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Algunos hombres perdidos

Algunos se salen de la vereda y cruzan a otra senda, otros se adentran en el bosque y ya nunca más se vuelve a saber de ellos, y otros a veces se desintegran, así, sin más: desaparecen. Otros están en la linde, indecisos

`Hacia rutas salvajes´, película dirigida por Sean Penn

`Hacia rutas salvajes´, película dirigida por Sean Penn

A veces algunos hombres se pierden. No se sabe cómo, pero se pierden. Mira que es difícil –hay mecanismos, premios y castigos, para que eso nunca pase-. Algunos se salen de la vereda y cruzan a otra senda, otros se adentran en el bosque y ya nunca más se vuelve a saber de ellos, y otros a veces se desintegran, así, sin más: desaparecen. Otros están en la linde, indecisos. Pensar en todos ellos inquieta: es como que algo no se ha hecho bien. En todo caso se despiertan las sospechas y en la mayoría de las veces se les declara peligrosos, en busca y captura para reintegrarlos, y si no se puede, acallarlos, reprimirlos, censurarlos.

Es el caso de Salvatore Roncano, de la región de Calabria en Italia, que se trasladó a vivir a Milán con su hijo, la pareja de éste, y su nieto recién nacido. Salvatore era un hombre de los de antes, buen macho, rudo, que sabía cómo se hacían las cosas. Un hombre elemental. De principios. Ahora, ya mayor, y con cáncer, se las tiene que ver en un entorno que no era el suyo, conviviendo además con una pequeña criatura a la que han llamado Bruno, el mismo sobrenombre que tenía cuando era joven. Pues ahí tenemos a Salvatore levantándose clandestinamente por la noche para atender a su nieto cuando llora, deseando que le crezcan tetas, fíjate, para poder amamantar a ese bebé; y por supuesto avergonzándose, y además comenzando por primera vez en su vida a empatizar con una mujer como si fuera su igual: nunca pensó que eso le iba a pasar. Extraño. Muy raro. Un hombre perdido.

Otro caso notorio es el de Chris Mc Candless, un joven de familia millonaria que lo tenía todo. Un día decide dejar toda su fortuna a una Fundación y marcharse a la aventura. Tras un largo viaje, en el que trabaja mano a mano con desconocidos en lo que le sale, escuchando las historias de mucha gente, y hablando poco, acaba en un bosque, cerca de las montañas. Viviendo con lo puesto. Renunciando a poseer las cosas que a todo hombre harían feliz. ¿Un nuevo Thoreau? Porque Thoreau fue otro caso perdido. Pero Alexander Supertramp, ese fue el nombre que Chris adoptó, no daba señales de vida, no quiso tan siquiera que supieran de él. Despareció. Luego un periodista encontró su historia y su vieja Vanette, donde apareció cadáver, y un cuaderno de notas donde apuntaba sus sensaciones, sus emociones. Cosas como ésta: “Huye y camina solo por la tierra”, “Sin nada”, “Sin ir a ningún sitio”, “Libre”.

Uno más, chileno para más señas. Escandaloso. Un marica llamado Pedro Lemebel, profesor de Artes Plásticas, escritor y artista. De la izquierda radical. Expulsado de dos institutos por su tendencia homosexual. Después de eso se dedicó a sus talleres literarios y a polemizar en las calles y en los escenarios con sus performances sobre el sexo y el género. Un provocador. Estamos hablando del Chile dictatorial y represivo. Algo falló para que este hombre apareciera. Un hombre que hablaba de la ternura y los afectos, que hablaba de “homosexualizar la vida”, y no se refería a “meter y sacar”, como algunos pensaban, sino a “la ternura, compañeros”, a la ternura en las relaciones entre hombres, y tambiñen con mujeres; en general, vamos a la Vida con mayúsculas. Qué extraviado.

Mark  O´Brien es el siguiente. Daría lástima pensar en alguien que deseaba tanto el sexo, pero que no podía follar como cualquier hombre. Tuvo que contratar a una terapeuta sexual para darse cuenta finalmente que no podría, que su sexo no era lo que valía, y que su pene no lo representaba. Estamos hablando de alguien que padeció una severa poliomielitis, por la cual quedó tetrapléjico y confinado toda su vida a un pulmón de acero. Y sin embargo, puso en marcha una editorial con la que quería demostrar que la sexualidad iba más allá de un cuerpo establecido y que el erotismo se decía de muchas maneras. Que tener pene es anecdótico cuando se trata de deseo y placer. Vaya ilusión. Alguien que dijo que disfrutó el sexo como nadie sin tener un cuerpo para poder hacerlo: “déjeme tocarte con mis palabras”, escribió en un poema, como si eso fuera posible.

Acabemos con Josef, el llorón, el escucha-mujeres, el anti-hombre por excelencia, al menos en lo emotivo. Porque, ¿qué hombre escucha a una mujer? Me refiero con todo: con sus orejas, con sus poros, con su corazón, dejando que sea el pulso de ella el que marque el compás de la conversación, para saber qué siente, qué ha pasado con ella. Qué clase de hombre es ése. Pues bien, ese hombre perdido es un ingeniero que ha sufrido un accidente en una base petrolífera en el Pacífico; intentaba salvar a un compañero en un asunto nada claro “entre hombres”, lo cual importa poco al caso. Aquí lo que nos apela es que estando convaleciente y enfermo, llora, se deja cuidar y se va abriendo a una mujer, la enfermera que lo atiende, Hanna. Pronto Josef será presa de la debilidad y dejará que la vulnerabilidad, la suya y la compartida, le atrapen. Un desastre. Un hombre que cuando se recupera dice estar dispuesto a “aprender a nadar” junto a ella en un mar de lágrimas. Hombre, lágrimas, hábitat emocional compartido; vaya asunto.

Se buscan con urgencia.

Si alguien tiene interés en encontrarlos, hay una recompensa importante por cada uno de ellos. Cuál sea esta recompensa depende del buscador. Aquí dejo algunas pistas:

Salvatore Roncano es el protagonista de la novela del fallecido José Luis Sampedro, `La sonrisa etrusca´ (1985).

Es posible encontrar más datos de Chris Mc Candless en la obra del periodista Jon Krakauer, `Hacia tierras salvajes´ (1995), y en la película homónima de Sean Penn (2007).

De Pedro Lemebel, hasta la fecha de su fallecimiento en 2015, hay rastros provenientes de diferentes fuentes. Quizá su `Manifiesto. Hablo por mi diferencia´ (1986) sirva para entenderlo.

Mark O ́Brien fue retratado con mucho humor y cariño por Ben Lewin en la película `Las Sesiones´ (2012). Pero es posible irse a su obra escrita para encontrar una imagen de su mundo.

Josef es el ingeniero quemado de la película de Isabel Coixet `La vida secreta de las palabras´ (2005). Ineludible para perderse y encontrarse.

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