parece muy improbable que alguien llegue a escribir un texto tan singular con un discurso como el que hilvana Antonio. Hoy es algo que ha dejado de preocuparnos.  Pero interpretar por qué le ocurre esto a cierto espectador daría para mucho. Nosotras creemos que tiene que ver con la propia resistencia del espectador ante lo real y, a su vez, con la colonización de lo real y los imaginarios del público por parte del simulacro y la ficción.

No creemos que haya que reeducar al espectador, esa es otra batalla perdida. Más bien habría que sensibilizarlo, lo que significa destruir su resistencia.  

Y, sin embargo, vuestra primera obra se tituló Los 400 golpes, basándose en la ópera prima de François Truffaut quien en cierto modo se alejó de la Nouvelle.

Sí, Los 400 golpes fue la primera pieza que colgamos y supuso el pistoletazo de salida del proyecto. La policía estaba metiendo hostias a diestro y siniestro a las personas que salían a la calle a defender sus derechos, y las imágenes de aquello eran aterradoras. Parecía que nos retrotraían 40 años atrás. De ahí la idea de mezclar los golpes policiales con los 400 de Truffaut. También puede entenderse como una declaración de amor al cine o como un acto de promiscuidad.

Vuestras escasas apariciones en público son un cruce entre la obstinación de la organización hacker Anonymus y el sentido delirante de los padres de Woody Allen en Toma el dinero y corre, si bien vuestras máscaras son de personajes históricos y el ecce homo, ¿por qué?

No es un anonimato que intente protegernos de lo ‘delictivo’ o algo así, es sólo que no vemos necesidad en que un proyecto como el nuestro tenga rostros, nombres y apellidos. Las caretas que utilizamos tienen más que ver con la idea de autoría —y ese hito de la posmodernidad que es la muerte del autor—, pues nos permiten recuperar y traen al presente a todos esos personajes históricos, con sus ideas y logros a menudo olvidados o relegados, brindándonos así la oportunidad de ser todos los autores a la vez y ninguno al mismo tiempo. Lo dijo Def con Dos y lo suscribimos: “Ecce Homo somos todos”.

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