eldiario.es

9

El asombroso caso del equipo pequeño que ganaba finales (fuera de casa)

"En la vida del CB Murcia hay un hecho real y contrastado que, de entrada, ya lo eleva a la categoría de excepcional dentro de la historia del baloncesto español: desde 1990, ningún equipo ha ascendido y descendido tantas veces". 

Un Estudiantes - CB Murcia de 1994

Un Estudiantes - CB Murcia de 1994

UCAM Murcia derrotó a Iberostar Tenerife en el partido de vuelta de los octavos de final de la Basketball Champions League, superando la desventaja del partido de ida y avanzando a costa del campeón de la temporada pasada

De este modo el equipo murciano amplía su peculiar y sorprendente historial de victorias en partidos decisivos lejos de su propia cancha, a las que además suele ‘adornar’ con obstáculos propios de guion de cine. 

La normalidad de la existencia nos impone pasar por muchas vicisitudes y circunstancias a lo largo de nuestra vida, unas agradables y otras penosas, en un número más o menos bien repartido entre la población y luego recogido por los amantes de la estadística. Sin embargo, por causas que se nos escapan y que algunos relacionan con el azar o con el destino, hay personas a las que parece que persigue la desdicha mientras que otras logran caminar sobre el agua. Dentro de las primeras, las hay que no pueden sobreponerse a las pruebas más difíciles y sucumben sin remedio, pero también las hay que siempre saltan el listón por muy alto que se lo pongan. A este grupo, pasando bruscamente a hablar de clubes de baloncesto, pertenece el CB Murcia.

En la vida del CB Murcia hay un hecho real y contrastado que, de entrada, ya lo eleva a la categoría de excepcional dentro de la historia del baloncesto español: desde 1990, ningún equipo ha ascendido y descendido tantas veces de la máxima a la segunda competición nacional y viceversa: cinco y cinco respectivamente -en el caso de los descensos, cuento el que se produjo en la temporada 1992/93, y que por cuestiones extradeportivas no llegó a materializarse-.

Y eso no es todo. Aunque aquí haría falta una labor de investigación más profunda, que dejo abierta por si alguien quiere hacer alguna aportación en los comentarios de este artículo, será difícil encontrar un equipo de los llamados ‘pequeños’ (dentro de ese grande y sufrido grupo de clubes de la clase media española que sostiene y anima a la Liga Endesa y a las competiciones FEB), que haya disputado tantas finales en campo contrario y que haya salido victorioso en la mayoría de ellas. De nuevo, es el caso del CB Murcia.

Desde su fundación en 1985, el CB Murcia ha disputado unas cuantas finales, entendiendo el concepto ‘final’ como partido decisivo, de cuyo resultado se derivan unas consecuencias concretas e irreversibles deportivamente -definición propia elaborada a vuelapluma a partir de la de la RAE-. En esto se supone que Murcia no debe andar muy lejos de la media de finales disputadas por otros equipos de su clase y condición. Ahora bien: La mayoría de ellas han sido en campo contrario (lo que reduciría la muestra); en todas ellas se han añadido ingredientes más o menos relacionados con el juego y que han supuesto importantes obstáculos extraordinarios a superar (de nuevo, la muestra se encoge); y el remate: el CB Murcia ha salido victorioso en un porcentaje de ocasiones inusualmente elevado (la muestra se reduce al mínimo).

47.000 personas en Valladolid, Zaragoza (dos veces), Madrid y Tenerife lo han visto con sus propios ojos.

Temporada 1993/94: Playoff por la permanencia contra Valladolid, un equipo que, por plantilla, jamás debería de haberlo jugado: Monsalve en el banquillo, y Fede Ramiro, Lalo García, Álex Bento, Oscar Schmidt, Fetissov… Por su parte el CB Murcia, con Oleart en el banquillo, estaba al límite en cuestión económica y tenía la presión añadida de ver las máquinas terminando el nuevo Palacio de los Deportes, instalación de primer nivel que el equipo murciano habría de inaugurar al año siguiente, y a poder ser, en ACB. Sobre la cabeza de los jugadores rojiblancos pesaba una sanción económica por parte del club, sanción que algunos de ellos, con Ebeling a la cabeza, transformaron en una apuesta a doble o nada con el propietario a que se lograría la permanencia.

