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Guía rápida para no volvernos locas con el chemsex

Las sustancias destinadas a estas prácticas son: metanfetamina (tina, conocida así normalmente), mefredona y GHB/GBL

Entonces, ¿por qué no te has enterado antes de todo esto? Porque los medios de comunicación están tratando este tema desde un marco sensacionalista, más que desde el conocimiento y la objetividad

Foto: Matthew Romack

Foto: Matthew Romack

Cuanto más creo que tengo todo claro sobre un tema, más confundida estoy. Me explico: desde mi posición, viviendo en un contexto donde la información sesgada pasa por delante de mí y asimilo como algo certero, creo saber mucho y sin embargo, nada conozco con seguridad. Hoy voy a hablar desde el rigor correspondiente sobre chemsex, qué es y por qué se practica.

La palabra chemsex viene del inglés. Es mezcla de palabras chemical y sex. También nos podemos referir a ello como chill, colocón, chems… etc. Es un fenómeno investigado recientemente, ya que la mayoría de los estudios de consumo de sustancias tienen menos de 5 años. Aun así, no es una eventualidad novedosa: la mezcla de drogas y el sexo han estado presentes a lo largo de la historia, solo que ahora se caracteriza por otro tipo de cosas.

Las sustancias destinadas a estas prácticas son: metanfetamina (tina, conocida así normalmente), mefredona y GHB/GBL. También existen otras sustancias como cocaína, popper y MDMA que pueden aparecer en este contexto, pero no son usadas a priori para esta finalidad.

El objetivo es tener encuentros sexuales muy intensos y prolongados durante bastantes horas e incluso días. Por ejemplo, la mefredona aumenta la intensidad sensorial, dilata el umbral del dolor y produce excitación sexual. Vamos, que te pone de tal manera que no te importaría hacer otro tipo de prácticas, las cuales estando sobrio no probarías.

Todo esto nos huele a nuevo porque coincide con la aparición de aplicaciones como grindr – que surge en 2009- donde a través de tu localización geográfica puedes acceder a citas sexuales de este tipo con perfiles que buscan estos encuentros. Sumemos también que estas sustancias hace unos años eran mucho más caras que ahora, siendo algo exclusivo de estratos sociales más altos. Este paso al mainstream de consumo hace que haya un mercado de oferta y demanda mucho más accesible e instantáneo.

Este fenómeno es considerado un problema de salud pública debido a que la posibilidad de contraer una ITS es mucho más fácil es estas situaciones ya que, en los momentos de colocón, es más difícil asumir responsabilidades y las prácticas de riesgo aumentan con personas desconocidas. De paso, la mezcla de ciertas sustancias puede producir efectos adversos que no queremos que ocurran.

Entonces, ¿por qué no te has enterado antes de todo esto? Porque los medios de comunicación están tratando este tema desde un marco sensacionalista, más que desde el conocimiento y la objetividad. Se asume chemsexusuarios comúnmente heterosexuales, cuando es una población consumidora muy reducida en comparación con la de hombres que tienen sexo con hombres. Tanta pantomima (posverdad) causa una invisibilización, miedo, desconocimiento y mito cuya consecuencia es el rechazo y la exclusión de los espacios sociales de estas personas.

La idea que he sacado de todo este fenómeno es que el chemsex y el sentimiento de soledad están correlacionadas, sentimiento que, escapando de interpretarlo como una muestra de fragilidad, tiene más de político de lo que queremos darnos cuenta.

Te cuento: la finalidad heterosexual reproductiva de emparejarse y tener un bebé, contribuye a abandonar hábitos de consumo por establecer una familia estructurada. La cuestión es que a pesar de la equiparación de derechos, no existe ese destino final, ni nada que pueda asemejarse más allá de otras ambiciones personales en nuestro colectivo.

Tampoco ayuda tener unos hábitos de consumo repetidos que pueden originar estados de aislamiento o creación de redes chemsex, alimentando la idea de que ya no existe sexo sin drogas o que todo el mundo lo hace. Otras consecuencias del chem, aparte de lo dañino que es para la salud física y mental, es que también puede producir sentimientos de culpa y arrepentimiento, los cuales crean un círculo vicioso de repetición de conducta y no enfrentamiento de la realidad.

Estar bajo un sometimiento continuo a la normatividad de un sistema heterosexual por sí mismo excluyente es un mecanismo de presión que contribuye a que un miércoles por la noche te plantees ir a casa del chulazo que te está proponiendo un chill en casa. El problema real reside en que te quedes hasta el jueves por la noche de vicio y morbo en vez de seguir con tu cotidianidad – pasear al perro, recoger a tus sobrinos del cole, ir al ensayo o ir a trabajar.

Para concluir, ver a dios ardiendo en un arbusto, conectarse con la naturaleza, bailar hasta las 7 o tirarse tres días de rave supone consumo. Las personas se drogan porque por nosotras mismas no podemos producir las sustancias necesarias para lograr estas experiencias divinas. Lo que ocurre con el chemsex es que se busca la inmediatez del placer por encima de cualquier otra condición o circunstancia, dejando de nosotras un elemento desgastable de usar y tirar. Y, amiga mía, eso es neocapitalismo en tus carnes; sin nirvana, sin experiencia religiosa.

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