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Desconcierto y decepción: asesinar el aburrimiento

El error puntual de deferencia de uno, Errejón, se corresponde con la equivocación dirigista del otro, Iglesias. Acompañados por sus respectivos entornos políticos

Se empiezan a limar asperezas, por lo menos a nivel declarativo. Queda iniciar y realizar avances hacia nuevos acuerdos políticos

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, en el escaño, el 31 de enero de 2017.

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, en el escaño, el 31 de enero de 2017. Chema Barroso / GTRESONLINE

El desconcierto y el abatimiento invaden el terreno de la izquierda tras la decisión de Errejón. Mucha gente, dentro y fuera de Unidos Podemos está chocada, algunos incluso noqueados. Otros, mantienen la esperanza y quieren ser optimistas. Algunos más buscan su supervivencia política. La decepción anega las mentes. Pero no está claro que no haya tiempo para recomponer alianzas, acuerdos y complicidades políticas, no personales, de cara a mayo.

El error puntual de deferencia de uno, Errejón, se corresponde con la equivocación dirigista del otro, Iglesias. Acompañados por sus respectivos entornos políticos. De deslealtades, quizá ambos vayan bien servidos. Responsabilidades colectivas, no personales.

Pero si chocante fue la patada a seguir de Errejón, no menos lo fue el cierre de filas unánime con el 'oficialismo' de la gran mayoría de aparatos políticos regionales de Podemos —salvo el ahora neodisidente Espinar—, comparable a la goethiana línea de preferir la injusticia al desorden, tan querida por todas las derechas del mundo. Aunque, rápidamente, en sólo cuatro cinco días la cordura hace pedir que se tiendan puentes.

Se empiezan a limar asperezas, por lo menos a nivel declarativo. Queda iniciar y realizar avances hacia nuevos acuerdos políticos. Entretanto, lo manifiesto es que el abandono de determinados principios del 15-M ha llevado a Podemos a su situación actual, firmemente dirigido hacia ella por el aparato partidario.

No debe sorprender, si se da por bueno lo anterior, que incluso directorios regionales 'errejonistas' desde Vistalegre II también comulguen ahora con la dirección estatal pidiendo árnica. He usado el plural inadecuadamente: en realidad me estoy refiriendo al aparato regional de Podemos en la Región de Murcia, como es fácil de entender. Mejor aclararlo para que nadie se llame a engaño.

Resulta que esas prácticas políticas inadecuadas e incorrectas dentro de los parámetros del 15-M han sido la praxis habitual del grupo dirigente murciano, que ha sabido crear en apenas tres o cuatro años casi más disidentes que concordantes dentro de la organización.

Se pueden dar nombres, bastantes. De los criticados oficialistas y de los arrinconados disidentes. Aquí nos conocemos casi todos, se suele decir. No llegaré hasta ahí, pues, al fin y al cabo, solo hablo por mi mismo y no represento a nadie. Solipsismo, opiné hace tiempo. Creo que no me equivoqué: se reprodujeron muchas cosas por las que algunos dijeron que se iban de Izquierda Unida. Donde, por cierto, también parece que están a la suya.

Lo malo es que en organizaciones políticas así quien se siente disonante y sin participación real se desilusiona pronto y se va. Se desvincula y pasa al limbo de los indecisos: no sabe si mantener su voto con una pinza en la nariz; dejar de ir al colegio electoral; hacer la papeleta blanca o nula; o simplemente cambiar de opción.

Quedan, no obstante, suficientes semanas para recomponer la situación desde otra perspectiva más acorde con los principios del 15-M, nunca formalizados ni definitivamente fijados. Recuperar la crítica radical al sistema y la voluntad real de cambiarlo con métodos políticos distintos. Volver a ser diferentes. Asesinar el aburrimiento.

A quienes se pongan o estén en ello, me permito recordarles la larga frase que soltó unos cuantos años antes del 15-M, en una entrevista con el bonaerense La Nación, el fallecido Roberto Bolaño: "[No me gusta] la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas. Siempre he sido de izquierda y no me iba a hacer de derechas porque no me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. […], cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical […], y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo". Puro 15-M con veinte años de anticipación.

Me atrevería también a pedirles que no se dejen arrastrar por ese partido de orden que ya el 15 de enero de 1919 demostró de lo que es capaz y, desde entonces, se limita a alternar cuidadosamente cal y arena para que nada se altere cabalmente, no vaya a ser que… Ustedes me entienden. Vale.

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