Murcia contaba con desventaja de campo y perdió el primer partido de forma clara. En el segundo estuvo a punto de ganar, pero un fallo arbitral permitió que Valladolid agotara los 37 segundos que quedaban para el final del partido, sin que sonara la bocina de final de posesión (por entonces de 30”) en el Polideportivo Pisuerga. Además, hubo un conato de tángana entre Fetissov y los jugadores murcianos que soliviantó a la afición rojiblanca.

La eliminatoria viajó a Murcia con un 2-0 ‘casi definitivo’. Sólo un equipo había podido levantar un 2-0 en playoffs en la historia del baloncesto español: el CB Granada de John Ebeling. Y el propio Ebeling, junto a la afición murciana, lideraron la gesta y mostraron el camino a los Jim Thomas, Dicenta, Grau, Pedrera, Quini García, Joan Rosa, Morningstar, Paco Martín… Con una presión inigualable y en los últimos partidos oficiales del club en su viejo y pequeño Príncipe de Asturias, el CB Murcia y su gente, heridos por la afrenta de Fetissov y por el ‘robo’ de los siete segundos, igualaron la serie a dos triunfos y se desplazaron en masa a Valladolid. El 23 de abril de 1994, ante 7.000 personas (con más de 600 venidas de Murcia), el equipo rojiblanco venció a su rival y a los elementos: 70-76. Como guinda del pastel, John Ebeling decidió donar a un orfanato el dinero que ganó al propietario en su apuesta de doble o nada.

Temporada 2005/06: El CB Murcia, equipo muy grande para LEB y con ansia de volver a la ACB, se enfrentaba en el playoff de ascenso a otro grande del baloncesto español en una cancha mítica, la de Zaragoza. De nuevo desventaja de campo. Eran dos equipos parejos en cuanto a plantilla, aunque para llegar con opciones, el director deportivo del CB Murcia, Miguel Ángel Martín, tuvo que apostar por las incorporaciones de Hughes y Humpreys en sustitución de Rod Sellers y Walleskoswski. Con Hussein en el banquillo, los americanos mencionados y los míticos Xavi Sánchez, Pedro Robles, Quique Bárcenas, Juanjo Triguero, Sala, Larragán, Howard Brown y Sergio Pérez, Murcia pudo ganar uno de los dos primeros partidos en la capital del Ebro.

La eliminatoria viajó a Murcia con 1-1 y se puso 1-2. El equipo rojiblanco dispuso así de ‘bola de partido’ para ascender en su propia pista en el cuarto choque, pero… Hubiera sido demasiado fácil. Una serie de errores propios y de aciertos ajenos le dio la victoria in extremis a Zaragoza, cuyos jugadores decidieron afrentar a la grada murciana y, sin pretenderlo, dar un extra de motivación al CB Murcia de cara al quinto encuentro: Farmer y Vebobe, con el aplauso de otros jugadores maños, lanzaron el balón al público, se subieron a la mesa de anotadores y provocaron uno de los espectáculos más penosos que se han visto en el Palacio de los Deportes.

En aquellos tiempos Murcia y Zaragoza vivían bajo la influencia de una ‘guerra del agua’ alentada política y mediáticamente con fines electorales. Lamentablemente, hubo quien se entregó a ello en ambas ciudades, y la tensión creció sumándose a la única legítima: la estrictamente deportiva. Así fue como, con todo en contra, el CB Murcia viajó a un quinto y definitivo partido el 26 de mayo de 2006, en el que parecía que los maños tenían el ascenso en el bolsillo. Sin embargo, los de Alfred Julbe sucumbieron al orgullo, al empuje y al acierto del CB Murcia, ¡y encima en la prórroga! 90-99.

