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Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

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El miedo a la menstruación

Mujeres pertenecientes a la organización Menstruación Digna México realizan una protesta en una fotografía de archivo. EFE/Sáshenka Gutiérrez

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Como es sabido, el borrador de la nueva Ley del Aborto recoge aspectos tan revolucionarios como la baja por menstruación incapacitante. Este aspecto, que debería resultar de una obviedad aplastante, se ha convertido en un nuevo elemento de polémica para todos aquellos que consideran que el Gobierno de España solo se ocupa de asuntos menores e inesenciales. De esperar era que el machirulismo militante pusiera el grito en el cielo ante la posibilidad de que una mujer se ausente unos días del trabajo por tener el periodo. De sobra es conocido que, para la mentalidad machista, todos los condicionantes –biológicos o culturales- que sufre la mujer son invenciones de las hordas feminazis. Más difícil es comprender que, para muchas mujeres –por más que sean de derechas y consideren a Pedro Sánchez como una amenaza para el patriotismo viril-, la baja por menstruación se considere otra medida baladí del Gobierno socialcomunista que solo intenta distraer de las verdaderas preocupaciones de la sociedad –ahí está la frasaza al respecto de la ínclita Díaz Ayuso: “La única regla que me importa es la regla de tres”-. Pero lo que resulta por entero inasumible es que una parte del feminismo contemple con recelo una medida tan justa y necesaria como esta. Según algunas mujeres progresistas, la baja por menstruación supone un señalamiento excesivo de la biología femenina que, a la postre, contribuye a la desigualdad. Paradójicamente, este sector es el mismo que, desde la óptica del feminismo esencialista, se opone a la Ley Trans por considerar que la autodeterminación de género socava los derechos adquiridos por la mujer desde sus diferencias biológicas. ¿En qué quedamos entonces: visualizamos la identidad biológica o no?

El problema de fondo que subyace en todos estos movimientos de rechazo a la baja por menstruación es el terror atávico a la visualización del período. En 2015, Instagram censuró una serie de fotografías que, bajo el título de Period, la poeta e ilustradora canadiense Rupi Kaur colgó en su muro. En una de ellas, Kaur, sentada sobre la taza del váter, y a través de un encuadre que solo deja ver la mitad inferior de su cuerpo, se dispone a arrojar unas compresas manchadas de sangre en un cubo sanitario. En otra, la autora se muestra tumbada sobre la cama, de espaldas al espectador, en una escena aparentemente plácida e inocua, 'solo' enrarecida por dos manchas de sangre menstrual que impregnan su pantalón y la sábana. El 'caso Rupi Kaur' resultó paradigmático para analizar las reacciones de la sociedad patriarcal y misógina ante el 'problema' nunca resuelto de la sangre menstrual. ¿Qué posee este tipo de fluido para que simplemente con su contenida y puntual visualización se desencadene esta reacción represora? ¿Por qué las redes sociales y los medios de comunicación toleran otros tipos de sangre, pero no la emanada por la mujer durante el periodo? Elissa Stein y Susan Kim indican, no sin cierta estupefacción, cómo en el cine, programas de televisión y anuncios no se alude a la menstruación por su nombre ni se observa signo alguno de ella: “En efecto, aunque puedas ver cubos de sangre falsa derramándose alegremente de cabezas y torsos como consecuencia de puñetazos, balas, navajas, accidentes de coches, granadas, bombas, cristales rotos, garrotes, machetes, edificios cayendo, espadas, rayos láser, accidentes aéreos, o hambrientos zombis mutantes, raramente verás unas simples gotas resultado de la menstruación” . Esta desaparición de la sangre menstrual de la cultura visual contemporánea no causa sorpresa alguna cuando, retroactivamente, se observa la renuencia que ha existido a tratar los temas atinentes a la menstruación en el espacio público. Hasta 1920, por ejemplo, el empaquetado de los productos sanitarios para mujeres no contenía ningún tipo de descripción que pudiera revelar su contenido; no fue hasta 1985 que la palabra “período” fue pronunciada por primera vez, en voz alta, por una entonces adolescente Courtney Cox; durante todo el siglo XX, el New York Times -el periódico más influyente del mundo- tan solo mencionó cuatro veces por año la palabra “menstruación”. Con la única y sorprendente excepción del corto de animación The Story of Menstruation (1946), producido por Walt Disney con fines divulgativos, un análisis de las estrategias de representación del ciclo menstrual durante el último siglo conduce a constatar su normalización lingüística en un “entorno visual” “bloodless”, caracterizado por una interesada neutralidad. La polémica causada por el borrador de la nueva Ley del Aborto pone de manifiesto, en este sentido, cómo la baja por menstruación supone una visualización excesiva de la regla que el neocapitalismo patriarcal no está dispuesto a tolerar. Las mujeres deben sufrir el periodo en silencio, sin subrayar ninguno de sus síntomas. Cualquier interferencia de la sangre menstrual en el desenvolvimiento 'normal' de la sociedad enciende todas las alarmas y resucita los miedos ancestrales a este tipo de fluido.

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