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PAS y la “nueva política”

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A Pedro Antonio Sánchez no le quedaba otra: ser el apadrinado del viejo aparato en el peor momento en décadas para los populares. Gracias, entre otras cosas, a la indigesta herencia de sus mentores y a la suya propia como alcalde en tiempos del ladrillo, justifica que lo apueste todo a una teórica renovación imposible.

El PP murciano es hoy lo más parecido a un personaje de Lampedusa y su conocido mantra de “que todo cambie para que todo siga igual”. De ahí esa obsesión inicial del presidente con los 'selfies' y el estudiado fichaje de la joven consejera-portavoz y el magnífico 'look' de sus gafas.

Habrá que reconocerle al menos el intento de presentarse como si durante las dos últimas décadas hubieran gobernado otros, como si su partido no fuera el de Cámara, Berberena, Marqués, Barreiro o Juan Morales. Aunque tiene a su favor que contando con casi los mismos problemas que madrileños y valencianos, sus trapos sucios no sean tan mediáticos –y eso que salimos a imputado nuevo por mes–.

Aun así tampoco es que haya cortado ni mucho menos con un pasado al que no puede renunciar, porque a él debe su puesto. A todos aquellos que dieron un paso adelante por la regeneración interna y por la asunción de errores de la etapa Valcárcel se les ha tratado como apestados. Muestra inapelable de vacío cascaron que representan los aires nuevos de su proyecto.

 

Pocos dudan de que la reforma electoral del pasado julio, que puso fin a las cinco circunscripciones y al tope del 5% de votos, sentó como un “trágala” en las filas populares

Sin embargo, lo más forzado de toda esta impostura viene a cuenta de su rocambolesca apuesta por una nueva Ley Electoral. A menos de un año de la reforma anterior, llega el presidente y propone otra más como parte de sus “cinco pactos de estabilidad”, en donde incluye educación, sanidad y dependencia –qué tendrá que ver una cosa con la otra–.

Pocos dudan de que la reforma electoral del pasado julio, que puso fin a las cinco circunscripciones y al tope del 5% de votos, sentó como un “trágala” en las filas populares. Pero quizás deberían recordar que gracias a la misma hoy siguen gobernando a cuenta de que fue la condición fundamental para el apoyo de C’s, tras sufrir el mayor batacazo electoral de su historia reciente.

Así, disfrazándolo como un intento de “fomentar la participación”, el PP murciano plantea con esta propuesta una enmienda al sistema parlamentario que rige autonomías y municipios para apostar por el modelo presidencialista con doble vuelta (como si eso pudiera aplicarlo una autonomía en solitario). Un brindis al sol que demuestra lo mucho que escocieron los resultados del pasado mayo y sobre todo los pactos post-electorales consecuentes.

Es lo que tiene el parlamentarismo: cuando los ciudadanos te dan más del 50% de votos durante 20 años no hay el menor problema, pero cuando el sistema ya no resulta útil para apuntalar una hegemonía indiscutida le empiezas a ver sus fallos.

Cuán “regenerador” resulta ver a un partido y a un gobierno como el de PAS tan incómodos con el condicionamiento de su agenda. Dos décadas de rodillo pesan demasiado, pero con un buen 'selfie' hasta la más recalcitrante melancolía por la mayoría absoluta perdida podría pasar como un ejemplo de “nueva política”. O eso se piensa el presidente.

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