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“Cuando reúnes a 1.400 estudiantes con un escritor todo se recubre de una energía muy concierto de rock”

Alberto Soler, coordinador del Premio Mandarache/Hache

Elisa Reche

Murcia —

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El Auditorio El Batel en Cartagena acogerá el miércoles 8 de mayo la décimo cuarta gala de entrega de premios a los dos autores ganadores del Proyecto Mandarache, Paco Roca y Fernando Lalana, ante la presencia de 1.400 estudiantes de los casi 6.000 que han participado este año.

Alberto Soler (Cartagena, 1980), coordinador de los Proyectos Mandarache y Hache desde hace catorce años, involucra a unas 5.000 personas en un proyecto de lectura en el que participan jóvenes, profesores, bibliotecarios, orientadores escolares, técnicos de juventud. Es el Mandarache un premio que otorgan miles de lectores jóvenes y que atraviesa el océano Atlántico para reflejarse en Colombia y Chile.

¿Cómo se consigue involucrar a 6.000 jóvenes en la lectura de los libros de los Premios Mandarache/Hache?

Yo diría que dándoles voz. El Mandarache pone a los lectores en el centro del hecho literario y les da voz, no solo cuando ejercen su voto como jurado de los Premios Hache y Mandarache, sino sobre todo en el diálogo con los autores y también con otros lectores. Y además sin paternalismos, confiando en la capacidad de los jóvenes para disfrutar de propuestas literarias que en ocasiones los enfrentan a dilemas morales complejos. En mi opinión esta es una idea fuerza del Mandarache: tratar a los jóvenes no como infantes a los que sobreproteger sino como individuos en transición hacia la madurez intelectual y personal.

¿El encuentro con los autores es lo más mágico del Premio Mandarache/Hache?

Cuando reúnes a 1.400 estudiantes con un escritor todo se recubre de una energía muy especial, muy concierto de rock. Ese momento de socialización, de llevar la experiencia lectora desde lo íntimo a lo social, es donde se encierran muchas de las claves para aprender a leer. Dicho de otro modo: la educación lectora es colaborativa y en los encuentros sucede gran parte de la magia del Mandarache, pero es un proyecto inmenso y lo cierto es que yo desde la coordinación solo veo una parte.

Escuchamos a menudo el término nini o niño rata para los jóvenes, pero en realidad las cifras demuestran que son quienes más leen en nuestro país.

Así es. Habitualmente la educación lectora dirige la mayor parte de sus esfuerzos a la población infantil y juvenil. Pero el problema no es que los jóvenes no lean, sino que dejan de hacerlo cuando se acercan a la edad adulta.

También depende de qué consideremos hoy en día ser lector. Leemos literatura para evadirnos a veces, sí, pero a menudo también para rompernos o para dolernos. Leer es la búsqueda de una conmoción.

La cultura del entretenimiento se impone sobre otras, ¿cómo abrir espacios para otro tipo de cultura más crítica o plural?

Bajo mi punto de vista es una consecuencia lógica de la época en que vivimos, una perversión posneoliberal en la que la cultura se considera una opción más de ocio; algo accesorio, cuando no elitista y anticuado. Vivimos una crisis global de las humanidades, pero estoy convencido de que podemos cambiar esta situación si en lugar de intentar que se lea más procuramos que se lea mejor.

¿Cómo funciona el Grupo Promotor?

El Grupo Promotor también es mágico por ejemplo. Lo componen personas voluntarias provenientes del mundo de la educación y del libro, profesoras en su mayoría, que participan normalmente en representación de los centros y entidades en las que trabajan. Es un órgano ciudadano abierto y definitivamente plural cuyo poder no viene dado por ningún reconocimiento burocrático o legal. Es el órgano de toma de decisiones del proyecto y su poder es natural, no impostado.

¿Cómo funcionamos? Pues leemos mucho, nos reunimos y discutimos, a veces con bastante vehemencia, hasta llegar a un acuerdo. Cuando tienes que tomar decisiones relevantes con un grupo tan numeroso y heterogéneo aprendes el valor de ceder para llegar a un consenso.

¿Por qué es tan importante el amor a los libros? ¿Falla el sistema educativo a la hora de encender esa chispa?

El sistema educativo es contradictorio. Define la lectura como un objetivo transversal en los currículos, pero al final descarga la tarea de la educación lectora exclusivamente en el profesorado de Lengua y Literatura, que se ve abocado a la tarea titánica e inabarcable de cumplir los objetivos de su asignatura a la vez que cargan con la responsabilidad de crear lectores en un mundo que menosprecia las humanidades. En el caso de los docentes la educación lectora es algo heroico.

¿Cuál ha sido el momento más emocionante que has vivido en estos 15 años?

Es muy difícil responder esta pregunta porque el Mandarache me ha emocionado, a veces hasta llorar, en multitud de ocasiones. Me vienen tantos momentos a la cabeza: por supuesto los reconocimientos al cabo de los años, entre ellos el Premio Nacional; aquel encuentro con Javier Cercas en el que los alumnos del público comenzaron a debatir espontáneamente entre sí; cuando visitas un instituto con un escritor y los alumnos y profesores te sorprenden con algo especial que han preparado juntos; cuando un voluntario te transmiten una identificación abrumadora con el programa; cuando en Colombia y en Chile descubrimos que existían Mandaraches “al otro lado del espejo”, ¡cómo elegir!

Naciste en Los Dolores, ¿fue fácil para ti el acceso a la cultura?

Yo provengo de una familia y de un barrio de clase media obrera y durante años creo que focalicé las carencias y me instalé en la queja en lo que se refiere a recursos culturales en mi ciudad y en mi barrio. Ahora, por el contrario, me inquieta reconocer que, en comparación con la época actual, la estructura cultural de base era entonces mucho más sólida.

Por ejemplo, cuando yo era adolescente me encantaba pasar los sábados por la mañana en la biblioteca de mi barrio, algo que ahora es impensable pues aún no hemos salido de la restricción de horarios que conllevó la llamada crisis financiera. Mi gran suerte, por otro lado, fue tener un hermano mayor muy lector (dormíamos en la misma habitación y siempre leíamos antes de apagar la luz) y sobre todo conocer al poeta Leopoldo Hércules de Solás, que era el padre de una amiga del barrio. Él fue mi gran amigo y maestro durante unos años muy felices y me introdujo en los ambientes literarios. Una persona con una energía y un carisma irresistibles que muchos en Cartagena seguimos recordando con enorme añoranza. Su influencia fue decisiva para mí.

Eres autor del libro de poesía `Los tigres devoran poemas por amor´: ¿la poesía tendrá siempre el marchamo de lo minoritario? ¿leen los jóvenes poesía?

Depende de a qué te refieras cuando hablas de poesía, pero yo diría que leen más que los adultos. La poesía es el hábitat literario de la juventud.

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