Temporada 2008/09: Fue un año difícil en ACB, como casi siempre, y a las dificultades deportivas se añadieron las económicas de un patrocinador ‘apalabrado’ que no terminó de aportar el dinero (eso sí, la publicidad lució en la camiseta durante toda la temporada). Ya no existía el playoff por la permanencia, de modo que, viendo cómo avanzaba la competición, todos miraban con temor -y con algo de atracción morbosa, para qué negarlo- al caprichoso calendario y al último partido de liga: 9 de mayo de 2009, Zaragoza contra CB Murcia. ¿Llegaría descendido el equipo murciano, se habría salvado ya matemáticamente o se jugaría la permanencia?

La duda ofende, pero nadie podía imaginar que la permanencia del propio Zaragoza también dependería de ese choque, lo que lo convertía literalmente en una eliminatoria de descenso a partido único. En una final. Tampoco se podía imaginar nadie que uno de los mejores jugadores del CB Murcia, sino el mejor, dejaría al equipo plantado poco antes de la cita definitiva: Chris Thomas. Lo que se supo o lo que se publicó del caso en aquellos días agitados fue muy confuso: se habló de la querencia por la vida nocturna del base norteamericano con pasaporte polaco (la ciudad de Murcia puede presumir de sus múltiples posibilidades de ocio y diversión), y también de alguna indisciplina, y de algún hipotético análisis de sangre impuesto por sorpresa por el club, y de los supuestos impagos del CB Murcia al respecto de lo que llaman ‘derechos de imagen’ (volvemos a recordar las dificultades económicas que atravesaba)... Sea como fuere, el talentoso e inestable base desapareció, y Manolo Hussein tuvo que echar mano del suplente, que hasta entonces había tenido una participación prácticamente nula y que, para añadir heroísmo, era (es) murciano: José Antonio Marco Gaona.

Lo que debió sentir la afición maña al abarrotar una vez más el Príncipe Felipe, con el recuerdo de lo que había sucedido allí mismo tres años antes, lo desconocemos. Quizá hubo quien pensó que era poco probable que se repitiera la historia; que esta vez Zaragoza era claramente superior y que, además, Murcia había perdido a su líder, el fugado Thomas. Craso error. Marco Gaona llevó el timón como poseído de una madurez que, por edad, no le correspondía, y menos aún en un partido como aquel, con tanto en juego y ante un equipo histórico del baloncesto español. Al pequeño base murciano se le unieron los Slanina, Taquan Dean, Diego Fajardo, Lamont Barnes… Y hasta el discutido Chris Moss, que forzó una falta de ataque providencial, y sobre todo Perico Robles con un triple estratosférico y bien defendido que condensó en sí mismo toda la épica, toda la emoción y toda la belleza de este juego: 59-60.

Temporada 2011/12: Una breve ‘intro’ a esta nueva final: Los esfuerzos de aquella victoria en Zaragoza y de aquella permanencia maravillosa, precedieron a un verano ‘horribilis’ con la sombra de la desaparición sobre la cabeza del CB Murcia. Intereses empresariales y políticos se agarraron a los brazos y a las piernas del humilde y combativo equipo rojiblanco del mismo modo que las serpientes constreñían el cuerpo del Laocoonte, pero el CB Murcia pudo salvarse. Esta vez en los despachos, y otra vez in extremis. Sin embargo, la siguiente temporada firmó el segundo peor año en ACB de su historia. Un descenso y, después, un ascenso por la vía rápida y otro año de sufrimiento en la élite. Y fichajes, y cambios, e intentos de evitar la catástrofe… Y dinero, esta vez sí, para acabar con otra final por la permanencia fuera de casa. ¿Qué probabilidad había?

El calendario quiso que el CB Murcia se enfrentara a otro ilustre del baloncesto español, a otro histórico venido a menos: el Estudiantes. Ambos se jugaban seguir en ACB, pero la diferencia era que el Zaragoza no es de Madrid y el Estu sí. ¿Quién es ese CB Murcia, en comparación con la gran cantera del basket patrio, con la institución, con la filosofía del Ramiro? Eso debieron pensar los medios de comunicación nacionales con sede en la capital de España, que dedicaron sus portadas de información deportiva a la situación límite del Estudiantes. Alertaban de los peligros que supondrían su descenso, del desastre, de la pena… Nadie hubiera dicho que el otro que se lo jugaba todo a una carta era también un equipo español: el humilde CB Murcia.

Y nadie avisó a la afición estudiantil de lo que se le venía encima. Nadie de Valladolid o de Zaragoza les puso los pies en el suelo, pero, cómo no, el CB Murcia lo volvió a hacer. Ante 13.500 personas, y ante los Lofton, Louis Bullock, Kirksay, Jayson Granger, Germán Gabriel y Carlos Jiménez, los Udoka, Douby, Augustine, Barlow y Miso agrandaron la leyenda rojiblanca. Fue el 6 de mayo de 2012: 80-86.

Temporada 2017/18: aquí otra introducción para una temporada todavía abierta: el CB Murcia, bajo la propiedad de UCAM, igualará la mejor racha de temporadas consecutivas en ACB, siete, una cifra que superará el año próximo con la octava. Además, viene de firmar sus mejores actuaciones, acabando por fin con el tope ya lejano (y que parecía imposible de batir) de la temporada 1994/95. Hace dos años logró su mejor clasificación, 7º, ganó un partido de cuartos de final por el título de la ACB y puso contra las cuerdas al Real Madrid (para contarlo todo, aquella final, en campo contrario, sí que la perdió). Ha jugado Eurocup, llegando al ‘Top 16’, y este año prueba fortuna en la BCL tras quedar 9º la temporada pasada en ACB y renunciar a repetir en Eurocup.

En este contexto se ha producido la victoria en Tenerife, la final más reciente en campo contrario que ha disputado el CB Murcia. Cierto que ganarla no suponía un título, pero perderla era quedar eliminado de la Basketball Champions League. En el partido de ida, jugado en Murcia, todo parecía finiquitado. Tenerife jugó mucho mejor y llegó a gozar de más de 10 puntos de ventaja a pocos minutos para el final. Sin embargo, el equipo rojiblanco comenzó a escribir en su pista una nueva página de oro a través de la muñeca de Vitor Benite. Con sus triples, el escolta recortó la desventaja y lo puso más fácil.

Los cinco puntos de desventaja, las dudas de las últimas semanas, los pobres porcentajes de acierto, los sufrimientos para derrotar al Burgos en el anterior partido de Liga Endesa y, para añadir la inefable dificultad añadida, la lesión de uno de sus mejores jugadores, Clevin Hannah, eran losas demasiado pesadas. Jugársela en cancha ajena, y, además, en la del vigente campeón de la BCL, Tenerife, entrenado por Fotis Katiskaris… Todas esas circunstancias habrían desanimado a cualquier equipo, a cualquier afición y a cualquier club. A cualquiera, menos al CB Murcia. El 14 de marzo de 2018, en Tenerife, ante 5100 personas, se consumó una nueva hazaña: 72-83.

El carácter de este club se hizo carne una vez más, y el empuje de Randy Owens, y de Martín de Francisco, Esteban Pérez, Ralph McPherson, Clarence Kea, Ebeling, Edu Piñero, Mike Anderson, Bob Martin, Johnny Rogers, Xavi Sánchez, Quini García, Pedro Robles, José Antonio Marco, Rick Hughes, Marcus Fizer, Quique Bárcenas, Scott Wood, Udoka, Augustine, Carlos Cabezas, Facu Campazzo y tantos y tantos otros que han vestido la rojiblanca, corrió por las venas de Kloof, Oleson, Lima, Urtasun, Sadiel Rojas, Benite, Antelo, Tumba, Soko y Hannah, e incluso, de algún modo, de los que no pudieron jugar, como Delía y Faverani (y en la distancia, de Olaizola y Lukovic).

La peculiar historia de este equipo sigue a disposición de quien sienta interés en conocerla, como un cimiento sólido para dar referentes a los que deben construir su futuro. Este es el asombroso caso del equipo pequeño que ganaba finales. Y que las seguirá ganando.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha